miércoles, 30 de enero de 2013

El diario de Pura (5)




-¡Llama al médico de una puñetera vez Anita!.No sé si estará borracho... o no... pero de lo que no me cabe la menor duda es que cada vez le veo en peor estado.
-¡Cayo pol favol, ve tú a llamarle...!
-¿Dónde vive el médico?
-An ca... doña Ramona...
-¿Cómo qué dónde doña Ramona...?
-Sí... Cayo, el tarambana de su hijo al final sacó la carrera... ya se tenía que habel jubilao...pero no quiere "entoavía"...
Dicen las malas lenguas que su madre fue la que sacó la carrera de "midicina" a base de llevarle jamones a los profesores...
-Lo siento Anita a mí no me apetece ir  a esa casa a buscar a nadie...
-¡Ah! será por lo de tu madre...
No te preocupes que ya se ha "regenerao". Es todo un caballero, ya ni bebe ni... na.. de na...
No como este gandul mío que se pasa el día en la solana con una mano metía en el bolsillo y la otra con el cigarrucho...en la boca. Echa tanto humo, al cabo del día...., que yo cuando me viene su imagen a la cabeza, veo su cara como un borrón de humo, y si no está en la solana está en el "bal" a toas horas.
¡Uy,yu..yuy...! qué mala cara tiene...
-Pues llámale por teléfono...Anita.
-¿Está el doctol?, soy la Anita la de Juan el "quitapenas", la hija de la tía María la "matapulgas" y del tío Rafael "queteachilinco"... Es que llamo porque el mi hombre está tirao en el suelo... y no sé, si es que le ha dao un "patatún", o es que tiene una melopea de esas de no te menees, o es que se está muriendo...mire usted D. Salvador...
Pos sí, sí... hace unas muecas mu... raras, la boca la tiene retorcía y le llega, lo que es la "boquera", hasta la oreja derecha.
Como le digo en la boca se le ha quedao "encalló un cigarro, que como se le vaya pa atrás "me se" va a "ajogar".
 Y... los ojos los tiene como "esturnios" los dos revolcaos "parriba", y "me se" ha meao...toito...
¡Venga!, ¡Venga! Don Salvador...que ya no hace na... de na...
-Hágale la respiración artificial mientras llego yo - se oye al otro lado del teléfono-
-¡Ay! Cayo, hijo dice el doctol que le haga la respiración "altificial"
A vel... como le abro yo la boca, si la tiene toa  retorcía... y con los dientes atrancaos...
¡Acércame! esa cuchara de palo a vel si conseguimos abrirle la bocaza...
Na... no... hay manera, la ha trincao...  pero que bien trincaa...

En décimas de segundo Juan abre la boca y mira fijamente a la Anita y le dice :

¡Cabrona!

Ladea la cara y la deja caer al suelo.

-¡Ay! lo que me ha dicho el mu... tunante...
Llaman a la puerta...
-Pase doctol, pase, que yo creo que ya "me se " ha muelto...porque si fuera una buena "pea"respiraría algo...
Este es Cayo el hijo de la Pura...
-Écheme una mano, por favor, vamos a llevarlo a la cama.
El doctor le ausculta, le abre los ojos, se los mira con la linternina... y dice:
-Anita...Juan ha pasado a mejor vida...
-Yo lo dudo doctol, ¿A mejol vida...a  mejol vida que la que ha pasao aquí...sin darle un palo al agua y to el día borracho perdio...?
¿Ay! con lo que yo le quería en el "emprencipio"...
Y...¿Ahora qué?, me deja a mi viuda, ya pa que acabe yo de rematal la faena de esta puta vida...que he llevao a su lao...
Mira que me lo dijo mi padre:
 Anita... deja ese novio tuyo, que es un gandul...
¡Ay! qué desgraciaita... soy.
-Anita ,te acompaño en el sentimiento, ahora tengo que marcharme- le dice Cayo-

¡Ay! Cayo no me dejes sola...

-Pero Anita que no estás sola ya ha llegado toda tu familia...

Cayo sale de la casa de Anita y Salvador va trás él.

