jueves, 26 de abril de 2012

EL PASTELERO FIEL (25) Y ÚLTIMO







Cayo y África pasaron lo poco que quedaba de verano como en una nube, iban juntos a todas partes y en cuanto que podían se amaban con intensidad, escondidos entre los matorrales que había cerca de la charca, no les importaban los pinchazos que le daban los abreojos, ni los picotazos de los tabarros y moscas rabiosas que  querían participar del dulce  que Cayo y África iban elaborando y moldeando con un largo y apasionado beso.
En el cine se sentaban juntos, cogidos de la mano y, si a la salia del cine alguien les hubiera preguntado de que iba la película no hubieran podido responder ya que pasaban la mayor parte del tiempo   besándose y acariciándose, sobretodo cuando había escenas de noche, que se hacía una total oscuridad en el cine.
En esos momentos  los brutos muchachos del pueblo  se ponían a silbar y a patear en el suelo como desenfrenados, porque sabían que las parejas se estaban amando aprovechando la oscuridad.
Cuando volvía la luz, Cayo y Africa, se atusaban el pelo y se limpiaban sus labios con el dorso de la mano y miraban a un lado y a otro para ver si les habían visto.
Y, como siempre, la tía Vitoriana no pudo reprimir sus instintos puritanos, y dijo en voz alta:
-¡Qué vergüenza!
-¿Pero a dónde vamos a llegal?
-Son como animales, no tienen pudol...
Y, una voz severa de  hombre le responde:
-¡Calla mujer! ahora lo hacen a las claras, será mejor que a escondidas -Le dice tío Leoncio, su marido-
-Sí, sí... ¡ Pero si son ellas...!, que son unas perillanas... ellos ya se sabe... -rezongaba la mujer-
Y..., de repente se oye una voz de un muchacho que grita:
-¡Ay! "Vitoriana", Vitoriana...:
Toítoooo lo que te toco...es lana...
-Ja, ja, ja... todo el cine se alborota y se rien a grandes carcajadas.
-Sinvergüenzas... -Gritaba la tía Vitoriana-
-¡Cállate, mujel!
-¡Cállate!, ¡Cállate!, más te valía  que  me defendieras..., que no tienes "alveliaaas"paaaa, na... de na...
-Ahora vas a vel..., acomodaooool..., acomodaooool...
¿Es que no va a ponel usted olden...
 ¡Por dios bendito!

Más pateos y más silbidos en la sala y lanzamientos de cascaras de chochos y de cacahuetes, de un extremo del cine a otro. Convirtiendo el cine en una batalla campal.

-La culpa la tiene la Vitoriana, que no se tiene na.. pa... callao - dice la Domi-
-Tu cállate que tienes mucho que callal.....
-Tú Vitoriana no me mandas callal a mí... ni muerta,.
-¿Me oyes?
-Vaya que si te oigo, pero yo a una "perántula " "mántula" como tu...no la escucho.
-"Calla cartucho que no te escucho"-dice la Reme amiga de la Domi.
-¡Vitoriana, Vitoriana todo lo que toco es lanaaaaaaa...! -Volvían a gritar en la sala-

Como se empezaba armar una buena tremolina..., los hombres empezaron a salir de la sala y encendiéndose un cigarro se iban a tomar un chato a la barra del bar.
-¡Vamos Leoncio, a tomarnos un chato, que esto es cosa de mujeres y de muchachos!
-¡Tu te quedas aquí! -le grita la Vitoriana-
-Vitorianaaaaa..., tengamos la fiesta en paz  -le diece el tío Leoncio-
-Vamos a vel..., gritaba el acomodador, como no sus calléis se corta la penícula y sus vais toooos pa vuestra casa.

La que se va ahorita mesmo pa mi casa soy yo... no quiero estal en este lugal de pelvelsión.
Y..., cogió el pendín y la media manta y la Vitoriana se marchó del cine y todos los allí presentes empezaron a aplaudir.
Al pasar por la barra del bar la Vitoriana dijo:
-Leoncioooo... Esta noche no me busques en casa que me voy a dolmil ancá mi madre.
¡Anda con dios, mujel!


Cayo y África se miraban con una mirada cómplice, sonreían y se apretaban con fuerzas las manos.
Llegó el momento de la partida de Cayo, se abrazaron y lloraron intensamente por su separación.
África le dijo a Cayo que se le iba a hacer eterna su separación hasta las próximas navidades, que deberían escribirse  todos los días y así  se les haría más llevadera la distancia.
También le dijo que procurase no visitar demasiado a la americana del edificio y sobretodo que no asistiera a sus guateques, que ella confiaba en él pero no se fiaba nada de la americana y de sus amigos...
Cayo le prometió que no iría a ninguna fiesta, porque entre otras cosa no le apetecía nada en absoluto, no quería estar con ninguna chica que no fuera ella.

