domingo, 24 de marzo de 2013

Roscas fritas




¡Qué ricas están la roscas fritas! Nunca conseguiré hacerlas tan buenas como le salían a mi madre, pero ahí os pongo las que he hecho yo.

Ingredientes:
-3 huevos.
-10 cucharadas de azúcar.
-1 vasito de aceite de oliva.
-1 vasito de leche.
-1 vasito de agua de anís.
-1 sobre de levadura.
-500grs de harina.
-Ralladura de limón.

Elaboración:

En primer lugar separa las yemas de las claras y bate las yemas con el azúcar hasta que se quede como una crema.

Seguidamente le incorporas, la leche, el agua de anís, la ralladura de limón y el aceite.

Añade la harina poco a poco y la levadura.

Por último le añades las claras a punto de nieve.

Ármate de valor y amasa bien, es un poco angustioso..., porque la masa se queda toda pegada en los dedos, se desprende si incorporas harina hasta que no se te pegue la masa a los dedines..., pero, recuerda que no debes dejar la masa demasiado dura.

Para hacer las rosquillas, echa, también, un poco de harina en la mesa para que no se peguen.

Haz  bolitas y las aplastas de dos en dos y le haces un agujero en el medio.

Para freírlas calienta aceite en la sarten, yo las he frito en aceite oliva porque me gusta el sabor, pero también quedan muy bien en aceite de girasol.

Al terminar de freírlas puedes echarle azúcar por encima.

martes, 19 de marzo de 2013

Secreto





Esta carne del cerdo se llama secreto, y debe de estar muy, muy escondida para que reciba tal nombre.
 Pero de lo que no cabe la menor duda que es una carne exquisita y jugosísima.

El sábado la compré en la carnicería de Zarza, a un precio asequible, con una calidad excelente y fresquísima.

La forma de prepararla no puede ser más simple:
En una sartén de hierro puse un chorrín de aceite de oliva, allí le dí varias vueltas a la carne sin sal a fuego fuerte, para que se queme la grasilla que tiene y quede jugosa por dentro.

Y en un mortero machaqué un ajo, le eché un buen chorro de aceite de oliva, sal gorda y un chorrín de vinagre.
 Me faltó el perejil y la guindilla picante, que era lo que le echaba mi padre al "cacho" que se asaba en la matanza, a lo largo del día para ir soportando la ardua tarea.

Este machado se lo eché por encima antes de servirlo.

Salud.

viernes, 15 de marzo de 2013

Diario de Pura (8)



Cayo está confuso, las palabras de Salvador no son ninguna tontería, le ha hablado de un policía, y no le cabe la menor duda que se refiere al tal Jaime del que escribe su madre en su diario.
 Le ha echado de casa porque no le tiene ninguna simpatía, por todo, lo que en su día, le hizo a Pura.
Tengo que avanzar en la lectura, piensa Cayo, para intentar averiguar que es lo que ha pasado. Puede que tenga razón este hombre, es muy raro que mi madre se cayera a las vías del metro...


Estaba en esos pensamientos cuando suena su móvil, es África:

-Cayo por fin te pillo, he estado toda la tarde-noche de ayer llamándote y no me cogías el teléfono...¿Dónde has estado?
-Aquí África...lo que ocurre es que me quedé sin batería y no me dí cuenta...
-Tu primo el moqueras, me ha mandado un "guasaps" y me ha dicho que te ha visto esta mañana muy temprano...
Yo le he preguntado: ¿Dónde y en qué lugar?
 Y me ha contestado con cierta sorna: que me lo dijeras tú...
-¿Y, es que tú te "guasapeas" con ese tonto, África?
-Sí, con él y con mucha más gente de ahí...
¿Dónde estabas, si es que se puede saber?
- Sí, claro que sí..., se puede saber, he pasado la noche en la casa rural de Irene...
-A qué bien...con Irene... y ¿Qué es de su vida?
- Bien, está muy bien...
-Te noto raro, Cayo... ¿Hay algo más que me quieras contar?
-No nada...
-A mí no me puedes engañar..., algo te pasa.
-¿Y... no será, que estoy preocupado...?
-¿Preocupado...Por qué?
-Por cosas de mi madre, pero, África, que ya me ha quedado claro, que a tí... no te interesan para nada.
-No me interesan porque son bobadas y locuras de tu madre...
Estoy harta de tu madre, ni muerta va a desaparecer de nuestras vidas...

