viernes, 13 de abril de 2012

EL PASTELERO FIEL (24)




Cayo se pasó toda la tarde intentando quedarse a solas con África para poder hablar con ella, pero no lo consiguió.
Su primo, el narrias, revoloteaba alrededor de ella como un moscardón, pero un moscardón que estaba muy bien..., pues le sacaba la cabeza a él,  muy moreno de piel y tenía un pelo rubio trigueño y ondulado, que le caía en cascada sobre su espléndida espalda atlética.
La verdad es que no le hacía justicia el mote.
Además de ser guapo..., era simpático y dicharachero, todas las chicas se quedaban con la boca abierta mirándole cuando exhibía su cuerpo, presumía de ser un buen atleta, dando  volteretas laterales o haciendo el pino en la orilla de la charca.
Si competían para ver quien llegaba antes a la otra orilla de la charca también ganaba él,  y también  era diestro manejando  la bici de África, la hacía caminar solamente con una rueda apoyada en el suelo.
A todas las chicas les gustaba Daniel alias el “narrias” y eso le ponía a Cayo de mala leche, pero lo que no entendía era por qué tonteaba con África si sabía que ellos habían sido novios desde la infancia.
Tampoco entendía porque África le miraba con cara de alelada, esa mirada la quería sólo para él..., y lo que ya no pudo soportar fue cuando Daniel cogió a África de la mano y corrieron juntos hasta zambullirse en el agua.
¡Cómo estaba sufriendo, dios...!
¿Por qué se habría venido de París?.
Si pudiera saldría corriendo inmediatamente para alejarse de tanto sufrimiento.
¿Cómo le podía haber fallado África?.
 Él que sólo pensaba en ella, que dormía cada noche con una foto suya pegada a su corazón... y que la amaba profundamente.
¿A caso era su primo más atractivo que él?
¿O, Es que Daniel era más atrevido y simpático y eso hacía que África se sintiera atraída por él?
¿O, Era posible que fuera por las dos cosas?

Viendo todo este panorama Cayo no se atrevió a decirle nada, estaba tan apenado y herido que no le salían ni las palabras.
Quizás, él, se había hecho demasiadas ilusiones con este noviazgo basado  en miradas y como mucho un beso fugaz y una leve caricia en su mano.
Ilusiones que probablemente a África se le habían desvanecido con la distancia.
Se metió en la charca y se pasó toda la tarde nadando y grandes lagrimones caían por su cara mientras nadaba de espaldas.
Se sentía humillado, traicionado y tremendamente triste.


Cuando por la tarde fueron al baile de verano Daniel y África se pasaron toda la noche bailando agarrados y él se pasó la noche sentado en un rincón semi escondido en la sombra de una adelfa.
No quería que se dieran cuenta de  su  tremenda tristeza y quería permanecer allí desdibujado entre el resplandor de la bombilla con luz mortecina y las ramas de la adelfa.
Estaba allí como un bobela, al  que le habían quitado la novia... y no hacía nada para recuperarla.
¿Pero qué podía hacer..., si África se había enamorado de su primo?
¡Nada, no haría nada!
Tenía que olvidarla. Se levantó y salió del rincón y se fue a hablar con Margarita, esta le dijo que no entendía nada, que de la noche a la mañana África se había quedado prendada de las tonterías que hacía Daniel y que la tenía como hipnotizada..., que lo sentía mucho pero que le aconsejaba que se fuera olvidando de ella y que procurara divertirse con otras chicas.

Siguieron yendo todas las tardes a la charca a bañarse y Cayo continúo llorando mientras nadaba de espaldas por la pérdida de su gran amor.
Se incorporó a la pandilla Irene una guapa y simpática chica que siempre le había gustado Cayo pero que sabía que no había nada que hacer porque él estaba por los huesos de África.
Irene no era demasiado alta, pero era más guapa de cara que África, tenía las facciones muy dulces y los ojillos negros y brillantes, la piel dorada y el pelo negro y rizado.
Era muy extrovertida de carácter, y muy simpática. Los chicos revoloteaban a su alrededor pero a  ella sólo le gustaba Cayo.
Cuando vio vía libre se lanzó en picado a por Cayo y Cayo..., que se sentía muy herido, humillado y decepcionado. Pasó lo que faltaba de verano tonteando con Irene o más bien dejándose llevar,  para darle celos a África.

Por fin llegó septiembre y se marchó a París sin haber podido hablar ni una sola palabra con África la veía tan feliz con su primo que no se atrevió a molestarla.
Cuando llegó a París comenzó las clases en la escuela de restauración.
Las clases eran muy interesantes.Todos los alumnos eran varones excepto  una chica.
Los profesores eran muy exigentes y muy profesionales, si quería continuar allí tenía que estar muy concentrado para no perderse y quedarse en un simple pinche de cocina.
El seguía con su pena  por la pérdida de África, le dejó el alma herida, su corazón se llenó de temor y de desconfianza, nunca más volvió a ser el mismo chico alegre y confiado.
Esta ruptura le marcó para toda su vida. Durante mucho tiempo siguió durmiendo con la foto de África pegada a su corazón.
Las clases de cocina le entusiasmaban y se volcó en los estudios para olvidarla.
No podía dejar de pensar en ella cuando preparaba bonitos merengues con copetes de fresas.

