martes, 24 de enero de 2012

PASTELERO FIEL (14)

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Besos..., abrazos..., y algunas lagrimillas rodaron por las mejillas de Cayo cuando se despidió de su mejor amiga y primer amor, África.
Atrás dejaban toda una vida llena de alegrías, penas y sobresaltos.
Cuando  por fin llegaron a París les estaba esperando Fidel en la estación del tren, pero había tanto gentío que era imposible verle.
Hasta que se oyó un grito que retumbó en toda la estación:
-¡Cayoooo...¡ -Allá, al fondo estaba Fidel y corría hacia ellos-.
Cayo se soltó de la mano de su madre y corrió a encontrarse con su padre, mientras Pura sonreía inmóvil, cargada con dos pesadas maletas..., llenas de mucha matanza y de poca ropa.
Era  ya de noche cuando salieron  a la calle, pero para ellos parecía que era de día, nunca habían visto una iluminación como aquella y se quedaron sorprendidos con la espectacular iluminación que había en todas las calles.

-Mira Cayo,hijo, que claridad hay, aún siendo de noche..., debe ser por eso que llaman a París la ciudad de la luz. -Dijo Pura a Cayo mirándole emocionada-
Subieron al coche que le había dejado un amigo a Fidel para ir a recogerlos a la estación y se dirigieron al edificio donde les habían dejado una vivienda para residir y donde Pura iba a trabajar como portera.
Al llegar a la portería les estaba esperando el mayordomo del director de la fábrica y se quedó "enchanté" de la belleza y presencia de Pura.
En primer lugar les acompañó a la que sería su vivienda, un pequeño apartamento situado en el semisótano del edificio.
La luz natural apenas le entraba por dos ventanas rectangulares que daban a la calle.
Por donde sólo se veían los zapatos y los bajos de los abrigos de los viandantes.
Esto le produjo a Pura cierto desasosiego y claustrofobia.
¿Cuál es mi habitación le preguntó Cayo a Fidel?
-Tú dormirás en una cama que está aquí escondida..., y de un mueble, tipo boisarie, sacó Fidel la cama de Cayo.
A cayo le encantó pues nunca había  tenido una cama igual...

Una vez instalados, el mayordomo les dijo, que descansaran que al día siguiente les enseñaría todo el edificio y las labores que tenía que hacer Pura en su trabajo de portera.
Deshicieron las maletas y colocaron la ropa en un armario que había en el dormitorio y jugaron a hacerse "cosquilillas" un buen rato encima una bonita cama de matrimonio lacada en blanco con una colcha de florecillas blancas y rojas.
En el dormitorio también había una cómoda, un espejo una mesita camilla y una pequeña mecedora.

En las paredes pequeñas reproducciones  de los girasoles de Van Gogh y de los arlequines de Manet.

En la cocina había una cocinilla eléctrica para cocinar, un armario copero con vajilla de loza  blanca y vasitos con los bordes dorados y cubiertos de acero.
 Una mesa rectángular y cuatro sillas lacadas en blanco con cojines de ganchillo azules y rosas.
 Y, una nevera de hielo de color gris plateado.
En la salita había una mesa redonda  blanca con 4 sillas de rejilla, también repintadas de blanco roto y tapizadas con cretona con florecillas blancas y azules.
Un mueble  también lacado en blanco roto con libros trampas en la estantería, quedándose sorprendida Pura al comprobar que no eran libros sino que eran carcasas de libros, aparentemente muy atractivos y sin nada dentro.
Espero que París no sea una farsa como esta, pensó ella.
En medio del mueble había una puerta con un tirador de donde se extraía la cama de Cayo.
En la pared del fondo una chimenea francesa que el mayordomo había tenido el detalle de encenderla para que se les calentara el apartamento y cada lado lado dos sillones orejeros tapizados en azul cielo y en medio una mesita baja redonda .
En la pared, encima de la chimenea, un cuadro grande de una reproducción de  bailarinas de Degás.
Debajo de las escaleras había un baúl grande pintado de color gris clarito con ositos blancos. Cayo se dirigió inmediatamente al baúl, lo abrió y cual no sería su sorpresa al verlo llenito de juguetes: un tren enorme con la locomotora, los vagones y con sus vías.
Un camión de bomberos y una colección de cuentos de Asterix y Obelix.
Cajas, con cuadros rotos como él decía.
-Son  puzzles, le dijo su padre .
El baúl lo había llenado el mayordomo de juguetes que habían sido desechados por los dueños de las demás viviendas.
Todo diminuto pero muy apañao y alegre,  dijo Pura.
Cayo estaba encantado con la casa, era pequeñita y alegre y no tenía escaleras que dieran a un sobrao, sino que daban a un recibidor precioso muy barroco, con espejos, luces y apliques dorados.
El baño tenía un retrete, un pequeño lavabo, un espejo con un marco dorado y un plato de ducha.
Cayo nunca había tenido un cuarto de baño y estaba deseando probar la ducha.
Se dieron los tres una ducha y jugaron a mojarse con el agua y acabaron abrazados y dando gracias por estar por fin juntos.