¿Cómo puedes decir eso de ella..., que siempre se ha preocupado de todos nosotros, ha cuidado de nuestras hijas, nos hacía la comida y se ha desvivido por tí y por mí...?

-Nadie, o por lo menos yo... le pedí que hiciera tales cosas. Lo hacía por que quería, para hacerse la guay del Paraguay.
Yo ya estaba harta de sus guisos grasientos del pueblo, pero noooo, noooo..., a la gran Pura no se le podía decir nada, siempre tenía respuesta para todo.
Comida sana, decía ella, comida mediterránea... Yo prefiero la comida francesa, que es más exquisita y menos pueblerina.
Pero ahí estabas tú..., siempre, el gran admirador de su madre, diciendo a sus invitados: La comida la ha hecho mi madre; hoy nos ha preparado una caldereta de cabrito.
Os chuparéis los dedos...
 Y también estoy  harta de tus odiosos merengues: los "africanitos".
¡Odio el merengue con chocolate...!
Nunca te lo había dicho, pues ¡hala! para que lo sepas:
 ¡Los odio!

Y luego, esa manera de hacerse la buena...:

-Si queréis salir, dejadme a las niñas...

Todo lo hacía para que las niñas la quisieran más a ella que a mí...

Claro... le consentía todo, no me extraña que las niñas no quisieran salir de su casa.

Mira lo que te digo:

No quiero volver a oír el nombre de tu madre más en mi vida.

-Pues mira...África:

Sí...sí..., he dormido con ella...

-¿Qué has dormido con tu madre?¿Qué me dices Cayo?

-No..., he dormido con Irene...

-¿Qué has dormido con Irene?

-Ya sabía yo...que algo me ocultabas, te conozco demasiado Cayo...
Quedamos en que era mejor para los dos hablar las cosas...Cayo ya te he dicho, en más de una  ocasión que es mejor que nos lo contemos todo...

-África yo no puedo hablar del tema con tanta frivolidad como lo haces tú...

-Cayo, no pasa nada...

-Sí,  África, si pasa..., pasa, que Irene me gusta, y eso me preocupa, con respecto a nuestra relación.

-Pues, no hay ningún problema por mi parte, quédate ahí un tiempo y te lo piensas.

-No necesito pensar nada, viendo como tú has recibido la noticia, ya veo que te importa un bledo que yo esté con otra mujer que no seas tú, y eso significa que no me quieres nada en absoluto.

-Qué antiguo eres Cayo, ya podías parecerte un poco a tu madre en estas cosas, toda nuestra relación sería más llevadera.

No me toques a mi madre, que no he querido entrar al trapo cuando, como una loca, la has puesto a parir...

-¿Y..tú...África, ahora que estamos sincerándonos, tienes alguna relación de la que yo deba enterarme?

-Sí...sí... Cayo, mantengo una relación con mi directora...

-¿Con Alice?

-Sí, con Alice...

-¿Desde cuando, África?

-Desde hace 15 años...

-¿Y me lo dices ahora...?

-¿Pero estás tonto o qué te pasa?

¿No te habrás creído lo que acabo de decirte?

-No sé África, estoy harto de que juegues con mis sentimientos...siempre lo haces de una forma que no me gusta nada...

-Vamos a ver Cayo que, ahora mismo eres tú el que me acabas de decir que te has acostado con Irene.

-Bien, África, sé que no es justo, que ahora yo te haga reproches...