-Espere un momento.
Cayo se detiene y le pregunta:
-¿Qué quiere?
-¿Tú eres el hijo de Pura?
-Sí... ¿Algún problema?
-Ninguno, hijo..
-No me llame usted hijo que yo ya tengo un padre aunque esté muerto...
-Disculpa, ¿No me reconoces?
-Sí, ustedes es el hijo de puta que le hizo imposible la vida a mi madre...
-Yo quería mucho a tu madre, tanto, tanto, que los malditos celos me hicieron hacer barbaridades.
-No pretenderá que le perdone, no intente justificar sus maltratos echándole la culpa a los celos.
-¡Cayo escucha! solamente una vez maltraté a tu madre, el día que nos descubriste en la tapia del cementerio. Estaba borracho le di un bofetón y se cayó y se rompió el brazo y yo no sabía que se había roto el brazo, cuando salí de allí pitando, ofendido y borracho...
-Usted es un cobarde cabrón por pegar a una mujer, a una mujer tan buena como mi madre...
-Tu madre me quería tanto como yo a ella, siempre nos quisimos desde niños, si tu padre no se hubiera metido por medio, ahora estaríamos juntos, no hubiera muerto y tú serías mi hijo.
Aún así siempre te he considerado como mi hijo. ¿O no recuerdas los regalos que te hacía yo cuando eras pequeño?
-Ustedes los ricos provincianos se creen que se compra a la gente con regalos, usted me haría regalos, pero nunca le tragué, por favor... déjeme en paz...
-Tiene que darme una oportunidad para explicarle mi relación con su madre...
-No quiero ser su confesor, si tiene problemas de conciencia, es justo que pague por lo que hizo.
-No tengo problemas de conciencia... ella me perdonó te lo puedo demostrar...
-¡Déjeme! que yo creo que por hoy ya he tenido bastante con la muerte de Juan.

Cayo deja a D. Salvador con la palabra en la boca y se mete en su casa.
Se está empezando a agobiar en el pueblo, no tiene nada de intimidad. Ni siquiera en su casa, constantemente están llamando los vecinos a su puerta, duda si habrá sido una buena idea quedarse aquí.

Se dispone a dar un paseo por la dehesa, se abriga bien y coge su teléfono móvil para llamar a África, necesita oír su voz y decirle que la echa de menos.
Ha levantado la neblina mañanera y hace un día espléndido, la dehesa está preciosa las praderas verdes debajo de las encinas están con una capita blanca de la helada; y el sol al derretir la escarcha levanta una nube blanca.
Las aguanieves culonas picotean en el suelo; los colorines cantan y los perros del pastor ladran como locos cuando pasa a su lado. Levanta el bastón y los perros callan y miran a  Cayo con caras de malas pulgas.
Cayo continúa andando y los perros se vuelven y continúan mirándole, ahora, con una mirada sumisa y tristona.
Se aleja, respira hondo, enciende un cigarrillo y se dirige a leer un cartel que cuelga de una alambrada, se pone las gafas y lee:
"Se vende finca de secano con encinas y parte  de regadío".
Salta la alambrada y penetra en la finca, es una finca preciosa con muchas encinas y enormes alcorconoques, las praderas están llenas de peos de lobo, y, como cuando era un niño, salta encima de ellos y al explotar sale un polvo sulfuroso de color verde.
Con el ruido, sale una zorra colorincha, con la cabeza "gacha" y "juitiva", corriendo hacia el arroyo, y en dirección contraria, corre de pérfil un conejo, con las orejas tiesas apuntando hacia el cielo y mira a Cayo asustado con sus grandes ojos anaranjados.
Continúa caminando entre las encinas y cuando llega al arroyo se sienta al lado de un alcornoque en una enorme piedra de cuarzo blanco y gris, que brilla, como una piedra preciosa, cuando los rayos de sol inciden en ella.
El ruido "adormidero" de las aguas, al caer por el lecho del arroyo, emboban y adormecen a Cayo; las florecillas blancas silvestres bailan dentro del agua y alegran su espíritu, las ranitas saltarinas, los aclaraaguas, los pececillos de ojos saltones amarillos le recuerdan lo fácil que puede ser la vida, si no nos la complicamos creándonos necesidades que no son necesarias para vivir...
Pero poco le duró la tranquilidad a Cayo. Se sentía tan feliz que quería compartir ese momento mágico con su amada África y cogió el móvil y la  llamó:
-África, ¿Qué tal estás?
-Bien, bien.. ¿Y tú...?
-Bien, en estos momentos estoy como en el paraíso, estoy a la orilla de un arroyo y me quedaría aquí todo el día, pero te echo de menos y estoy deseando que vengas para acá...
-Cayo las chicas no quieren ir y yo tengo mucho trabajo en estos días, no creo que pueda ir, será mejor que te vengas tú para acá...
-No puedo África...Tengo  que resolver unos asuntos que tengo pendientes desde hace muchos años...
-¿Qué asuntos?
-Cosas mías, África...
-¿Cosas tuyas o de tu madre Cayo?
-Si son de mi madre son también cosas mías, África...
-¿Y mías?, ¿Son también cosas mías, Cayo?
-Tú sabrás...
-¿Yo sabré...?
-No me hagas hablar... 
-Te estás volviendo loca o ¿ qué  te pasa?
-No... loca tu madre, ella si que estaba loca...
-No te consiento que hables así de ella...
Cayo enfadado colgó el teléfono y se quedó mirando un rebaño de ovejas que pacían tranquilamente en la pradera.

