martes, 28 de febrero de 2012

EL PASTELERO FIEL (19)






Querida África: espero que a la llegada de esta te encuentres bien,  yo bien gracias a dios.
¡Perdona!, esta vez he sido yo el que me he retrasado  en escribir, pues  a pesar de tener que estudiar mucho he tenido un percance, me he roto el brazo derecho jugando un partido de baloncesto y como verás mi letra garrapateada..., se debe a que te estoy escribiendo con la mano izquierda.
He estado sin ir al instituto más de una semana y me he aburrido soberanamente en casa.
Menos mal  que he ayudado a mi madre con el reparto de correo en el edificio y ha sido la mar de interesante.
El primer día que subí con mi madre al primer piso nos abrió Madame  Julie.
Se alegró mucho cuando me vio, nos obligó a sentarnos y nos sacó una caja de bombones riquísimos.
Me preguntó que quería estudiar yo cuando acabara el instituto y  le contesté que quería ser “pastelero”, ella se echó a reír y me dijo:
-¿Cómo qué pastelero?
-Sí..., quiero ser pastelero -Le contesté-
-Entonces tendrás que ir haciendo una reserva de plaza en el colegio de restauración.
-¿Tu no sabes que París es la cuna de la buena cocina ?
-No vas a tener ningún problemas  para entrar, yo te recomendaré, conozco al director de la escuela...
Desde ese día cuando subo a su piso a entregarle el correo, me obliga sentarme a su lado un rato, me ofrece bombones.
También  me dijo que le hubiera gustado tener un hijo como yo,  pero que su ajetreada vida, como cantante de opereta, le había impedido formar una familia.
Yo le dije que a mí me gusta mucho la música y que echo de menos nuestras tardes de ensayo en la fábrica de harina...
Cuando le comenté que adoro la música, se marchó del salón y me dijo espera aquí...
Y..., se presentó con una boa de plumas de avestruz alrededor del cuello. 
¡Parecía una gran diva de la ópera!
Yo le dije:
-¡ Un momento Madame!
Cogí un tulipán de plástico de un florero y utilizándolo como micrófono comencé a presentar la función:
-Mesdames et monsieurs pour vous...: la plus grande , la mejor, la reina del espectáculo mademoiselle... ¡Julie!
Ella se quedó con la boca abierta, yo aplaudí y madame comenzó a cantar como los ángeles y a mí se me pusieron los pelos  de punta de emoción.
Tenías que haberla oído, África, tiene la voz más bonita que yo haya escuchado en toda mi vida.
Es una suerte para mi conocer a personas tan interesantes como madame... Julie.
Cuando acabó la canción se puso a llorar y encendió un cigarrillo para ella y otro para mí. 
Yo que no estoy acostumbrado a fumar casi me ahogo y ella  comenzó a reír y me dio tres cigarrillos con papel de colorines y con filtro; te envío uno en esta carta para que  te los fumes con Margarita y Sole.
Después subí al piso 2º y me abrió la puerta  Cipriana una empleada de hogar que es portuguesa, se parece un poco a la Tea del  pueblo, lleva aquí poco tiempo y se pasa el día llorando porque ella ha dejado a sus hijos en Portugal con su madre.
Es viuda, tendrá unos 40 años, se vino a París con M.René desde Lisboa.
Su marido era botones de un hotel de M.René y tuvo un accidente, se cayó por el hueco del ascensor y murió en el accidente.
Como la familia se quedaba sin ingresos económicos le propusieron a Cipriana venir a París a trabajar con ellos como empleada de hogar y aquí está desde entonces llorando más que riendo.
Dice que cuando los hijos cumplan los 14 años  se vendrán para acá para trabajar como botones en el hotel de M. René.
Cipriana se empeñó en que me comiera un cuenquito de arroz con leche con canela, que por lo visto es típico en su tierra..., la verdad es que estaba buenísimo.

Cuando subí al  piso de Monsieur Directeur , no estaba Jean Pierre, me dijo Sophie, que a menudo a compaña a Monsieur en sus viajes por Europa.
La madre de M. le Directeur me hizo pasar a la cocina, me cogió la cara y apretándome la barbilla me dijo que estaba muy flaco, que tenía que comer más y le dijo a Sophie que me sirviera un plato de espinacas con bechamel, sin tener hambre tuve que comérmelas.
No me atreví a contradecirla  pues mademoiselle Apololonie  tiene muy malas pulgas.
Me quedé un rato con Sophie y me enseñó a hacer pastelitos de carne picada, primero hizo unas cestitas con una masa quebrada y las rellenó con la carne picada guisada con ajo, perejil, huevo y pan rallado. 
Las metimos en el horno en una bandeja y las sacamos cuado estaban doradas y les pusimos pimientos caramelizados por encima.