Llegó a París y su vida se redujo: a sus clases de restauración, (cada vez que hacía un precioso choux relleno de nata, caramelo o chocolate, pensaba  en lo feliz que sería si se lo pudiera dar a probar a su novia).
 A asistir a los entrenamientos de baloncesto y a pensar en África, en escribir a África y en imaginar  un futuro siempre unido a ella.
Apenas salía con sus amigos, sólo cuando entrenaba o jugaba algún partido de baloncesto los domingos.

Por su parte África le escribía todos los día largas cartas y como un taladro le iba calando cada día  con frases como estas: que lo echaba mucho de menos... y que no soportaba la idea de que saliera en la pandilla con alguna chica...
Este temor y desconfianza que  le transmitía África fue calando en  Cayo y él que era tremendamente confiado comenzó  a sentir celos también de las posibles compañías masculinas de ella.
Su vida entró en un circulo de amor y desconfianza que sin darse cuenta comenzó a limitar  y condicionar su vida.
Limitó sus  salidas con amigos y dejó de hablar con chicas interesantes que había conocido a través de la americana del edificio.
Pura se dio cuenta de que Cayo estaba obsesionado con África y que estaba malgastando su juventud guardándole la ausencia.
Y, harta de ver que Cayo estaba como un ermitaño, le dijo, un sábado que se quedó en casa:
-¿Cayo, te das cuenta que no estas disfrutando de todo lo que te ofrece París ahora que estas en plena juventud?  
-Eres muy joven para estar a atado a una chica ya para toda tu vida...
-Es posible que sus cartas y tus cartas estén llenas de promesas y de ilusiones, pero una cosa es lo que se escribe y lo que se piensa y otra es luego la realidad del día a día.
A mi me ha sucedido con tu padre, pero tu padre es como tu..., por eso no ha habido problemas en nuestra convivencia.
Pero África no es ni como tu , ni como tu padre...
Ella, te está marcando un modo de vida y te está privando de conocer y relacionarte con gente joven y te estas perdiendo lo mejor de la vida encerrado en tu único continente:
 África.

-Madre, todo eso que tu no entiendes se llama “fidelidad”.
Estas palabras de Cayo fueron un golpe bajo para Pura.
Pero Pura, que le había tocado vivir una época dura y con una mente abierta, no hizo caso a las palabras de Cayo.
-Fidelidad impuesta... -continúa Pura-
-¿O me vas a decir que hoy no te hubiese apetecido ir al  guateque con tus amigos y amigas?
-Pues nooo..., prefiero quedarme en casa, y por favor madre no te metas en mis asunto; no
quieras ser mi amiga, tu eres mi madre y, yo... ya elijo a mis amigos...
-Tu verás hijo, algún día te acordarás de esta conversación y te darás cuenta que yo sólo quiero que seas feliz.
-Vale, madre, si es eso lo que te preocupa..., que sepas que yo soy muy feliz así.
-Sólo te estoy poniendo en guardia, yo también había idealizado a tu padre en la distancia, pero la convivencia es otra cosa.
-Madre no me interesa, no quiero seguir hablando contigo de estos temas.
-Si, hijo, ya te dejo en tu continente, pero hazme un favor no te tomes tan en serio la vida, 
disfruta de todo lo bueno y malo que te ofrece París y no estés obsesionado con España y tu novia... La vida pasa muy rápido.
Cayo se enfadó con su madre porque en el fondo sabía que lo que le estaba diciendo era verdad, pero el amor que sentía por África no le dejaba razonar y se estaba dejando atar de pies y manos por todos los prejuicios y los celos de ella, y se estaba olvidando de vivir y de disfrutar de París.
Vivían de los recuerdos...Y, en los encuentros se amaban intensamente y casi no hablaban.
 Y, en las separaciones hablaban de lo bien que lo habían pasado en los encuentros y de su futura vida juntos para siempre.
Y así  iban desarrollando sus vidas en el recuerdo y en el futuro.
Cayo acabó sus estudios de restauración y África sus estudios de turismo.
Los dos comenzaron a trabajar, él como aprendiz de pastelero en una excelente pastelería parisina y poco a poco fue ascendiendo hasta convertirse en encargado de otra pastelería de la misma empresa.
Si le preguntaban cómo era posible un ascenso tan rápido en la profesión él siempre contestaba que sus petits choux estaban hechos con una gran dosis de amor. (se guardaba para él, que siempre hacía sus pastelitos pensando en su amadísima África que era un poco golosa.)
Cada vez se esmeraba más y más y sus pasteles estaban llenos de sabores, colores y fragancias que le recordaban a África, su continente particular.

El amor que nació en la infancia en aquella fábrica de harina, donde Cayo hacía de presentador en aquel improvisado teatro, ese amor se fue afianzando cada vez más y aunque limitó su vida, él lo eligió y nunca intentó deshacerse de él.

