martes, 29 de noviembre de 2011

EL PASTELERO FIEL (7)




No era el momento adecuado para que Pura se sincerase con Fidel y le contara la turbia relación que había tenido con Salvador el hijo de doña Ramona. De hacerlo acabaría por hundir a Fidel , decir la verdad ahora produciría más dolor que ocultarla.
Cuando Fidel se marchó del pueblo Pura  heredó el trabajo que su madre realizaba,  planchando y  limpiando en casa de doña Ramona y continuo haciendo sus escapadas a la biblioteca en cuanto tenía un rato libre.

Uno de esos días cuando estaba limpiando en la biblioteca Pura cogió un libro de una colección de clásicos y cual no sería su sorpresa al descubrir que dentro de las pastas de un libro clásico había otro libro.

 Era un libro editado en la República, de una editorial catalana y en esos momentos prohibido.
Comenzó Pura a descubrir otro tipo de lectura diferente a los clásicos; una narrativa más crítica, que ella no conocía, que hablaba de derechos y no sólo de deberes; donde el matrimonio no era sagrado y existía el divorcio; donde las mujeres reivindicaban el derecho al voto; a tener un trabajo digno; a estar presente en la vida pública y a no depender del marido para hacer cualquier papeleo. 
En esos libros descubrió que en la república la sociedad era más tolerante y flexible y que  la iglesia no tenía el inmenso poder moralizante y axfisiante que tenía ahora. 
 Donde el adulterio cometido por la mujer era considerado delito y  por el contrario con el adulterio cometido por el hombre se hacía la vista gorda e incluso, al hombre que lo cometía, se le consideraba más macho. 
Ella percibía en sus lecturas que las personas  se guiaban por sus sentimientos en las relaciones hombre y mujer; y empezó a comprender que el amor entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio no era un pecado, sino algo muy  hermoso por lo que nadie debería avergonzarse o ser juzgada.

 Pura leyendo estos libros se dio cuenta que  la rigidez de la moral  de la época no era algo inherente al ser humano, que eran los poderes del momento los que dictaban las normas de la moral...,  pero que sin duda existían otras ideologías diferentes y otras formas de pensar y de vivir, más alegre, más humana y más justa.

Estos libros que estaban camuflados en la biblioteca pertenecían a  Don Rogelio, que fue alcalde durante la república en el pueblo y estaba casado con una rica heredera doña Ramona.
Después de la guerra civil, viuda se quedó Doña Ramona de la forma más brutal y caciquesca. Una noche fueron a buscar a su casa a Don  Rogelio un grupo de falangistas y se lo llevaron a darle el paseíllo y acabó muerto en una cuneta de la carretera y enterrado en una fosa común sabe Dios donde.

Nunca llegó a encontrar  su cuerpo aunque removió Roma con Santiago.

En cuanto a doña Ramona,  y aunque ella en alguna ocasión enarboló la bandera republicana por las calles  del pueblo en fechas de elecciones, no hubo represalias para ella en la posguerra, por ser... que era... hija de un adinerado latifundista. Se quedó viuda con un hijo tarambana que estudiaba medicina, pero que nunca paso del primer curso, le gustaba mucho la juerga, las mujeres y la farándula y a los libros le dedicaba poco tiempo. Salvador creció entre viudas y tías solteras y hacía con ellas lo que le daba la gana con sus adulaciones y zalamerías las tenía a todas  pendientes de él .

Cuando decidió dejar de estudiar medicina quiso ponerse al frente de las fincas del abuelo, pero duró poco en estos menesteres y decidió marcharse a Buenos Aires a buscar fortuna.
A pesar del gran dolor que provocó en su madre se marchó a Argentina, allí se dedicó a la buena vida viviendo del cuento con el dinero que le mandaba la madre.

Dinero que le pedía a su madre, haciéndole creer que era  para invertir en un negocio de ganado vacuno que a la larga iba a ser muy rentable -Les escribía en sus cartas-
Cuando la madre cansada de mandarle dinero le dijo que con mucho dolor de su corazón le cortaba el grifo y que sólo le mandaba dinero para el pasaje del barco por si quería regresar, Salvador decidió volver a España, sin oficio ni beneficio, para hacerse cargo de nuevo de las fincas de la familia.

Pura no se había enterado que había regresado Salvador y una vez acabadas las tareas de limpieza, como sabía que doña Ramona no se levantaba de su sillón ni para ir a mear..., pues cada día estaba más gorda y más torpe e iba de la salita al dormitorio y del dormitorio a la salita y ese era todo el recorrido que hacía a diario, Pura, como venía haciendo habitualmente, entró en la biblioteca y se sentó en una silla al lado de la ventana, de espaldas a la puerta,  y comenzó a leer un libro.

