jueves, 1 de marzo de 2012

EL PASTELERO FIEL (21)

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Cayo..., hijo, tienes carta  de tu querido Continente, de África...

-¡Trae Madre!
Cayo cogió la carta y muy contento se marchó a la calle, pues tenía  entrenamiento de  baloncesto.
 De camino al polideportivo se dispuso a abrir la carta de África. La tenía en la mano cuando de repente pasó un autobús a gran velocidad y la carta salió volando por los aires.
Era el mes de marzo, hacía una tarde clara pero con gran  ventolera y por el cielo volaban, servilletas de papel, periódicos y hasta un paraguas rojo, iba  revoloteando por los aires. La carta se unió a la tropa  de objetos voladores y comenzó a darse un paseo por las nubes.
A Cayo se le quedó cara de bobo viendo como su carta volaba por el cielo como una cometa, la seguía con la mirada para poder ver donde caía y así poder rescatarla.
La carta cruzó el Sena, junto al paraguas rojo, y él corría sin dejar de mirarla hasta alcanzar el puente y poder cruzar a la otra orilla.
Cruzó a la otra orilla y perdió de vista la carta. El paraguas seguía subiendo, pero la carta ya no le acompañaba.
Se  puso a buscarla desesperadamente por todas partes y no la encontraba, miró en lo alto de los árboles, entre los setos, en los jardines... Y no veía nada de nada.
Cansado se sentó en un banco, ya se le había hecho demasiado tarde para ir al entrenamiento de baloncesto, sus compañeros le echarían la bronca por no llegar a la hora del comienzo del partido. Y, prefirió seguir buscando la carta de África, por nada del mundo quería perderla.
continúo buscando, ya casi no se veía, estaba oscureciendo, pero de repente apareció la carta encaramada  en un rosal de preciosas rosas rojas, prendida en una espina.
Salió corriendo hacia el rosal y cogió la carta, la abrazó, abrió su rebeca y la puso junto a su corazón y la apretó fuertemente con sus manos.
Con cara de felicidad se dio un paseo por el Sena y cuando llegó a un banco iluminado por una farola se dispuso a abrir la carta.
En esos instantes alguien le dio unos golpecitos suavemente en la espalda, se volvió y se encontró de narices con Meme Marilim.
Cayo se quedó inmóvil embriagado por el aroma que  Marilin desprendía por su escote, un olor suave y tibio de pétalos de rosas que acaban de despertar en una fresca mañana de primavera. Nada que ver con el desagradable olor a tabaco y a alcohol que salía su boca  la semana pasada.

-¡Hola Cayo! ¿Qué haces  aquí?
Cayo escondió su carta en el bolsillo del abrigo y le contestó:
-Nada, ya me iba para casa...
-Ven conmigo te invito a un café...
-No puedo tengo que irme a casa para que mi madre pueda irse al liceo.
-Cayo por dios... sólo son unos minutos.
-¿A qué hora se va tu madre?
- A las nueve, se marcha. 
- Entonces tenemos tiempo de tomarnos  un café.