Al día siguiente, Fidel se marchó a trabajar antes de que amaneciera y Pura continúo durmiendo un rato más.
 Antes de las 9 de la mañana llamó a la puerta el mayordomo, Pura ya se había levantado y había preparado café portugués que se había traído de España y había hecho unas pringás  para el desayuno.

Al entrar el mayordomo, monsieur Jean Pierre, le dijo que olía muy bien y Pura le invitó a desayunar:
-Monsieur Jean Pierre voulez vous café ou laít.
-Merci beaoucoup mademoiselle.
Enseguida Pura como buena española le puso un café calentito.
Al terminar el café, M. Jean Pierre le dijo a Pura que lo primero que iban a hacer era llevar a Cayo al colegio.
Pura y Cayo se arreglaron y salieron a la calle y entonces empezaron a contemplar el bello y monumental  París, Les Champs Elysées, la plaza de la Concordia y al fondo...: el Arco de Triunfo...
Cayo iba agarrado de la mano de su madre, apretándola fuertemente, un poco asustado, nunca había visto tantos automóviles juntos, ni tanta gente hablando en un idioma que no era el suyo. Aunque le resultara familiar, pues ya se había preocupado Pura de que Cayo estudiara Francés en los libros de texto que Salvador les había proporcionado, pero no era lo mismo, esta gente hablaba muy deprisa y apenas entendía alguna palabra suelta.
Sin embargo Pura iba andando emocionada mirando todo lo que había a su alrededor, mujeres bellísimas, muy elegantes con joyas, sin joyas, muy modernas, muy clásicas, con el pelo cortado muy corto o media melena,  por debajo de las oreilles  y preciosos sombreros de paño de colores alegres, rojos, azules y amarillos.
Pura iba muy elegante, doña Ramona le había comprado un tejido de lana de grandes cuadros blancos y negros y le había pagado una modista para que le hiciera un traje de chaqueta y un abrigo negro.
No desentonaba nada Pura al compararse con las jóvenes parisinas, ella a sus 28 años era todavía una joven muy bella, con una belleza natural que no necesitaba maquillajes.
Demasiado alto... el nivel del barrio..., que hacía que se sintiese un poco incomoda ante las miradas de los viandantes, aunque rápidamente se desvaneció su temor al comprobar que paseaban a la par personas de todas las clases sociales y caminaba al lado de Jean Pierre tan desenvuelta como si llevara allí toda la vida.
Miró a Jean pierre y él la miró, y le devolvió una amplia y acogedora sonrisa, que la hizo sentirse segura de sí misma.
Unas cuántas manzanas más allá de su nueva residencia estaba el colegio.
El colegio era un edificio antiguo con un gran patio delante con unas porterías de fútbol y otras de baloncesto.
Cayo se quedó mirando a los niños y niñas que estaban lanzando balones a las canastas de baloncesto, le sorprendió que estuvieran mezclados los chicos con las chicas; en las escuelas del pueblo, normalmente los chicos tenían aulas diferentes y en los recreos no jugaban nunca juntos.
Vio por primera vez en su vida unas canastas de baloncesto y se soltó de la mano de Pura y corrió hacia ellas y se quedó alelado viendo como jugaban les garcons et les filles.
A la entrada del recinto había una gran escalinata que estaba llena de carteras y abrigos allí tirados .
Pasaron al interior del colegio y se dirigieron a la secretaría, Cayo apretaba más fuerte aún la mano de su madre y su madre mirándole con ternura le revolvió el pelo.
M. Jean Pierre les dijo que esperaran un momento, se puso a parlar con un señor muy delgado, con nariz agüileña pero de rasgos amables y apuntando a Cayo se dirigió hacia él y le dijo:
Nous allons a la Classe, petit garçon.

