miércoles, 3 de abril de 2013

Diario de Pura (9) y último




¡Deme la carta y márchese! , por favor -le dice Cayo a Salvador-

-Coge la carta, la mira y la remira y la pone al final del diario. Antes de leer la carta quiere saber lo que su madre ha escrito en el diario.

Julio 1980
Vuelvo a retomar la escritura en mi diario después de tiempo sin escribir nada. He pasado una mala racha y no tenía ganas de nada.
La relación que mantuve con Jaime ya no existe. Cada día me exigía más y más... quería estar conmigo a todas horas, me sentía agobiada y atada de pies y manos.
Todo acabó el día que celebramos su cumpleaños en el hotel. Como en otras ocasiones, en casa, puse la excusa de que tenía que preparar un examen.
Jaime estaba muy nervioso y nada más entrar en la habitación sacó del bolsillo una papelina y la snifó en el cuarto de baño. Él se pensaba que yo no le veía, pero le estaba viendo reflejado en el espejo y me dejó un poco perpleja, yo no sabía que se drogara.
Me entró un nerviosismo y un estado de ansiedad y miedo como nunca lo había experimentado.
Al rato salió del baño eufórico y como me vió callada y preocupada, sacó otra papelina y me dijo:
Prueba esto, que vas a entrar en un mundo maravilloso.
Por supuesto, me negué, y aturdida y medio mareada cogí mis cosas y me fui del hotel.
Él salió tras de mí, gritándome e insultándome, puta,  más que puta, vas a hacer lo que yo te diga.
Yo cada vez corría más, pero se me torció un tobillo y me alcanzó.
 Con la cara descompuesta, me dijo que si me creía que me iba a librar de él, así como así, que lo tenía claro.
Me apretó fuertemente del brazo y me llevó practicamente a rastra al hotel. Allí me violó como un animal y le odié a muerte.
Ahora puedes irte, seguía gritándome: so puta, y que esto...de escaparte no vuelva a suceder...
Llorando y humillada me marché a casa, sin saber de que forma podría poner a fin a esta relación.
He vuelto a caer en la trampa, yo que creía que había encontrado al hombre perfecto que me daría amor, ternura y además tendría a alguien con quien compartir mis aficiones. 
Pero siempre hay "algo", y esto es gordo, pero que muy gordo, se droga..., y hoy lo ha demostrado, se convierte en un animal sin límites.

Estuve toda la semana mal, y Fidel que me conoce bien, me dijo un día:
Pura ¿Qué te pasa?, sé que algo pasa... y sé... que algo me quieres contar y no te atreves.

Le conté toda mi aventura con Jaime y para mi sorpresa a él no le sorprendió nada de nada.
Y tuve el valor y la desfachatez de decirle:
¿Parece que te importa un pimiento que te haya engañado Fidel?
Pura, la historia se repite...-me contestó-.
¿También sabes lo de Salvador?
Sí, Pura, me dijo, no necesito que me des ninguna explicación, puedes tener todas las aventuras que te apetezca, lo único que te pido es que permanezcas a mi lado, que no me abandones.
Al oír a mi marido decir esas palabras me derrumbé y me abracé a él, lloré amargamente y me sentí tan protegida que me quedé profundamente dormida.

La tarde del domingo la pasé con Fidel y hablamos largo y tendido del tema de la noche anterior y él quería que denunciásemos a Jaime, pero yo le dije que no nos harían ningún caso porque Jaime era inspector de policía.
Prometí a Fidel no volver a ocultarle nada y él me prometió estar más pendiente de mí.
Llegamos a un acuerdo, cada uno podía tener la relación que le apeteciese, pero siempre nos lo contaríamos todo para que no hubiese sorpresas.
De esta forma Fidel y yo empezamos a estar más unidos que nunca.
Yo le dije que había  encontrado a un hombre en mi vida, del que seguía enamorada, y que era Salvador.
Salvador,- continúe dicéndole- hacía que me sintiera querida e importante.  Pero todo se estropeó por ese maldito día que había bebido y tras una discusión, me dió un tortazo y con tan mala suerte perdí el equilibrio y al caer me rompí  el brazo.
No le comprendí el día que corría, desesperado, detrás de mí para que yo no me viniera a París, y yo subí  por una escalera vieja y podrida, se rompió un paso de palo y caí al suelo y quedé inconsciente.
Le culpé de lo que me pasó... pero ahora sé que él no fue del todo culpable de este accidente.
Sé, por mi amiga Ani, que vive atormentado desde aquel día; que nunca más volvió con su mujer; que se divorció y acabó la carrera de medicina y que se ha convertido en un médico respetable.
Muchas noches sueño con él, que está a mi lado y me despierto viendo su rostro a mi lado, y acaricio sus cabellos rojos.

