miércoles, 5 de diciembre de 2012

El diario de Pura (1) (Continuación del pastelero fiel)



Ha amanecido un día triste y gris; en esta mañana de diciembre, la bruma y el vapor empaña los cristales de las ventanas de las casas.
Cayo está sentado junto a la ventana de la sala, y como cuando era niño, con su dedo índice comienza  a dibujar, en los cristales empañados, soles y nubes.
Las lágrimas se deslizan por su rostro, igual que las gotas del vapor concentrado, escurren de los trazos garabateados en el cristal; y, por la comisura de sus labios plegados, entran en su boca, y el sabor salado de las lágrimas le transportan a su infancia; a aquellos días, en los  que esperaba a su madre, a Pura, para que le hiciera la merienda y marcharse a jugar a la fábrica de harina.
Y, la esperaba, ahí, junto a la ventana, dibujando soles y nubes con su dedo índice.
El vapor se concentraba más en los cristales, cuando alrededor de la mesa camilla, encima del asiento y del respaldo de las sillas, Pura, ponía a secar la ropa, para que se secara con el calor que desprendía el brasero de "cisco".
Cuando llegaba su madre de trabajar le hacía la merienda, una rebanada de pan untada con miel de panal; manjar, que su madre guardaba en un puchero de barro, tapado con un una tapadera de corcho.

Sin prestar atención y distraído, Cayo, con su dedo índice, comenzó a dibujar una abeja en el cristal empañado de la ventana.
Al instante oyó una voz que salía de la abeja que había dibujado en el cristal, que le decía:
 -Cayo, hijo, no pintes en los cristales, que me los sobeteas todos...
Ya veo que no se te ha quitado esa manía tuya..., que tenías de pequeño de escribir en  los cristales de las ventanas.
-Madre, ¿dónde estás?
-Aquí,  hijo, siempre estaré junto a tí.
-Madre ¿por qué te has ido tan pronto?; todavía te necesitamos a nuestro lado.
¿No entiendo que te pudo pasar para caer en las vías del metro?, tú que siempre has sido tan precavida, no lo entiendo...
-Cayo, hijo, ni yo misma sé lo que ocurrió, pero no sufras, yo estoy bien, y por otro lado, mi vida ha sido tan intensa que ya me ha venido bien descansar.
Eso no lo digas ni en broma, madre, tú no te imaginas el vacío que nos ha dejado tu ausencia.
-Mira, Cayo, tú has sido mi única razón para seguir luchando en esta vida  "nuestra", y tú ya me necesitas poco, tienes una familia adorable, tienes: a tu mujer y a  tus hijas.
Ahora te toca dedicar todas tus energías a cuidar de África y de tus hijas...y procura  divertirte que la vida pasa muy deprisa.
-Madre, no me cambies de tema...
¿Qué ha pasado?
-Te repito que yo no me acuerdo de nada de lo que pasó ese fatídico día, pero que no te preocupes que yo estoy muy bien.
-¿Has visto a padre y a la abuela?
-Cayo, aún no he tenido tiempo para visitas, además esto es muy complicado...
-¿Pero no estáis todos juntos?
-Cayo, que te digo que yo aquí no he visto a nadie..., sólo, os veo a vosotros, y lo que veo no me gusta.
¡Basta ya de tanto llanto, hijo! y arreglaté con tu mujer, vive, disfruta y viaja con ella.
- Pero si no le gusta viajar...
Madre no me entiendo con mi mujer, cada día es más  fría, calculadora y rencorosa. No es la África con la que yo crecí en el pueblo, cariñosa y amable.
-Hijo, todos cambiamos con la edad; las relaciones en pareja son muy complicadas. Un día lo ves todo muy oscuro y al día siguiente... un abrazo o una sonrisa te devuelve al alba...
¡Habla con ella...! y sé detallista y generoso.