Buscó en la mochila y sacó el diario de Pura.

Junio 1968

Esta mañana han llamado a la puerta de la portería cuando he abierto me he encontrado de narices con Jaime:
-¿Estas sola?

-Sí ¿Por qué?

Ha pasado a la casa sin yo invitarle y me ha dicho:

Pura te debo una explicación...; me he enamorado locamente de ti, me estoy volviendo loco, no hay un momento del día y de la noche que no piense en tí.

-Jaime ¿por qué me engañaste? ¿Por qué no me dijiste que eras policía?

-¿Y eso qué importa...? Te dije que era músico para acercarme a tí, si te hubiera dicho que era policía no hubieras hablado conmigo con tanta libertad y no te hubiera conocido.

-No me gusta que me mientan y lo que ya no entiendo es como pude yo acabar detenida en una comisaría en la que tu trabajas...
He llegado a pensar que tu lo planeaste todo para volver a verme.

-Es cierto, te he estado siguiendo estos días y te pido por favor que me perdones.

-¿Qué te perdone? Tú... no te puedes imaginar como lo he pasado yo encerrada sin poder ver a mi familia, sin poder recoger a mi niño chico del colegio.
Y el sufrimiento de mi marido buscándome por todo París...
Todo porque el señor policía dice que se ha enamorado de mí...,además no me lo creo...

Jaime en esos momentos me rodeó con sus brazos y me besó apasioandamente y yo no pude negarme, le conduje hacia el dormitorio, me desnudó poco a poco... y empezó a acariciar todo mi cuerpo, cerré los ojos, me dejé llevar y me entregué por completo a Jaime.
Jaime quiere volver a repetir estos encuentros y yo... también.
Me estoy metiendo en la boca del lobo, pero no siento remordimientos de conciencia porque cada vez me doy más cuenta que mi marido sólo se quiere a sí mismo,es un egocéntrico, primero es él y luego él... Si se acerca a mí no es por amor es para aliviarse él.
Es como un trozo de mármol, gris y frío. Me separaré de él, lo que no puedo es seguir engañándole...
Hablaré con él. Si puede ser hablaré con él hoy mismo...
O mejor... dejaré que pase un tiempo no quiero precipitarme, quiero hacer bien las cosas, le quiero mucho y no quiero hacerle daño.
Tan solo llevo un mes aquí en París...Tenía tantas ganas de venir a vivir aquí con él... y ahora que por fin lo he conseguido me doy cuenta que no tenemos nada en común.
Si no hubiera surgido Jaime todo sería más fácil, yo no podría compararlos y me habría amoldado a Fidel.

Estaba Cayo leyendo el diario de Pura cuando una mano femenina le golpea dulcemente en la espalda:

¡Hola Cayo! ¿No me reconoces?

Cayo se quedó mirando a una hermosa mujer que le sonaba su fisonomía pero no sabría decir quien era.

-Ya veo que no me reconoces... soy Irene.

-¡Ah! perdona Irene, no te había reconocido... hace ya tanto tiempo... por lo menos 35 años que no nos vemos.

-¿Qué haces aquí? porque si no recuerdo mal te fuiste a vivir a Madrid...

-Sí me fui a vivir a Madrid, pero me separé de mi marido y me vine a vivir aquí a esta finca que compraron mis padres.

-Pero he visto un cartel que la venden.

-Vendo una parte, en la otra parte tengo una casa rural y además me dedico a la ganadería:
ovejas, cabras, gallinas, pavos.

¿Y tú..creo que te va muy bien? Tengo oído que eres uno de los pasteleros más famosos de París...

-Sí, sí me va bien.

-Chico pues no lo dices como muy convencido...

-Es que no tiene nada que ver la vida allí con la vida aquí...

Hace un momento me he quedado dormido con el ruido de las aguas del arroyo, esas cosas allí son imposibles.

-Te invito a un café  y pruebas uno de mis bollos caseros, yo también sé hacer bollos..., aunque no sea tan famosa como tú...

Continuará