miércoles, 23 de noviembre de 2011

EL PASTELERO FIEL (6)

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Después de un largo y pesado viaje Fidel llegó al pueblo sobre  las dos de la madrugada.
La puerta estaba cerrada sin llave,  un trapo ajustaba el portalón. Pura no sabía con exactitud a que hora llegaría su marido y no quiso echar la llave.
Empujó la puerta, quitó el trapo, entró en la casa, echó la llave y dejó la maleta en la entrada y de puntillas se fue directo al dormitorio, y comenzó a llamar a Pura:
 –Pura, Pura.. Despierta que ya he llegado.
Pura dio un salto de la cama y se abrazó a Fidel, -estás más flaco-, le dijo.
-Y, tú muy hermosa,  -contestó Fidel-
En ese instante Cayo apareció en la habitación y adormilado comenzó a gritar:
-¡Madre, madre, otra vez el espíritu del abuelo¡
-¿Pero qué dice este niño?
-Nada, nada, se debe de estar soñando -Comentó Pura-
Hijo, hijo despierta...
¿No ves que ha venido tu padre?
Cayo se abrazó a las piernas de su padre como si fuera una lapa.
Se abrazaron los tres, reían y lloraban, se daban besos y se acariciaban sin parar.
Hasta que la voz inocente de Cayo dijo:
¿ Padre que me has traído?
Su padre echó una carcajada y le dijo: ahora hijo, ahora mismo busco tu regalo.
Le dio un beso a Pura en la boca y se dispuso a abrir la maleta, sacando de ella una  cajita envuelta en un papel de regalo rojo.
-¡Dame, dámelo! -dijo Cayo-
Desenvolvió el paquete y los ojos negros de Cayo se abrieron hasta atrás y comenzó a dar gritos de alegría.
-Madre, madre, es una locomotora y tiene vagones y pasajeros.
-¡Me encanta padre!
- ¿Puedo jugar con ella?
-Si puedes jugar con ella, ve a tu cuarto, juega un ratino y después te duermes.
-¿Puedo dormir con la locomotora?
-Si , puedes dormir con ella, pero métela en la caja para que no se te rompa.

Cayo se fue a su cuarto, jugó un ratino y después se quedó dormido abrazado a su locomotora.
Pura y Fidel pasaron la noche haciendo el amor y acariciándose con tanta pasión y ternura como si se acabaran de descubrir el uno al otro por primera vez.
-Fidel esta vez nos llevarás contigo, ya no aguanto más esta separación. -Dijo Pura-
-Aún no puede ser Pura...
-¿Pero por qué? Ya se han marchado todas las mujeres con sus maridos, y ellos se fueron a Francia al mismo tiempo que tú. 
-¿No sé por qué razón no nos podemos ir nosotros?
-Pura las cosas no me han ido muy bien y no quiero llevaros allí para que paséis calamidades, prefiero pasarlas yo solo.
-Ahora bien, te prometo que a partir de ahora todo va  a cambiar y os llevaré conmigo antes del verano...
-¿Y, tú te piensas... que yo me lo voy a creer?

-¿ No puedo entender, que las demás familias estén ya reunidas y nosotros sigamos separados?
-Bueno, si lo entiendo..., han llegado rumores de que el juego te tiene absorbido el seso y que no eres lo suficientemente  hombre para dejarlo...
Fidel se echó las manos a la cabeza y tapándose la cara comenzó a llorar como un niño, pidió perdón a Pura y le prometió que dejaría el juego para siempre.
Debo dinero... y  juego, en cuanto me sobran unos francos, con la falsa ilusión de ganar para pagar  las deudas y lo único que consigo es aumentarlas.
Pero esto se va a acabar, dice Fidel, llevo tres meses sin jugar a las cartas y trabajo los fines de semana en una cafetería para ir pagando las trampas que tengo y te juro por lo más sagrado, que sois tú y Cayo..., que en cuanto salde las deudas os llevaré conmigo a París.
No pienses que mi vida ha sido un jardín de rosas en París; me gustaría que vieses los barracones donde vivimos, hacinados como bestias...
Y, allí en los barracones, en ese ambiente axfisiante, se inició mi gran problema, lo que empezó como una distracción se convirtió en un vicio que me ha convertido en su esclavo.
Y luego está la convivencia en los barracones, cada uno de su padre y de su madre, hay gente muy buena pero también la hay que vienen de familias con muchos problemas y el trato con ellos es muy difícil.
Y, por supuesto los buenos puestos de trabajo son para los franceses y lo que queda..., es para nosotros los emigrantes...
Con mucha suerte algún español puede  llegar a tener algún puesto de mejor categoría, pero ese puesto se lo dan porque ya él..., en España, ya trabajaba en la ciudad de mecánico o fresador o de  algo similar.
Los puestos buenos son para los especialistas, pero no para mí, que no estoy especializado en trabajos profesionales de fabricación y manufacturas.
¿Qué trabajo piensas tú que me dieron a mí? -Continúa Fidel-
Me dieron el trabajo del último eslabón de la cadena, es decir el más duro y el que más concentración requiere si no quieres perder una mano como le ha pasado a más de uno.
Pura yo amo el campo, la naturaleza y la gente sencilla que dejé aquí...
Amo nuestro ritmo de vida en el pueblo, trabajar duro sí ..., en el campo, pero se compensa con unas relaciones humanas que faltan allí.
Yo, acostumbrado a levantarme con el sol y disfrutarlo durante todo el día, trabajando al aire libre; me sentía como una fiera enjaulada los primeros meses de estar allí.
Si el trabajo del campo, aquí, era duro no menos es aquel en la fábrica; aunque sean totalmente distintos y esté mejor pagado.
Pero eso... ¿ A cambio de qué?
-Pues a cambio de no ver ningún día de la semana el sol. Cuando entramos a trabajar aún no ha salido y cuando salimos del trabajo ya se ha puesto.
Pura se abrazó a su marido, se lo comía a besos y a caricias, sintiéndose culpable por dos cosas:
Una por desconfiar de él y por no haber pensado que podría estar pasándolo mal lejos de casa.
Y, otra, esta, la que más le roía las entrañas, era la maldita relación que había mantenido con Salvador el hijo de doña Ramona.

Continuará...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ay ay ay qué emocionante...
Mami, date prisa en escribir más.

Anónimo dijo...

jajaja, Miriam estamos enganchadas, necesitamos nuestra dosis diaria del "Pastelero Fiel". Besos. Nines