Pero ahora estamos en otra cosa, Cayo, hoy es mi funeral...,ya tendremos tiempo de hablar de todo esto en otro momento.
Cayo, ahora, dentro de un rato vendrán las vecinas a la casa, procura colocar un poco la sala, ya sabes que aquí lo cotorrean todo, pero no le des importancia, si hacen algún comentario inapropiado, lo hacen por aburrimiento.
 Sácale la botella de coñac a los hombres y a las mujeres unos mantecados y la botella de anís. Que debe de hacer mucho frío en esta mañana de diciembre.
-Madre yo no estoy de humor para sacar licores...
-Cayo, Cayo...qué ya has cumplido cincuenta años...,aunque yo siempre te traté como a mi niño chico, guapo, bueno y generoso, ahora debes actuar como lo que eres, una persona adulta.

-¡Ya tocan hijo!, ¡cuánta veces he oído yo doblar las campanas para otros...!; Pero nunca pensamos que cualquier día nos puede llegar a nosotros la hora.
Me alegro que me hayáis incinerado, pues no me apetece que me vean tan desmejorada. Seguramente mis vecinas se habrán molestado por verme así, perdónalas pero es que ellas no lo entienden, yo las comprendo muy bien. Dile que siempre las he llevado y llevaré en mi corazón, sobretodo a María.
¡Anda!, Cayo, date prisa, coloca la sala, que están a punto de venir.
-Madre no te vayas, quiero seguir hablando contigo.
-Ya tendremos tiempo en otro momento, ahora, procura que mi funeral quede bien, hijo. Si haces el favor, me pones sólo una azucena en mi tumba, no quiero más flores, que me dan alergía y estornudo.¡Qué boba soy! Se me olvida que estoy muerta.


Están “doblando” las campanas de la iglesia, tocan a muerto...
Las vecinas del pueblo sale a las puertas, miran para arriba, y miran para abajo; y a voces se preguntan:

-¿Por quién doblan las campanas?, ¿Quién se ha muerto?

-Dicen que han traído a la Pura de Francia, de madrugada, y la entierran hoy.

-¡Ay! Mi Purina, ¿Qué le ha pasado, a la pobre?

-Creo que la ha pillado un autobús en París; por lo visto tenía cataratas y no veía muy bien...

-Pero, ¿Quién te ha dicho a tí eso?

-Pos.. no sé...

-A mí me han dicho que se la encontraron muerta en un barrio de mala vida...

-Eso si que no me lo creo, la Pura era una señora....

-No sabéis lo que decís, dice Gregoria, yo me he enterao...que al parecer se ha caído a las vías del metro...

-Pobrecilla...pobrecilla...

- Y, que sus últimas voluntades eran, que quería que la quemasen y que sus cenizas se enterraran en el pueblo junto a su madre.

-¡Qué  mala vida ha llevado la pobre!

-Mala... ¿por qué?

-Pues por todo lo que pasó aquí, en el pueblo, de chica...; la mala vida que le dio Salvador...; los problemas que tuvo cuando el marido no le mandaba dinero para poder vivir dignamente ella y su hijo Cayo.
-Y, luego cuando se marchó a París, ¡Cuántas calamidades no habrá pasado la pobre allí!

-A todos nos tiene que llegar la hora.

-Si  pero hay unos que pasan por la vida de mejor manera que otros...

-Y... el pobre Cayo, con lo joven que es,  ya  tiene todo el pelo canoso, parece que la vida tampoco le ha tratado muy bien.

-¡Qué tonterías dices!, Cayo es un famoso pastelero en París...

-Sí, sí... será famoso, pero en su vida privada no creo que le vaya muy bien, se le ve triste; yo siempre dije que la África, "esa" no le pegaba mucho.

-Eso mismo digo yo...: ”hay ojos que se enamoran de legañas...”

-Mira ha  "venio" él solo...

-Sí, ha venido el solo, quiero decir que no ha venido con la mujer, porque le acompaña un tal.... “  Juan pierre  “que es medio español y medio franchute.

-Y...¿A qué hora es el entierro?

-        A las seis de la tarde.
      