Estaba tan ensimismada que no se percató que entraba en la estancia Salvador.
Salvador se a cercó por detrás, le tapó los ojos y le dijo:

-¿Purina quién soy?

-Purina no te asustes- le dijo retirándole las manos de los ojos-

-¿No me reconoces?

Pura se encontró de repente en la biblioteca con un guapo y elegante hombre de cabellos rizados un poco más largos de lo normal  y barbas pelirrojas.

-Estas más bella que nunca... -Dijo Salvador-

-Me ha dicho mi madre que has tenido un hijo, la maternidad te ha convertido en una hermosa mujer –Decía Salvador sin quitarle ojo al escote de Pura donde asomaban unos senos turgentes y repletos de leche porque se acercaba la hora de dar de mamar  a Cayo.


-Ella se quedó sin habla y nerviosa le daba vueltas al libro sin parar.

-Tranquila..., ¿Qué Lees?.

-Los miserables, lo descubrí por casualidad limpiando el polvo y como mi marido está en París... Leyéndolo me siento más cerca de él.

-¿Pero tu lees estos petardos?

-A mí me parece muy interesante... -Dijo Pura-

-Vaya, vaya... con la Purina, resulta que es toda una intelectual...

-No, yo sólo busco un poco de distracción, la vida aquí en el pueblo es muy aburrida.

-Pues...¿Sabes que estoy pensando?

-Que yo te voy a distraer, no es bueno que una flor tan hermosa se marchite entre libros.

Ven dame un beso, la agarró y apretándola junto a él le dio un beso en la boca.

Pura se quedó alelada y lo único que supo decir fue:

-Por favor señorito Salvador que estoy casada y tengo un hijo..., sofocada salió corriendo de la biblioteca.

Se despidió de doña Ramona y se fue a casa de su madre a recoger a Cayo.

-¿Qué te pasa muchacha? -Le dijo su madre-

-Nada, que mientras esté en casa de doña Ramona su hijo Salvador no pienso volver allí...


-¿Pero qué dices insensata?

-Lo que oyes, ese malnacido me ha besado en la boca y ya le veo yo venir...

-No puedes permitirte el lujo de dejar el trabajo, necesitas el trabajo para poder criar a tu hijo ya que tu marido no te manda dinero ni para ...

-Nosotras no podemos elegir es nuestro sino...

Yo he tenido que tragar muchos sapos y culebras....

-Pero tú tenías a padre para que te defendiera...Mi marido está muy lejos.

-Tu padre... Aún me queda la duda de que tu padre estuviera en la más absoluta ignorancia...

Hay momentos que hay que decidir: o la moral o comer...

Tu verás lo que haces, pero yo ya estoy muy vieja y poco te puedo ayudar.

-¿Pero madre que me está diciendo?

-Te digo y te repito que los pobres tenemos que tragar quina Santa Catalina.

-No me creo que todos los pobres tengan que estar sometidos a los caprichos de algunos ricos..., habrá alguien que les plante cara.

-Muchas tonterías se te están metiendo a ti en la cabeza con tanto libro que lees...
En estos momentos es más razonable tragar y callar, hija.
Pura pasó la noche sin pegar ojo pensando en lo que le había dicho su madre, y sabía que a su madre no le faltaba razón, que en cuanto se enfrentara a Salvador la echarían de la casa y se quedaría sin trabajo y en esos momentos la cosa estaba muy mal.

Pero por otro lado no se resignaba a ser el juguete de  ningún hombre que ella no hubiera elegido libremente.

Pensaba: con un poco de suerte este incidente no volverá a  ocurrir, me pasaré todo el tiempo al lado de doña Ramona y de esta forma no me tocará ni un pelo, sólo iré a la biblioteca cuando salga a la calle Salvador.

Al día siguiente con la mente abotargada de no haber dormido se dirigió a casa de doña Ramona a trabajar.

Pasó la mañana nerviosa pensando que en cualquier momento aparecería Salvador.

Estaba en la cocina preparando un cordero que le habían traído del campo para celebrar la llegada de Salvador, cuando éste se detuvo en la puerta de la cocina y le dijo:

-Por favor Pura, ¿Puedes venir a la biblioteca?.

-Ahora no puedo, se me quemará el cordero.

-Es un momento, ven por favor.

Ella  le siguió con la cabeza alta y limpiándose las manos en el mandil, e iba dispuesta a plantarle cara.