¿Y por qué no te quedaste con él , Pura?, me dijo Fidel...
Te idealicé en la distancia, le dije a Fidel.
 Y no es que seas peor ni mejor..., simplemente eres como eres, eso sí, un poco sieso, le dije riendo, pero un gran hombre.

Lo siento Pura, me dijo, en cambio yo siempre te he  querido como eres y nunca me he equivocado, te quiero así, con tus virtudes y tus defectos.
En cuanto a mí..., soy así y no sé ser de otra forma.
Ya me gustaría..., por ejemplo, comprarte un ramo de flores... y venir saltando de alegría a casa para regalártelo... pero me da vergüenza comprar flores, e ir por la calle con un ramo de flores...
No me sale Pura, no me sale ser romántico. Soy un hombre chapado a la antigua...
 Yo comprendo...tus gustos y envidio a esos hombres que pasean por los jardines, agarrados de la mano de sus mujeres... pero yo no puedo, mi timidez extrema me lleva a comportarme de esa forma extraña y retraída.

Eres tan buen hombre Fidel que tu bondad y comprensión, a veces, me hace tener remordimientos de mi comportamiento- le dije.
 Pero tú has estado demasiado tiempo solo y eso te ha hecho tímido y egocéntrico.Y eso hace que yo busque fuera lo que no encuentro en tí.

Sí, Pura, te entiendo perfectamente, pero yo no tengo esa necesidad que tú tienes...o mejor dicho esa insatisfacción permanente que tú tienes en tu vida. Será porque no me complico la vida como tú, simplemente te amo a mi manera...Que según tú es insuficiente...

Fidel, a las mujeres nos gusta que nos mimen y nos adoren...

Pero, Pura, eso es un comportamiento machista...

¡Qué tonterías! Eso es buen rollito Fidel. Si tú eres amable y cariñoso conmigo la relación fluye y yo, igualmente, lo sería contigo, pero si sólo eres amable cuando buscas sexo "eso" a mí no me vale.
Ni a mí... ni a la mayoría de las mujeres...
Sé, Fidel, que tú no has estado con ninguna mujer que no sea yo... pero intuyo que no es por falta de ganas...

Pura...bastante tienes ya con tus líos como ahora intentar buscar cosas raras en mi interior...
Pues sí, Pura, me gustan otras mujeres, pero eso no significa que quiera liarme con ellas...
Y, puesto que estamos sincerándonos, continúo Fidel, tengo que decirte que tengo que darte algo que vengo ocultándote durante mucho tiempo.
Fidel se dirigió al dormitorio y del último estante del armario sacó de una caja escondida un montón de cartas.
¡Toma!, me dijo: son de Salvador...

Me puse como loca de alegría y pasé casi toda la noche leyendo las cartas de amor de Salvador.
En todas me pedía que sólo necesitaba un "Sí" para que viniera a París a verme.
Y por supuesto en todas las cartas me pedía perdón por aquellos tormentos, por los que en su día, me hizo pasar.

Cuando terminé la última carta,( que tenía en el matasellos la fecha de cuatro días atrás), miré a Fidel, y Fidel, más como un padre que como un esposo, me dijo:

¡Escríbele!

Gracias, gracias...

Escribí a Salvador y como no quería que hubiese nada oculto entre nosotros le conté la relación que había mantenido con Jaime, le dije que en realidad a quién yo buscaba en Jaime era a él.
A los 5 días recibí carta de Salvador estaba loco de contento y me dijo que si podía venir a verme. Lo consulté con Fidel y me dijo, que él lo que quería era verme feliz..., que yo hiciera lo que creyera conveniente.