Cayo no quería soltar la mano de su madre pero ésta le dijo, aquí vas a estar muy bien hijo, no te preocupes de nada, le dio un beso y se alejó por un gran pasillo mirando hacia atrás, para no perder de vista a su madre.
A continuación Pura pasó a un despacho y tuvo que rellenar una ficha con los datos de su marido, los suyos y los de Cayo.
Hasta las cinco de la tarde no volvería a ver a Cayo, pues se quedaba allí a comer.
De camino a casa  Pura no sabía como darle las gracias y se limitó a decir con lágrimas en los ojos:
Merçi beaoucoup Monsieur, el mayordomo la miró y sonriendo le dijo:
Juan Pedro, me llamo Juan Pedro y soy de Sevilla mademoiselle Puga, llevo aquí más de 20 años y estoy encantado de poderos ayudar, cuando yo vine aquí..., de España, me hubiera gustado que me hubieran ayudado de la misma forma que yo lo estoy haciendo ahora con vosotros.
-Nunca pensé que fuera español, ¡oh! muchas gracias, Juan Pedro.
-No, no..., Jean Pierre, vous devez parler en français, mademoiselle Puga...
Sonrieron los dos y comenzaron a caminar más deprisa, Jean Pierre le iba indicando con el dedo índice los monumentos que encontraban a su paso.
Pura iba rebosante de alegría.
Al llegar al edificio Jean Pierre comenzó a enseñarle todos los rincones y recobecos del edificio y todas las labores que debía desarrollar.
Le entregó un traje de chaqueta y falda  azul marino con botones dorados y le indicó que cuando acabase de la limpieza debía ponerse el traje para estar en el mostrador.
Pura recorrió planta por planta del edificio, limpiando y colocando y cuando terminó siguiendo las indicaciones de Jean Pierre se colocó el uniforme, se hizo una cola de caballo y esperó en el mostrador.
El primero que llegó fue el cartero y saludándola muy gentilmente le dió todas las cartas, las cuales fue  clasificando, como le había dicho Jean Pierre, y, colocándolas, para subirlas cada una a su apartamento.
Al llegar las cinco de la tarde Cayo esperaba a su madre y esta no llegaba, pasaron las cinco, las seis y las siete y Pura no llegaba y por fín se acercó el director del colegio y le dijo a Cayo que en pocos minutos vendría su padre a buscarle.
Pura había salido de casa a las 16´30 dirigiéndose hacia el colegio para buscar a Cayo, pero no llegó nunca al colegio.
Eran las 20h y el director del colegio pudo ponerse en contacto con Fidel para que fuera a recoger a Cayo.
Fidel sorprendido le dijo al director que su mujer tenía que haberle recogido ya, que no entendía nada.
-Su mujer no ha venido M.Fidel.
-Es imposible mi mujer salió de casa para buscar a Cayo...
¡Mon dieu!  ¿Pura dónde estás?
Fidel llevó a Cayo a casa y preguntó al mayordomo si  había visto a Pura.
-No, no Monsieur.
-¡Mi mujer ha desaparecido! o ¿ Se ha perdido...?
-Llamaremos a la policía monsieur.
-Cayo quédate en casa, no te muevas de ahí, que voy a salir a buscarla.
Cayo, estaba como paralizado, muy serio, ni hablaba, ni lloraba, su madre se había perdido y lo único que deseaba es que apareciera y no quería entorpecer su busqueda con lloriqueos...


Continuará...





5 comentarios:

Anónimo dijo...

¡No puedes hacerme esto! siguiente capítula ¡ya!, ¿qué has hecho con Pura?
Besos

Nines

Brigida dijo...

DAME TIEMPO SOBRI.....
NO PUEDO REVELAR NADA....
BESOS

Anónimo dijo...

Qué ataque de nervios ...

Besitos.

luz rodriguez garmon dijo...

Desde luego Brigi, eres la monda!!!, cuidao lo que nos has enredao con las palabras en francés y la descripción de cuadros de pintores franceses (es como si aquí en España en todas las casas tuviéramos reproducciones de Velázquez, Goya, Murillo....), y ahora nos dejas en ascuas con la desaparición de Pura. Eres truculenta!!!!!!!!

Brigida dijo...

A ver Lucecita...Cuando yo era pequeña en casa de mi abuela materna, en la sala comedor había cuadritos de Goya (Goyescas) y era una casa muy humilde.
Yo creía que tú eras más novelera que yo....
Besitos ,cuñi.......