-Pura, -dijo Salvador-, tengo que pedirte disculpas por el incidente de ayer, mi conducta fue intolerable, había bebido unas copas y me propasé contigo y estoy avergonzado de mi conducta.

Puedes estar tranquila que esto no volverá a ocurrir.



Continuará...


 
 

lunes, 28 de noviembre de 2011

MARCHA A PIEDRAS LABRADAS




Ayer domingo nos hizo un día espléndido en nuestro precioso Valle del Ambroz y un grupo de amigos decidimos hacer una marcha a Piedras Labradas. Lugar donde yacen los restos arqueológicos de un templo.

La subida es un poco "jodidilla" aunque mis amigos expertos digan que es una marcha suave.

Yo suelo ir a la cola del pelotón, en primer lugar porque suelo ir con la lengua fuera en las subidas y en segundo lugar es  que  casi todo me parece digno de fotografiar.

A ver si me  cambian un poco la mentalidad de la marchas y las hacen más relajados.
Ellos van con la cabeza gacha, y apenas sin mirar a su alrededor, caminando muy deprisa para llegar lo antes posible a la meta.

Yo voy parándome y disfrutando del paisaje a cada momento, pero siempre sola...
Sólo voy acompañada si decido acompañar a mi amigo Juanjo por el lugar más escarpado del terreno... (que fue el que me hizo las fotos, haciendo la cabra en un cancho-balcón y yo se la hice a él)

Me esperan alguna vez... y me echan la bronca pero yo no les hago ni caso.

Con decir que algunos no salen en las fotos...

Cuando subimos arriba a la cumbre a Piedras Labradas nos encontramos que había allí un puesto de avituallamiento para una carrera pedestre que había convocada en las jornadas del Otoño Mágico del Valle del Ambroz.

Los corredores partían de Casas del Monte hasta Piedras Labradas y regresaban por un camino que va desde la ladera  de la sierra de Jarilla a Casas del Monte.

Bueno, bueno..., esa carrera es toda una proeza, hay que estar muy en forma para participar en ella y los corredores iban más frescos que una rosa.

En fin que fue un día muy completito ahí os pongo las fotos para que juzguéis. 


















ESPAGUETIS CON ESPINACAS Y GAMBAS




Elaboración:

-Cuece los espaguetis con sal y una hoja de laurel y le  escurres el agua una vez cocidos.

-Cuece un bloque de espinacas congeladas y le escurres el agua una vez cocidas.

-En una sartén pones aceite de oliva en el fondo, cuando el aceite esté caliente fríe ajito muy picadito.

-A continuación le añades una buena ración  de gambitas peladas.

-Seguidamente le añades las espinacas .

-Por último le añades los espaguetis.

-Lo rehogas todo y le añades alguna hierba aromática si tienes, como por ejemplo:poleo o albahaca. 

miércoles, 23 de noviembre de 2011

EL PASTELERO FIEL (6)

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Después de un largo y pesado viaje Fidel llegó al pueblo sobre  las dos de la madrugada.
La puerta estaba cerrada sin llave,  un trapo ajustaba el portalón. Pura no sabía con exactitud a que hora llegaría su marido y no quiso echar la llave.
Empujó la puerta, quitó el trapo, entró en la casa, echó la llave y dejó la maleta en la entrada y de puntillas se fue directo al dormitorio, y comenzó a llamar a Pura:
 –Pura, Pura.. Despierta que ya he llegado.
Pura dio un salto de la cama y se abrazó a Fidel, -estás más flaco-, le dijo.
-Y, tú muy hermosa,  -contestó Fidel-
En ese instante Cayo apareció en la habitación y adormilado comenzó a gritar:
-¡Madre, madre, otra vez el espíritu del abuelo¡
-¿Pero qué dice este niño?
-Nada, nada, se debe de estar soñando -Comentó Pura-
Hijo, hijo despierta...
¿No ves que ha venido tu padre?
Cayo se abrazó a las piernas de su padre como si fuera una lapa.
Se abrazaron los tres, reían y lloraban, se daban besos y se acariciaban sin parar.
Hasta que la voz inocente de Cayo dijo:
¿ Padre que me has traído?
Su padre echó una carcajada y le dijo: ahora hijo, ahora mismo busco tu regalo.
Le dio un beso a Pura en la boca y se dispuso a abrir la maleta, sacando de ella una  cajita envuelta en un papel de regalo rojo.
-¡Dame, dámelo! -dijo Cayo-
Desenvolvió el paquete y los ojos negros de Cayo se abrieron hasta atrás y comenzó a dar gritos de alegría.
-Madre, madre, es una locomotora y tiene vagones y pasajeros.
-¡Me encanta padre!
- ¿Puedo jugar con ella?
-Si puedes jugar con ella, ve a tu cuarto, juega un ratino y después te duermes.
-¿Puedo dormir con la locomotora?
-Si , puedes dormir con ella, pero métela en la caja para que no se te rompa.