África espero no aburrirte, con estas historias, pero después del baloncesto la cocina es lo que más me gusta y Sophie es muy buena cocinera y estoy aprendiendo mucho con ella.
Cuando llegue a ser un gran pastelero me casaré contigo y te traeré a París.
Cuento los años, los meses, los días, las horas, los minutos y los segundos que faltan para que esto se haga realidad y cuando llegue este momento no me separaré de ti jamás, vida mía.

Continúo contándote mi reparto de correo...,  subí al piso de la joven americana...
Llamé unas cuantas veces y no me abría, debía de estar dormida pues anoche tuvo fiesta con los amigos.
Creo que ya te he contado que es una estudiante americana y se lo pasa bomba haciendo fiestas continuamente.
Cuando por fin me abrió no vas a creer lo que vi..., había chicos y chicas abrazados y echados en el suelo durmiendo en ropa interior.
He de reconocer que en ese momento pensé que me gustaría estar así..., dormido y abrazado a ti.
Pasa Cayo, me dijo Madame Marilim , en voz bajita, no los despiertes, anoche nos dormimos muy tarde.
Me pasó a la cocina y me dio un zumo de naranja, no pude rechazarlo, se pone muy pesada...
Me bajé rápidamente a la portería a vomitar pues tenía un revoltijo de estómago... con los bombones..., el arroz con leche...,  las espinacas..., el zumo de naranja y, sobretodo, por el susto  que me di cuando bajaba...
Eché las tripas... Deben de verme cara de hambre... o si no..., no me lo explico por qué tienen esa manía de darme comida en todas las casas...
Lo que Cayo no le cuenta a África es que la americana le agarró del cuello y le dio un beso en la boca y que él la rechazó porque olía a tabaco y alcohol que tiraba para atrás, nada que ver con el olor a canela, vainilla y merengue que desprende la boca de África 
Y..., que Madame comenzó a reír y a gritarle: 
¡Petit  garçon tienes que empezar a vivir la vida...!

Querida África lo que te voy a contar todavía no se si ha ocurrido de verdad o lo he soñado pues me parece  increíble lo que he visto.
Cuando  bajaba por las escaleras oí que se detenía el ascensor en el piso de abajo, me quedé en el rellano semiescondido pues pensaba que sería la madre de M.Directeur y la temo más que a un nublado.
Eran Jean Pierre y monsieur le Directeur, me sorprendió que estaban discutiendo y de repente M. Directeur cogió a Jean pierre y le dió un beso en la boca.
Se estuvieron allí morreando un buen rato y yo allí escondido, con el estómago encogido, temiendo que me descubrieran.
Por fin, se separaron, cuchichearon algo al oído, se arreglaron el pelo y pusieron cara de palo y salieron del ascensor.
Abrió la puerta Jean Pierre y pasó M. le Directeur, salió su madre y le besó como si fuera un niño.
Jean Pierre volvió la cara y no estoy seguro si me vio, allí, escondido  en el rincón del rellano de la escalera.
Cuando se metió en el piso tuve que salir corriendo escaleras abajo porque no quería echar  allí la pota.
Mi madre me preguntó:
-¿ Qué  te pasa Cayo?
Yo salí corriendo al baño y estuve allí encerrado un rato hecho un asco y totalmente confundido por lo que habían visto mis ojos.
Al momento oí a Jean Pierre preguntarle a mi madre si me había visto y ella le contestó que había bajado con la cara descompuesta y que me había encerrado en el servicio.
salí, sinuosamente, del baño y me quedé escuchando a escondidas y Jean Pierre le decía a mi madre:
-Pura yo creo que tu hijo nos ha descubierto.
-¿Qué ha descubierto?- dijo mi madre-
-Creo que nos ha visto besándonos en el ascensor.
-¿Pero Jean Pierre?
-Sí, Pura, sí...
-Bueno no te preocupes ya hablaré yo con él...
 África estoy un poco descolocado mañana te escribiré de nuevo, recibe un beso muy fuerte de quien te ama sobre todas las cosas:

Cayo


Continuará...

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