A Cayo  le pareció una ñoñería rechazar la invitación y accedió.
Marilim muy sonriente le agarró de la mano y hablando muy jovialmente le llevó a un petit café precioso decoradas sus paredes con reproducciones de carteles de Toulousse Lautrec.
Había muchos jóvenes de apariencia hippie, ellos con el pelo largo, vestidos con vaqueros y camisetas envejecidas y ellas con el pelo corto, los ojos sombreados  y vestidas con pantalones anchísimos y camisas de flores.
Se dirigieron a una mesa donde estaban sentados un grupo de jóvenes amigos de Marilim.
Su edad a igual que la de ella estaría comprendida entre los 18 y 20 años.
-Ven Cayo te voy a presentar a mis amigos...
Le presentó a sus amigos y le dieron todos  un abrazo muy efusivo, le invitaron a sentarse con ellos.
Estaban en una discusión kafkiana sobre la relación de un hijo varón con su padre.
Él apenas participó pero le parecían muy interesante los temas que tocaban.
Cuando se dio cuenta ya eran más de las ocho, se le había pasado el tiempo sin darse cuenta. No se había vuelto a acordar de la carta de África y ahora veía a Marlim como a una chica encantadora muy inteligente y muy interesante.
También observó que se besaban entre ellos de una forma muy natural y sana y comprendió que Marilim le besaba de esa forma..., sin ninguna intención, y no como él había pensado, viendo fantasmas donde no había.
-¡Vamos Cayo!  ja..., ja... ¿Ya te has olvidado de tu madre?.
-¿Qué hora es ?
-Las ocho y media...
Marilim le tomó de la mano y salieron corriendo y riendo hacia el Edificio.
Cuando se despidieron Marilim le dio un beso en la boca y le dijo: 
-Recuerda que tienes que leer la carta...
Cayo se puso colorado; se agarró el bolsillo y se sintió culpable por haberse olvidado de África.
Pura le estaba esperando y le dijo:
-Hijo tienes que pasar por los pisos a recoger la basura, nosotros ya nos vamos he quedado con tu padre en el liceo.
-A ver si tengo un rato libre que quiero hablar contigo, últimamente veo que te comportas con Jean Pierre de forma descortés y no entiendo por qué lo haces.
Él no te ha dado motivos para ello, que yo sepa...
-Déjame madre....
-¿Qué te ocurre Cayo?
-No seas infantil hijo, creo, que ya tienes edad suficiente para comprender que las cosas no tienen que ser o blancas o negras...
-Madre no se lo que me quieres decir, no te entiendo.
-No te hagas el bobo Cayo, sabes perfectamente lo que te quiero decir.
Bueno, mira..., ya no aguanto más.
-Tú estás raro con Jean Pierre,  porque has visto algo..., y me parece muy mal que no me hayas comentado nada.
-No me interesa esta conversación, madre, voy a subir a recoger las basuras.
-Tu no te vas a ningún sitio.
-¡ Siéntate ahí...!
Jean Pierre es una persona excelente que nos ha ayudado mucho y sobretodo a ti...
Está lleno de valores, humanos, sociales e intelectuales, y no se merece que le faltes al respeto.
-¡Madre es marica
-Hijo siento vergüenza de oírte hablar así... ¡ Es homosexual 
-No me gusta que utilices ese termino peyorativo
-Hijo, lo importante es que es una buena persona, sus inclinaciones sexuales es algo que pertenece a su intimidad y que hay que respetar. Él puede tener relaciones con quien le apetezca.
-De acuerdo madre, pero no creo que opine lo mismo la mujer de M. Le Directeur...
-Bueno Cayo ya hablaremos...,  me tengo que marchar y recuerda que es muy importante en esta vida comprender, respetar y ser tolerantes con los demás.
-¿Qué sabemos nosotros de M. L Directeur?
-Nada, ¿verdad?, entonces no debemos juzgar a la ligera.
-Pero lo que no voy a tolerar  es que le faltes al respeto a Jean Pierre.

Se marchó Pura y Cayo, taciturno, se dedicó a recoger las basuras por los pisos y cuando acabó después de darse una ducha, se sentó en un sillón muy malhumorado con él mismo por  lo que le había dicho a su madre. Él sabía perfectamente que Jean Pierre era una buena persona y en el fondo le importaba tres pimientos que fuera homosexual. Lo que le turbaba era que estuviese liado con M.le Directeur...
De repente se acordó de la carta de África y sintió un gran alivio. Cogió la carta, la abrió pausadamente, como temiendo que algo malo iba ocurrir.




Continuará...



2 comentarios:

Nines dijo...

Así me gusta capítulo diario. Cada vez hay más frentes abiertos, ¡me encanta!. Los dibujos de las mujeres son muy tuyos, me recuerdan a casa de abuela.
Besos

chus dijo...

Bueno, bueno, Brigi... me quedo sin palabras, las tienes todas tú, jajajajaja, tu estilo de narración es muy facil de leer y aunque leo 2 o 3 seguidos siempre me quedo con las ganas de seguir... esto va a ser un best seller o como se escriba que al inglés no llego. Espero con ganas las siguientes entregas... besitos.