martes, 27 de marzo de 2012

PASTELERO FIEL (23)







Cayo se quedó sin hablar con África y por supuesto con la María. Después de la pelea acabaron las dos en el cuartelillo:

-Se Sienten ahí -les dijo el sargento.
Se cruzaron para sentarse y la bicha de la Glegolia aprovechó para darle un pellizco y la María le arreó un bofetón.
-¡Ay!, ¡ay! Mire usted señor salgento la guantá que me ha pegao... la parramplona esta.
No la hubieras pellizcado Gregoria que te he visto yo. Y ahora se sienten de una vez.
Las dos despelujaaaas... como brujas,  se sentaron.

La Glegolia tenía la frente enharinada, le faltaba una salpargata  y enseñaba  las senaguas, de algodón con puntilla de bolillos, que asomaban por el vestido, que ella  cruzaba con las manos, pues había perdido todos los botones en la pelea.
La María estaba toda entera, pero su cara aparecía toda descompuesta con chorretones de sudor que surcaban su cara enharinada y sofocada.

Comenzó el sargento a interrogarlas:

-A vel ¿ Quién empezó la pelea?

-Ella, ella....

-Primero me contesta una y después la otra.

-A vel María, mira que me cuesta creer que andes en estos menesteres con lo sensata que tu eres...

-¿Dime que ha pasaoooo?

-Empezó ella mi salgento yo estaba tranquilamente en mi centralita cuando llegó y me arrastró de los pelos hasta la calle.

-¡Qué te calles Glegolia! -contesta tu María.

-Pos naaaa..., señol salgento que esta alcagüeta me sacó de mis casillas, resulta que me llamó el Cayo desde Francia. No sé lo que querría el pobre muchacho porque esta desgraciáaaaa no me ha dejao hablal con él.

-Bobaaas...  y tontaaas... eso era lo que quería bobaaaas... y tontaaaaas...

-Glegolia si no te callas te encierro en el calabozo, -continúa María...

-Mire señol salgento esto ya es pa lleval-lo a los tribunales, y, yo ya... le tenía ganas..., me tenía hasta la cotorina la gata gagienta esta, es que no deja títere con cabeza.
Y cuando ya me dijo que yo era la Elena flancis ya no aguanté más.
Alguien tiene que poner en su sitio a esta elementa..., que escucha y se mete en todas las convelsaciones, sin que nadie le de vela en el entierro...
Bueno... y si sólo escuchara pos... mira que te va... ¿Pero que se meta en las convelsaciones?
Y, no vea usted de que manera... 
Y que la mu  jodía... no te deja ni hablal... mi salgento. Bueno que le voy a contal yo que usted no sepa...
¡Que no ha dejao hablal al pobre muchacho! Con lo cara que le vale la conferencia desde la Francia...

-Bobas y tontaaaas... interumpe Gregoria.

-Mueldete la lengua Glegolia..., que te he dicho que vas al calabozo...

-A vel Glegolia ahora te toca a ti.

¿Qué tienes que decil... al respecto...?

-Pos mire usted señol salgento... lo que pasa que en este pueblo nadie tiene cultura ni bucación..., ni..., na... de na..., si no fuera pol mi esto sería sadoma y gamorra.

Usted sabe muy bien señol salgento que gracias a mí ustedes han resuelto muchos casos.
O es que ya no se acuelda del día que la tía Petronila robó en el comelcio de ultramarinos pa mandal-le al Indalecio perras pa que se viniera pa acá y usted se enteró gracias a mí...
Lo que pasa es que somos muuuu... olvidadizos.


-Desgraciaaaaa..., fuiste tú... la que denunció a la Petronila... Si ya decía yo...
Esa pobre mujel que anda too el día a jolnales pa podel comel un plato de patatas cocíaaaa... y tiene la marío enfelmo en la Alemania... - interrumpe María-

-¡Calla María!

-Si calla, que sino te denuncio  yo a ti pol sel compinche de la Petronila. -dice Gregoria-

¡Cállense las dos! Que ya estoy empezando a jaltalme.

-Ya puede  usted vel como me ha dejao toa... pelona y mire usted el mi vestioooo... sin botones.

¿Cómo me coja un percujo pol tu culpa te vas a enteral...?

Y, encima he perdio una salpalgata nueva que me había mandao mi sobrina de Madrid...

Que mu caras le han tenio que costal pol los dibujinos que tienen...

Mire, mire usted, que bonitinas son.

¡Ya no aguanto más! -dice el sargento-:
-Tú Glegolia te encargas de barrel todos los cagajones de las calles del pueblo desde el cruce hasta la iglesia y tu María desde el cruce hasta el puente.

Se miran las dos y se dicen a la vez: pol tu culpaaaaaaa, pol la tuyaaaaaaa.

-¡Basta ya!, no os da vergüenza dos mujeres hechas y derechas discutiendo como niñas.

Y que no os vuelva a vel por aquí nunca más... y ahora vais a casa del  señor cura la dos que el os ponga otra penitencia.

Camino a casa del señor cura se le acercó la Gregoria a  la María y le dijo:

-Qué..., estoy pensando yo..., María, que pelillos a la mal..., que lo mejol que podíamos hacel es no ir a casa del señor cura porque a este le temo yo más que a la gualdia civil.