Cayo se fue a su cuarto, jugó un ratino y después se quedó dormido abrazado a su locomotora.
Pura y Fidel pasaron la noche haciendo el amor y acariciándose con tanta pasión y ternura como si se acabaran de descubrir el uno al otro por primera vez.
-Fidel esta vez nos llevarás contigo, ya no aguanto más esta separación. -Dijo Pura-
-Aún no puede ser Pura...
-¿Pero por qué? Ya se han marchado todas las mujeres con sus maridos, y ellos se fueron a Francia al mismo tiempo que tú. 
-¿No sé por qué razón no nos podemos ir nosotros?
-Pura las cosas no me han ido muy bien y no quiero llevaros allí para que paséis calamidades, prefiero pasarlas yo solo.
-Ahora bien, te prometo que a partir de ahora todo va  a cambiar y os llevaré conmigo antes del verano...
-¿Y, tú te piensas... que yo me lo voy a creer?

-¿ No puedo entender, que las demás familias estén ya reunidas y nosotros sigamos separados?
-Bueno, si lo entiendo..., han llegado rumores de que el juego te tiene absorbido el seso y que no eres lo suficientemente  hombre para dejarlo...
Fidel se echó las manos a la cabeza y tapándose la cara comenzó a llorar como un niño, pidió perdón a Pura y le prometió que dejaría el juego para siempre.
Debo dinero... y  juego, en cuanto me sobran unos francos, con la falsa ilusión de ganar para pagar  las deudas y lo único que consigo es aumentarlas.
Pero esto se va a acabar, dice Fidel, llevo tres meses sin jugar a las cartas y trabajo los fines de semana en una cafetería para ir pagando las trampas que tengo y te juro por lo más sagrado, que sois tú y Cayo..., que en cuanto salde las deudas os llevaré conmigo a París.
No pienses que mi vida ha sido un jardín de rosas en París; me gustaría que vieses los barracones donde vivimos, hacinados como bestias...
Y, allí en los barracones, en ese ambiente axfisiante, se inició mi gran problema, lo que empezó como una distracción se convirtió en un vicio que me ha convertido en su esclavo.
Y luego está la convivencia en los barracones, cada uno de su padre y de su madre, hay gente muy buena pero también la hay que vienen de familias con muchos problemas y el trato con ellos es muy difícil.
Y, por supuesto los buenos puestos de trabajo son para los franceses y lo que queda..., es para nosotros los emigrantes...
Con mucha suerte algún español puede  llegar a tener algún puesto de mejor categoría, pero ese puesto se lo dan porque ya él..., en España, ya trabajaba en la ciudad de mecánico o fresador o de  algo similar.
Los puestos buenos son para los especialistas, pero no para mí, que no estoy especializado en trabajos profesionales de fabricación y manufacturas.
¿Qué trabajo piensas tú que me dieron a mí? -Continúa Fidel-
Me dieron el trabajo del último eslabón de la cadena, es decir el más duro y el que más concentración requiere si no quieres perder una mano como le ha pasado a más de uno.
Pura yo amo el campo, la naturaleza y la gente sencilla que dejé aquí...
Amo nuestro ritmo de vida en el pueblo, trabajar duro sí ..., en el campo, pero se compensa con unas relaciones humanas que faltan allí.
Yo, acostumbrado a levantarme con el sol y disfrutarlo durante todo el día, trabajando al aire libre; me sentía como una fiera enjaulada los primeros meses de estar allí.
Si el trabajo del campo, aquí, era duro no menos es aquel en la fábrica; aunque sean totalmente distintos y esté mejor pagado.
Pero eso... ¿ A cambio de qué?
-Pues a cambio de no ver ningún día de la semana el sol. Cuando entramos a trabajar aún no ha salido y cuando salimos del trabajo ya se ha puesto.
Pura se abrazó a su marido, se lo comía a besos y a caricias, sintiéndose culpable por dos cosas:
Una por desconfiar de él y por no haber pensado que podría estar pasándolo mal lejos de casa.
Y, otra, esta, la que más le roía las entrañas, era la maldita relación que había mantenido con Salvador el hijo de doña Ramona.

Continuará...