lunes, 14 de noviembre de 2011

EL PASTELERO FIEL (2)










Pasada la trifulca, y con la polvareda ya asentada, África quería volver a cantar en el punto en que se había quedado, pero Margarita y Sole no se lo permitieron, pues de hacerlo no les quedaría tiempo a ellas para  actuar.
  Desciende Cayo de encima de la montaña de  sacos de harina y se dispone a anunciar a Margarita:
-Señoras y señores cantará para ustedes Margarita y le acompañaran las bailaoras África y Sole.
María se limpia la cara con el trapillo blanco de algodón donde envuelve su labor, respira hondo y sonríe..., acordándose del numerito anterior.
Margarita es la menos agraciada físicamente del grupo, tiene gafas oscuras de culo de vaso y a través de ellas se aprecian unos ojillos mortecinos como dos  pulguillas, tiene el  cabello  ralo de color castaño claro, su boca  es cuadrada de labios finos y el mentón prominente y subido hacia arriba que le da un aspecto de niña vieja.
Su  cuerpo es flaco y huesudo pero se mueve con más gracia que ninguna.
 Margarita tenía una voz prodigiosa y  una gracia y un salero que se salía de lo normal.
Era la que mejor cantaba de las tres. 

Dependiendo de la canción que cantase, unas veces cantaba con una voz limpia y clara y otras  con  un tono ronco y quebrado.
Antes de empezar a cantar, se daba unos pasos de baile, se quitaba un clavel de plástico que tenía en el pelo y con ademán elegante, inclinándose hacia adelante, lo lanzaba al público, en este caso a María, y decía:
Va... por ustedes.
Margarita cantaba muy bien las canciones de doña Concha Piquer..., y hoy había decidido cantar ojos verdes.
Metida en trance y cantando como los angeles hizo llorar a María de emoción y cuando estaban en plena faena llegó una señora un poco bruta dando voces y llamando a María.


-María..., María... ¿Dónde andas? Que quiero  un kg. de maíz para las gallinas.
-Y... ¿Esas bobas que hacen ahí vestidas de espantajos?
-Calla Tea, no ves que está cantando Margarita...
-Pa cantes estoy yo..., !Anda¡ dejaos de mandangas y dame el maíz.
-¡Qué bruta eres Tea¡
-¿No puedes esperar a que termine la muchacha?.
-Pues no, no puedo esperar, que tengo a mi padre con la pena en la cama y al niño chico en el corcho metido y el puchero puesto a la lumbre.
-Hay que ver con tu padre..., le dice María en plan guasón.
-Entiende María..., que él crió a “Romerilla” y no se han separado durante 20 años ni un solo día....
-Si pero de ahí a que no se levante de la cama por la “Romerilla...”
-Tú piensa, que lo primero que hacía nada más levantarse era visitar a “Romerilla”, la cepillaba, le daba la alfalfa con  ramitos de romero y cantueso, sacaba el cuenco se sentaba en el tajo y cantándole una milonga, cogía las ubres para ordeñarla con tanta delicadeza que la leche caía a borbotones.
Allí mismo se tomaba un cuenco de leche espumosa recién ordeñada y seguidamente con “romerilla y todo el cabrial se marchaba al monte.
Romerilla no se separaba de él jamás, ya sabes  tú que las cabras son muy golosas y a la menor abandonan el rebaño para comer lo que se les antoja, pero ella nunca hacía tal cosa.
Él la compensaba cortándole brotes recién nacidos de los arbustos, de romero, de cantueso y margaritas recién nacidas en las praderas del monte.
-Y ahora..., ¿Quién sale con las otras cabras?
-Mientras se le quita la pena se ha ofrecido su amigo el “cagacalzones”.

-¿Pero aún no la han encontrado ni viva ni muerta?
-No, no la han encontrado.
-Dicen las malas lenguas que  la han visto en la espina de la sierra acompañada de un macho cabrío.
-Eso lo dicen para hacerle daño a mi padre.
-!Qué bobada Tea¡, ni que romerilla fuese su mujer...
-Su mujer no creo que fuera pero le he visto tratarla con más delicadeza y mimo que a mi madre, que en paz descanse.
-Dame de  una vez el maíz que no se lo que me voy a encontrar cuando llegue a casa...


Mientras tanto Margarita, África, Sole y Cayo están callados y esperando a ver si Tea se marcha de una vez para continúar con el ensayo.
María coge una lata vacía de sardinas de a kilo y la mete en un saco y saca la lata llena de maíz, la pesa en una bascula romana bastante vieja y oxidada y toda empolvada de harina, que apenas se ven los números del peso.
-Échamelo bien “corrío”, que esa bascula yo creo que pesa de menos María.

-No digas bobaaas, ni tontaaas, Tea...
-A ver si a mi padre se le pasa la pena, y se pone de nuevo a hacer quesos...
-Apúntamelo, que ya te lo pagaré con un queso fresco.

Por fin se marcha la Tea y Margarita quiere continuar su cante, pero Sole dice que lo siente mucho que ahora le toca a ella.
Una vez más Cayo anuncia:
Señoras y señores tienen delante de ustedes a la gran cantante Soledad y las bailaoras África y Margarita.
Lo primero que hace Sole es ponerse la mano en la boca, juntar las piernas y moverse nervios
a como si estuviese meando.
Por fin Sole se decide a  cantar "ese toro enamorao de la luna..."
No llevaba ni dos minutos cuando  le entró su ya recurrente ataque de risa.
África y Margarita estaban ensimismadas con su zapateao que no se enteraban que Sole no cantaba.
María y Cayo se reían a grandes carcajadas y Sole salió disparada del escenario como alma que se lleva el diablo a mear a la calle.

Cuando regresa Sole, les dice que si la dejan intentarlo de nuevo pero María les dice que ya es un poco tarde que tiene que ir a recoger los huevos de las gallinas ponedoras.
Ellas le contestan que estarían encantadas de acompañarla.
Van a la parte trasera de la fábrica y allí en grandes jaulas están las gallinas picoteando pienso de maíz.
Van recogiendo los huevos en hueveras de alambre y una vez terminada la tarea María decide hacerles unas tortitas con harina de maíz.
María con mucha  soltura  y desparpajo les iba explicando como se hacían las tortitas:
En un cuenco, echaba un puñado de harina, una cucharadita de sal, un vaso de agua y un chorro de aceite de oliva.
Lo amasaba muy bien y encima de una tabla  lo repartía en porciones en forma de bolas.
Las aplastaba bien aplastaditas entre sus grandes manos, untadas de aceite, y las iba poniendo en una plancha de hierro caliente que había puesto encima de un infiernillo.
Las iba sacando y colocando en un pliego de papel de estraza.
A continuación les ponía una buena cucharadita de miel, que María guardaba en un tarro de cristal y una loncha finita de queso de cabra que sacaba de una caja de cartón envuelto en un trapo de algodón blanquísimo.
Por último enrollaba las tortitas y  sentados los cuatro encima de un saco de trigo   alrededor de María se disponían a darse un festín.

Continuará...

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola ,qué historia más entretenida .Es la María del pueblo? .Te llevabas muy bien con ella y cuando la describes , me acuerdo de ella .
Besitos .
Mariche.

Anónimo dijo...

Mira que eres novelera!!!. Que historia te estás inventando.... eres la monda.

luz dijo...

Mira que eres "novelera", Qué historia te estás inventando!!. Eres la monda.

Brigida dijo...

Así nos entretenemos todas y todos un poquito.
Besos......

Anónimo dijo...

Me encanta me parto de risa mamá!

Brigida dijo...

Bueno, bueno de esos se trata..