De acuerdo, le dice la María, pero mira lo que tiene ahí, señalandole en el pecho y cuando Gregoria bajó la cabeza la María le propinó un morrazo en la nariz.
Se echaron a reír  las dos y cada una se fue pa su casa.

Cayo además de perder su dinero con la conferencia  no consiguió saber nada de su novia África.
Sintiéndose bastante impotente decidió centrarse en sus estudios y en el baloncesto.
Terminó el curso y aprobó el bachillerato con matrícula de honor.
Le felicitaron todos lo profesores y madame Julie acompañó a Cayo a la escuela de restauración para hacer la prescripción.
Llegó el momento de marcharse de vacaciones al pueblo y dudaba si  realmente le apetecía ir.
Si no iba a poder estar con África no le apetecía mucho marcharse.
Pero su madre casi le obligó a marcharse y el accedió pero no de muy buenas ganas.
Cuando llegó a Madrid su tío le estaba esperando en la estación de Atocha y se marcharon juntos al pueblo.
Dormían en su casa y comían en casa de una tía, la madre de su primo Daniel el “narrias”.
Aprovechó para tantear al “narrias”, aún se acordaba de lo que le dijo la Gregoria..., pero claro no podía dar mucho crédito a las palabras de la Gregoria...

-Oye Daniel esta tarde podíamos ir al río a bañarnos con los amigos... -dijo Cayo-

-Cayo hemos quedado en la charca de “anrooos”, vamos con los amigos y allí nos juntamos con las chicas.

-¿Qué chicas van?

-Creo que la Sole, Margarita, África y una prima que ha traído de Madrid.

Cuando Cayo oyó el nombre de África le dio un vuelco el corazón.
No sabía como iba a reaccionar ella cuando le viera, el estaba tan nervioso que no había dormido la noche anterior.
Cogieron un transistor y cintas de casette, las toallas ya un poco percudias... y se las colocaron al hombro; los bañadores meybas  se los pusieron en la cabeza, haciendo las veces de sombrero, pues hacía un calor infernal camino de la charca.
Había que subir una cuesta por un camino terregoso y polvoriento, las moscas y los tábanos daban picotazos sin piedad...
No había ni un solo árbol que les diera sombra, solamente unas chumberas con higos chumbos reventones, al lado de unas paredes de pizarra.
Se toparon con la carretera y caminaron hasta llegar al  puente del arroyo, bajaron y se metieron debajo del puente a mear y a fumarse un cigarro.
Allí se estaba fresquito, todavía había un cacho charco de agua que manaba de las pizarras, con alguna rana y aclara aguas.
El techo del puente estaba  lleno de “arañones” con las patas muy largas. El “Narrias” se entretuvo quemándoles las patas.
Cuando acabaron de fumarse el cigarro, al que iban dándole caladas todos, se quitaron los pantalones y lo calzoncillos, se pusieron los bañadores y guardaron los calzoncillos en el bolsillo del pantalón.
Salieron del puente y después de andar un trozo más de carretera, tomaron un camino estrecho que salía a la izquierda, bordeado por enormes zarzas cargadas de moras llenas del polvo del camino.
Se detuvieron a coger moras y a Cayo le picó una avispa en la mano y se le puso gorda como una cebolla.
Meó en el polvo del camino y cogió un poco de barro y se lo puso en la mano.
Continuaron por el camino andando con la lengua fuera pues el sol los aplastaba como lagartijas contra el suelo e iban arrastrando los pies y dejando a su paso una gran polvareda.
Por fin llegaron a la charca, que se había formado en  una pedrera de pizarras, donde manaba  un agua cristalina y fresquita .
Casi toda la orilla de la charca estaba llena de piedras de pizarra redondeadas y planas muy finitas  y suaves que lanzaban al agua, haciendo concursos de lanzamientos para ver quien llegaba más lejos.También había junqueras donde se posaban bonitas libélulas.
No había ni un solo árbol alrededor de la charca, al fondo se veían los campos dorados de trigo y cebada como en una nebulosa y eso hacía que el calor fuera más insoportable aún.
Sólo había sombras en la parte más alta de la charca, pero allí no había orilla y tenían que sentarse encima de las piedras de pizarra.
Pero las chicas estaban tumbadas en las toallas tomando el sol en el otro extremo de la charca.
Permanecían allí tostándose por el sol, con los cuerpos embadurnados con nívea.
A Cayo cada vez le latía más fuerte el corazón, cuando sólo estaban a 50 metros de ellas, Margarita salió corriendo hacia ellos y abrazó a Cayo y él agradeció este gesto, le dio ánimo para seguir, después se levantó la Sole y también le abrazó.
África esperó a que llegase a su lado, se levantó le dio dos besos en la mejilla sin apenas rozar su cara y enseguida le presentó a su prima Matilde.

Continuará...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

"gata gagienta" como me recuerda a nuestra familia esa expresión, la cantidad de veces que me lo han llamado...
Espero que no hagas el parón de Semana Santa ya, que estoy ansiosa de culebrón.
Nines

Brigida dijo...

Querida Nines lo llevamos pegado a la frente....
Besitos

Anónimo dijo...

El lío empieza de nuevo con Cayo , pobre , espero que no sufra mucho ... Ya me dirás si hay capítulos nuevos , en el pueblo desconecto un poco .
Besos
Mariche.

dimeuna dijo...

y......... que pasa ahora? me he quedado con ganas de mas, un besito y por fi no tardes mucho con el siguiente capitulo