Y de esta forma volví a retomar la relación con Salvador en la distancia. El venía a verme una vez al mes y pasábamos unos días juntos.


Noviembre 1999
Fidel ha comenzado a tener fallos en la memoria, me dice Salvador que eso, es muy probable, que sea una demencia senil prematura.
Me enternece y me apena ver así ... a un hombre tan fuerte y tan seguro de sí mismo como siempre ha, sido.
Nuca le dejaré, cuidaré de él toda mi vida como él lo ha hecho de mí, y ,eso, se lo he dejado muy claro a Salvador y lo entiende perfectamente.
Salvador no me agobia, me quiere y respeta mis decisiones.

Noviembre 2011

 Me invade la tristeza, hace  más de un año que mi marido murió y nunca me he sentido tan sola a pesar que mantengo la relación con Salvador, que me ama y le amaré hasta la muerte.
Pero Fidel ha sido para mí un gran apoyo, un hombre bueno y generoso, y lo que es más importante ha sido el padre de mi hijo.
Sólo tenía un fallo, no sabía amar a las mujeres...

En cuanto a Jaime, sigue acosándome cuando encuentra la oportunidad. A veces me me envía un policía a casa para que me acerque a la comisaría, argumentando que mis papeles no están en regla.
Yo le digo a Jean Pierre que me acompañe y aunque él me hace pasar sola a su despacho, como sabe que me están esperando, no suele pasarse demasiado.
Tuve que contarle todo el embrollo a Jean Pierre y el me dijo que lo solucinaría enviándole una nota a la mujer del inspector.
Para poder llevar el plan a cabo, debería quedar un día y a una hora concreta con él en el hotel.
Y ese mismo día citaría allí a la mujer del inspector.
Llegó el día, yo iba muertecita de miedo a la cita y cuando llegué al hotel vi por allí  un gran revuelo y una ambulancia. Alguien gritaba que una alemana había matado a su marido.
Enseguida comprendí lo que había sucedido, me fui del lugar, bajé las escaleras del metro y me topé de narices con Salvador, pues esa semana había venido de España para verme y estar conmigo.
A pesar de que estaba nerviosísima no quise contarle a Salvador nada de la cita  con Jaime, pues no quería que se pusiese celoso.
Me acompañó hasta casa y quedamos en vernos al día siguiente en una estación del metro de París para luego dirigirnos a un publecito de la costa a pasar unos días.
Yo encontré raro a Salvador, me dijo que de dónde venía, de ese barrio tan elegante, en un tono malhumorado, pensé que estaba cansado del viaje y no le dí importancia.
Más tarde me contó él, que me había seguido y estaba indignado porque creía que le le estaba engañando...


Estaba Cayo leyendo el diario de Pura cuando de repente los cristales de la ventana se empañaron de tal forma que no se veía practicamente nada.

Aparecieron letras escritas a gran velocidad:

Cayo:

- Correeee...avisa a todos los vecinos; que se suban a las azoteas o a los tejados. Viene a lo lejos, una enorme riada devastadora, arrastrando coches, ganado y hasta a alguna persona.

-¡Qué bobada madre! me van a decir que estoy loco.

-¡Qué importa eso ahora!, ¡Súbete al sobrao y mira por el ventanuco!, no verás todo lo que yo veo pero verás algo raro.

Cayo subió al sobrao y miró por el ventanuco y lo único que vio fue una oscuridad inmensa y que llovía a mares.
Cogió un paraguas, salió a la calle;  el agua ya estaba al nivel de las aceras y fue avisando a todos los vecinos.
 La mayoría creía que se había vuelto loco, pero cuando vieron que las aguas iban subiendo, le hicieron caso y se subieron a las azoteas.

Cuando Cayo regresó a su casa en los cristales empañados había una nota:

 Ha reventado la presa del pantano y se ha tragado al pueblo que está al lado.

Las aguas lo inundan todo, hijo, ¡Ten cuidado!.