-Pues allí estaremos, si hay alguien que se merece que le demos el último adiós, en este pueblo, esa, es Pura, bueno a  doña Pura, que allí en Francia hizo carrera y todo.

-Bien joven se ha ido para allá con 67 años. Y su hijo..., tiene 50 años, casi tienen la misma edad. Lo tuvo la Pura con 17 años.
¡Y qué bien lo crió, ella sola, la “mu jodía”!

-¿Se habrá enterado Salvador?

-¡Se habrá enterado...!, aunque no sé yo..., porque ese hombre se ha enterrao en vida, a temporadas desaparece del pueblo y cuando regresa no sale de casa.
Se podría decir que lleva más tiempo muerto que Pura, aún estando vivo.

-Tendremos que ir un rato al velatorio de la Pura.
¿Digo yo..., qué la tendrán en su casa?

-¡Hala! "Pos vamos pallá".

Se encaminan hacia la casa de Pura, la Gregoria, la Tea y otras dos vecinas más que han salido de un callejón.
-¿Ande vais?
-Ancá la Pura
-Pos vamos toas juntas.
La puerta está abierta; el patio está llenos de hombres que fuman y cuentan chistes como si estuvieran en una feria de "ganao".
 Ajenos al dolor, parece que los hombres sólo se apenan cuando les toca muy de cerca la desgracia.
Al lado de la ventana de cristales empañados está Cayo, va vestido con un pantalón negro y un jersey de cuello alto negro. Se ha convertido en un hombre maduro, guapísimo y muy interesante con el pelo ya  canoso.
Está allí, sentado, junto a Jean Pierrer y su tío Pedro, el hermano de su padre, que vive en Madrid.

Entran las vecinas y con la humareda y la oscuridad del patio no ven un pijo. Al fondo se ven unas velas encendidas y entran en la sala, y, allí, están todas las mujeres sentadas en sillas de enea que están colocadas junto a la pared, y en el centro de la sala, encima de la mesa camilla, y encima de un tapetito de ganchillo, está la urna con las cenizas de Pura.
La Gregoría, entra y se planta delante de la urna y dice en voz alta llorando:
- ¡Ay Pura pa lo que has quedao! 
Ya te dije yo que no te fueras pa Francia...
La María que está sentada, rezando con un rosario en la mano, al oírla, levanta la cabeza, y la mueve para un lado y para otro.
-¿Y cómo ha sio...?
-Mu mal tie... que habel quedao pa que entre en esa cajina...
-Glegolia, no seas boba, es que ahora los queman y se quean asina...
-Pos a mí que me dejen de bobaaas y de tontaaaas, que si no está aquí de cuerpo presente, ni paece que se ha muerto, ni naaa... de naaa...
Porque, ahora mesmo ¿Quién me puede asegurar a mí que esas son las cenizas de la Pura?
Estas modas de París...a mí... no me van; cuando yo me muera que me hagan un "intierro" como dios manda....
Glegolia, no te callas ni debajo del agua, una vez muerta, que más te dará a tí...
-Pos, mira, si me dá... a mí que no me charrusquen, y donde esté un buen ataúd de madera, que se quite una cajina de esas...
Por cierto ese tapetino de ganchillo que hay debajo, seguro que lo has hecho tú María...
Ando yo detrás de uno... pero no acabo de sacarle el punto...
A vel... a vel...-tira del tapetito la Glegolia y sale danzanzo la urna y las cenizas de Pura.
Se santiguan todas y se tiran a por la Glegolia como lobas:
¿Pero que has hecho insensata?- le dicen-
-¿Ahora que vamos a hacel...? ¡Anda! trae la escoba y el recogedol....y ¿Qué hacemos con el tapete?
-Pos sacúdelo pol la ventana...
-Pero si se ha quedao la urna medio vacía, entre las cenizas que se han metido entre la "jiendas" de las lanchas de la pizarra y las que has sacudio con el tapete le falta a la cajina media cuarta de cenizas...
-Pues pa que nadie se dé cuenta coge unas poquinas cenizas del brasero y las "rebujas" con las otras y nadie se entera.
-¡Anda! que si nos está viendo la Pura desde algún lugal..., seguro que se está partiendo de risa, dice la Tea...
-Pos seguramente, porque la Pura tenía mu buen talante
-Ya te dije yo... si hubiera estao la Pura de cuerpo presente no pasa esto...
-Date prisa, que como se entere el hijo te echa de aquí a gorrazos...Vamos a rezar un padre nuestro por el alma de Pura.
-¿María y tú sabes que habrá  hecho Cayo con las ropas de la Pura?
-Ni lo sé, ni me interesa...
-Hija pos que escogía eres, pos a mí... si que venían bien uno de esos abriguinos tan "guenos " que traía la Pura últimamente.
-A ti...esos abrigos no te entran ni en una pata...
-Pos mira que a tí....no te entran ni en un "deo".
-Por respeto a Pura no te doy aquí mesmo un rodeón de cara.
- Bueno y porque no te puedes levantal del sillón. Qué cuidao que estás golda...María.
-¡Cálla, que viene el cura!