 África se fue a vivir a París y encontró trabajo en una oficina de turismo.
Una vez juntos en París, África cambió totalmente su carácter, estaba tan segura del amor que Cayo sentía por ella que dejó de sentir celos y comenzó a tener una vida propia con nuevos amigos, sin dejar a Cayo por supuesto.
A Cayo esta forma de actuar de África le chocó un poco pues no entendía que por cartas le hubiera casi obligado a restringir sus relaciones con sus amigas y amigos parisinos y ahora ella quedaba con amigos y amigas cuando él no podía salir, ya que él tenía unos horarios un poco diferentes a ella, porque  trabajaba de noche para que en la mañana estuvieran los escaparates de la pastelería rebosante de pastelitos colocados en perfecta armonía en tamaños, colores , fragancias y sabores.
Así pues, a África se la veía feliz y a Cayo un poco tocado  por los celos, causando algunos enfandos y discusiones entre ellos, pero esto no impidió que al siguiente verano Cayo y  África se casaran en el pueblo.


Se casaron un día caluroso de agosto, asistieron a la boda casi todos los habitantes del pueblo.
Pura fue la madrina y el padre de África el padrino.
Como todas las bodas del pueblo los músicos fueron a buscar a Cayo y agarrado de su bella madre y  con toda su familia se dirigieron hacia la casa de África.
Se presentaron delante de la puerta de África y los músicos tocaban una bella melodía y África salía esplendida de la casa agarrada del brazo de su padre.
La novia  con el padrino, delante, le seguían Cayo y Pura, los músicos iban detrás tocando un pasodoble y todo el pueblo detrás de ellos se encaminaban hacia la iglesia.
Acabada la ceremonia, se hizo el convite primero en la casa de la novia y a continuación en la casa del novio.
Pastas, perrunillas, mantecados, chochos, vino  de pitarra y refrescos comieron y bebieron en la casa de la novia.
Y en casa del novio, Cayo había hecho grandes bandejas de pastelitos exquisitos, que los vecinos devoraban sin piedad.
Y no faltó el comentario de una vecina cotilla y envidiosa que dijo: donde haya una perrunilla... que se quiten estas florituras, muuu... bonitinos..., pero estos pasteles son como de aire, te lo metes en la boca y cuando lo quieres masticar ha desaparecio....
Y la María que lo oyó le dijo:
Ten cuidao Glegolia que como hagas muchas rebujinas te vas a ir por las patas abajo..., y como andaban por allí las autoridades..., la Glegolia se limitó a decir:
¡Tú tan guasona..... como siempre María!
En la comida, no faltaron las voces que : Se besen los novios...., los padres de lo novios y los padrinos y como remate final de la comida una impresionante y delicada tarta de  7 pisos elaborada por Cayo .
Y, se terminó la comida, como era habitual en el pueblo, con una batalla campal de coscurros de pan volando por los aires.

Cayo y África se fueron de viaje de novios a Mallorca una semana y después se fueron a vivir a París, tuvieron tres hijas, estas ya se han independizado y  ellos aún siguen viviendo juntos  en Francia y pensando en regresar a España cuando les llegue la jubilación.
Se quieren más que nunca, Ahora Cayo vive feliz porque sus celos han desaparecido, pero África a veces le monta algún numerito producido por  celos infundados.
Se pasan la vida comparando las cosas buenas y malas que tienen en cada uno de los dos países y no saben lo que harán  finalmente.

Pura se ha convertido en una hermosa anciana," exportera" de finca y licenciada en filología francesa.
Pasa largas temporadas en Francia y en España siempre acompañada  de Jean Pierre (cosa que provoca grandes cotilleos en el pueblo, pero que a Pura le importa un comino) y Fidel murió el año pasado después de una larga enfermedad provocada por ictus. Minutos   antes de morir se abrazó a Cayo y le dijo al oído:  ¡"Pastelero fiel", siento tener que dejarte.! 

Salvador es un anciano que  vive solo en el pueblo y no se le ha conocido ninguna mujer a su lado, desde que le dejó su mujer, sigue, a su manera..., enamorado de Pura.
La María se quedó paralítica y sigue en el pueblo, postrada en una silla de ruedas como consecuencia de haber cargado tanto con grandes sacos de harina en la fábrica y la Glegolia la saca a pasear por las calles del pueblo.
 La Margarita se hizo actriz de teatro y vive en Barcelona y la Sole es enfermera y vive en Sevilla.

Fin.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué pena..., se ha terminado. ¿Para cuando el próximo relato?

Nines

luz rodriguez garmon dijo...

Me gusta el final porque cuentas lo que pasa hasta que son mayores, y lo de sus hijas y lo de otros personajes..No como algunas películas, que se casan, se besan y se acaba ya!.