De repente Cayo se acordó de Irene y salió a la calle, e  intentó poner su coche en marcha pero no le arrancaba.
Casualmente pasaba por allí Salvador, le preguntó dónde iba, y le contó todo lo que su madre le había comunicado y que iba a la finca de Irene.
Don Salvador le dijo que si quería que le acercaba en su todo terreno.
Cayo, accedió, se montaron juntos y se dirigieron hasta la finca.
Al llegar allí se encontraron con un espectáculo dantesco. Por el arroyo y por todas la vaguadas iban flotando, vacas, cabras y ovejas ahogadas.

A lo lejos pudo ver a Irene y la familia peruana que estaban subidos en el techo de la casona.
Ireneee...Irene... gritaba Cayo desesperado, mientras trataba de salir del coche y de ayudar a salir a D. Salvador...
La corriente se llevó a D. Salvador y Cayo nadó para poder rescatarle pero fue imposible una gran tromba de palos y de basura y animales ahogados le empujó y le arrastró a gran distancia.

Cayo se agarró como pudo a una enorme rama de una encina centenaria y consiguió trepar hasta la rama más alta.
Irene le miraba desesperada, desde lo alto de la casona,miraba, como se zarandeaba con el viento y la lluvia. Temía por su vida.
Gritaba: Cayoooo te quiero... por favor resiste....
Irene yo también te quiero y quiero vivir contigo el resto de mis días...

Cayo palpó en su bolsillo y cogió el diario de Pura y lo arrojó a las aguas; de esa forma rompió para siempre con su pasado y siguió gritando:
Ireneeee te quiero...
Pasaron la noche, más larga de sus vidas, unos en el tejado y él en la encina, y cuando amaneció las aguas habían subido aun más, pero el cielo estaba claro y el viento había amainado.
Las aguas seguían arrastrando enseres, animales muertos y una tanda de corchos de alcornoques.
Se agarró a un corcho y se dirigió hacía la casa, se agarró a la verja de la ventana del piso de arriba y pudo trepar hacia el tejado y fue hacía Irene, se abrazaron y besaron, mientras Irene lloraba diciéndole: que había perdido a todos sus animales y que su bonita casona se habría destruido, y Cayo la consoló diciéndole que cuando todo volviera a la normalidad levantarían de nuevo todo... los dos juntos, si ella quería ser su pareja.
Entre risas y llantos se besaban y los niños peruanos les aplaudían.
Se abrazaron todos para darse calor y ,en esos momentos, Cayo comprendió que de ahora en adelante esa sería su nueva familia.

En el móvil de Cayo había un mensaje de África: ha venido un gendarme a casa y ha dicho que han visto en una grabación de una cámara de vigilancia, que  tu madre no sufrió un accidente, que fue empujada al andén por un hombre de edad avanzada, no se le ve la cara , lo único que se ve es el cabello ondulado y pelirrojo.

¡Maldito seas Salvador!, gritó Cayo.

Corrió un tupido velo con respecto al diario de su madre y la carta de don Salvador, que nunca llegó a leer porque se fue, con el diario y con D. Salvador, riada abajo.

Por, supuesto, se separó de África pero mantuvieron, él e Irene, una maravillosa relación con ella y sus hijas, y les visitaban en fechas señaladas.
En la casa rural de Irene Cayo montó una escuela especial de alta pastelería donde acudían famosos cocineros y alumnos a realizar cursos.
Viajaban juntos en determinadas épocas, a Japón, China y América y triunfó con su pastel ibérico a la crema glacé de bellota avellanada. 

Fueron, Cayo e Irene muy felices el resto de sus días. 

Y su querida madre, Pura, como le prometió, no volvió a escribir en los cristales empañados.

Pura pasó por la vida como una flor de jara, delicada, frágil, confiada y con fuertes raíces,  buscando, siempre el amor, en medio de un mundo hostil.

Fin.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué pena se nos acabó la novela , con lo entretenida que estaba , verdad Javichuelo?
Seguro que empezará una nueva .
Besos
Mariche

Brigida dijo...

Gracias, sobri...
Un beso.