Los hombres, siguen fumando y contando chistes, pero cuando entra el cura, se salen a la calle y, en corros, continúan con la conversación, como si con ellos no fuera la pena, ni el funeral de la pobre Pura.
En cambio las mujeres, están todas con caras compungidas y llorando.
Entra Cayo en la sala, coge la urna y se mancha las manos de cenizas;  mira a María...con extrañeza, y ésta mueve la cabeza .
Y la Glegolia le dice: resignación hijo, resignación...

Se dirigen hacia la iglesia y, allí, el cura hace el funeral, y  cuando todo estaba en silencio chirría la puerta de la iglesia y todos los vecinos vuelven sus rostros y ven entrar a Salvador, que entra con la cabeza bien alta.
Se oye un enorme murmullo del cotilleo de los vecinos y el cura les manda callar.

Al terminar el funeral todo el pueblo vuelve a desfilar delante de Cayo y de las cenizas de Pura y le besan y le abrazan por enésima vez.
Le aprietan la cara, le aprietan el brazo, le dan golpes en la espalda...
Al final del entierro acaba tan machacado como si le hubieran dado una gran paliza.
Acaba el entierro y aún sigue la gente en casa de Pura: Una vecina le lleva a Cayo una cazuela con cocido, otra vecina le lleva unas lechugas, otra le lleva un zorongollo de pimientos, otra le lleva unos huevos, otra le lleva un conejo, otra le lleva un bizcocho.Todo se lo van poniendo encima de la mesa camilla de la sala.
Jean Pierre no entiende nada de nada, le dice a Cayo:
-¿Esta gente es siempre así de generosa y de pesada?
-Sí, siempre es así, dice Cayo, ¿Qué pasa?.
-Rien, du rien...

Cuando llega la noche, y por fin se ha marchado toda la gente, y Jean Pierre se ha ido a dormir, Cayo coge una maleta de libros y cosas personales de Pura, que le ha embalado África, para dejarla aquí en el pueblo. Entra en el dormitorio de Pura y contempla con tristeza la cama donde él tantas y tantas veces dormía abrazado a su madre cuando era pequeño y sentía miedo por las noches.
Las lágrimas encharcaron sus ojos. Se sentó en la cama, abrió la maleta y debajo del libro de los "Miserables", descubrió un precioso cuaderno con las hojas en tonos pasteles y lo abrió y en la primera hoja ponía:

Diario de Pura


Continuará...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenas ,
Ya empezamos con el relato .La verdad que se me saltan las lágrimas ,pero tb me he reído .Porque estas fechas son muy tristonas , espero ver lo positivo de tu gran historia.
Mariche.

Nines dijo...

Bien, bien!!

Me encantan los personajes. Ya estoy esperando el siguiente capítulo.
Beso

Nines

Brigida dijo...

¡chicas!voy a intentar meter uno cada 15 días.
¿Quién me mandará a mi meterme en estos beréngenales?
Besitos