En navidades volvió con sus padres al pueblo y pasó las fiestas con su pandilla de amigos, pero no pudo ver a África, ella se había quedado en Madrid, pues estaba haciendo prácticas en una oficina de turismo, le dijo Margarita.
Pero si vió a Irene que estaba guapísima y aunque él no lo quería reconocer se sentía atraído por ella, empezaron a tontear y pasaron unas  bonitas vacaciones juntos, se dieron las direcciones para escribirse y continuar la relación.
Se pasaron la navidades, regresó a París y comenzó a cartearse con Irene, era muy divertida y muy cariñosa con él. En eso aventajaba a África, que era un poco seca, o a lo mejor, más que seca tímida.
Irene estaba todo el tiempo pendiente de él y él se sentía muy agusto con ella .

 Un día Cayo recibió una carta de África esta le contaba, que era muy feliz con Daniel y que se había enterado que él salía con Irene y además le contaba lo entusiasmada que estaba con su carrera y lo mucho que le gustaba ser guía turística.
Comenzaron a cartearse, África le escribía casi todos los días y le contaba todos sus problemas como a un gran amigo y Cayo que había conseguido diluir el dolor que le había ocasionado tiempo atrás, comenzó a verla como una gran amiga.
Volvió el verano y Cayo e Irene se hicieron novios formales, pasaron un agradable y divertido verano en la pandilla. Cierto es que él seguía admirando a África,  pero la veía tan atontada por su primo, que rápidamente se agarraba a Irene e intentaba quitársela de la cabeza.
En el otoño África escribió a Cayo y le contó que había  dejado de salir con Daniel porque este era un picaflor que le gustaban todas las chicas... y le agradecía que fuese su amigo para poder desahogarse con él pues lo estaba pasando muy mal.
Cayo, cuando recibió esta noticia, sintió un gran alivio y la consoló como un  buen amigo.
Y así se pasaba las noches escribiendo unos días a Irene y otros días a África. Comenzó a preocuparse porque las quería a las dos.
 Ya no sabía si quería a África como una amiga o como a una hermana pequeña.
O si realmente seguía enamorado de ella...
Y en cuanto a Irene ya no sabía si la quería como a una novia... o como a una buena amiga...
Con el tiempo cada vez espaciaba más las contestaciones a las cartas  de Irene y sin embargo escribía todos los días a África,  lo cual le producía grandes remordimientos,  pues Irene era un encanto que le había sacado a él del pozo en el que cayó cuando le dejó África.
La quería mucho, pero en lo más profundo de su corazón seguía amando a África.
Tenía muy idealizada a África y  más tarde le pasaría factura esta obsesión por ella.
La última carta que escribió a Irene, sin tener aún nada con África, más que una profunda amistad..., le comunicó Cayo, su ruptura, le dijo que sentía mucho tener que romper la relación.
Que la quería muchísimo pero que no estaba seguro del sentimiento que tenía hacia ella  y que no quería prolongar más la relación porque de hacerlo se harían mucho daño.
Irene le contestó inmediatamente, rogándole que no la dejara, que no podría vivir sin él, no podía asumir la ruptura le quería con toda su alma y su corazón.
Estuvo perdida mucho tiempo hasta que aceptó la ruptura con Cayo.
Por fin aceptó la ruptura pero quería que Cayo le contestara con sinceridad a una pregunta y le escribió:
¿Dime, cuando me besabas eras sincero y no fingías?.
Cayo le contestó que estuviera tranquila que nunca había fingido con ella que la había querido mucho y le gustaba mucho, que era muy bella por dentro y por fuera, pero que se merecía a otro chico que le correspondiera como ella se merecía, que no tendría problemas para encontrarlo ya que era guapa, simpática, alegre y muy buena persona.
Cayo se sentía fatal, pero no podía seguir engañando a Irene y así  mismo, ya que se había dado cuenta en el carteo contínuo que mantenían que seguía loco de amor por África.

No pudo ir en Navidades al pueblo pero cuando llegó el verano, Cayo se fue al pueblo y esta vez con más ilusión que en las ocasiones anteriores.
No vio a Irene, se habían marchado del pueblo, a la capital... con sus padres y no apareció en todo el verano por allí.
Transcurría el verano saliendo con sus amigos y pegado a África, y África pegada a él fingiendo ser grandes amigos, pero en el fondo enamoradísimo de ella...
Una tarde tuvieron una discusión por una bobada y dejaron de hablarse durante unos días, hasta que África se acercó una noche a Cayo y le dijo que se había dado cuenta que además de quererle seguía enamorada de él.

Cayo la abrazó y la besó en la boca con un beso interminable...

Continuará...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola , espero que no sufra mucho este chico , como bien dices es un poco bobela ,

Besitos.
Mariche.