- Cayo, creo que ha llegado el momento de poner fin a nuestra relación.
No te sientas culpable, a mí..., como muy bien dices, no me ha importado nada que hayas pasado la noche con Irene y eso significa que todo ha acabado.

-África ha sido una tontería por mi parte, no puedo concebir la vida sin tí, me iré hoy mismo a París.

No Cayo, por favor no vengas, ¡Quédate ahí un tiempo!

De acuerdo, África...que sepas que yo te sigo queriendo...pero tienes razón, voy a ser claro, a lo mejor no de la misma forma que antes.
Te voy a colgar porque estoy aturdido, espero que esto sea una pesadilla.

Cayo cuelga el teléfono, se sienta al lado de la ventana de los cristales empañados y en esos momentos de confusión las letras comienzan a aparecer :

-¿Hijo estás bien?

-Lo que me faltaba...madreeee...¿Otra vez tú?

-¿Y...Ahora dónde estás, sigues estando a un palmo del suelo, o has ascendido un poco?

-No te burles Cayo...Sé perfectamente que reaccionas así... porque algo anda mal en tu vida.
Sí... he ascendido, hoy he ascendido... cuando he visto que eras feliz con Irene...
De repente me he puesto a la altura de la torre de la iglesia... y no te puedes imaginar el campo de visón que tengo desde esta altura.
 Es maravilloso, se ve todo el paisaje del pueblo y de los alrededores, no como antes que iba a la altura de las patas de los perros y los gatos y más de un pís me han echado.

-No tengo ganas de bromear hoy, madre...

-Ya veo que estás un poco modorro...

-Modorro...si sólo fuera modorro..., estoy cabreado y desesperado.

Pero ...cuenta..., madre...cuenta...: 

 ¿Qué se vé por ahí arriba, te has encontrado ya con padre?

Esto es de locos...cualquiera que me vea: comunicándome con mi madre a través de un cristal empañado..., y hace un momento oyendo a mi mujer diciéndome que mantiene una relación con su directora...y que lo nuestro se ha acabado...

-Cayo es la vida misma, así es la vida...

-Pero... te recuerdo que tú... ya estás muerta y muy muerta, madre.

-Bueno...Cayo, muerta, muertaaaa...

-Sí muerta... y tenías que dejarme en paz... y tú descansar en paz..., que es lo que toca cuando uno se muere...

-No te conocía ese lado cruel, hijo.

-Madre estoy hasta las narices de mi vida, todo en mi vida lo he montado alrededor de una mujer y ahora la acabo de cagar, y me va dejar para siempre, todo se me desmorona.

Y, no puedo más con tus apariciones.

 Ya no puedo más, quiero que me dejes yaaaa...por favor.

Sólo una pregunta:

¿Has visto ya a padre?

-Sí, he visto  a tu padre..., no le reconocía, sonreía tanto que no le reconocía...conmigo siempre estuvo tan serio...en vida...

No me extraña madre si le has engañado durante toda tu vida.

No le he engañado, él lo sabía todo, bocazas, que eres un bocazas...

-Entonces, un santo, debía de ser un santo...

-Ahora, no estás siendo tú, noto la influencia de tu mujer, Cayo...

-Hay otra forma de ver la vida Cayo. Tu padre y yo la vivimos de forma diferente al resto de los mortales.

No me cuentes milongas, es imposible, que si padre conocía tu trayectoria amorosa, no sufriera.

¿Quieres que te cuente lo que me ha dicho, o vas a seguir insultándome?

-¡Ah!, sí claro  ¿Y...cómo es  que le has visto..., según tú...el debe de estar a mucha más altura que tú...?

-Menos sorna, hijo, él ha bajado a verme, se ha enterado por el marido de la Ani, el quitapenas... que, como nadie le ha echado de menos, ha subido para arriba a una velocidad de vértigo...
Cuando pasó a mi lado me dijo, el pobre, adiós Pura... y no me dió tiempo a decirle nada.

-¿Y, qué te ha dicho mi padre, te ha dicho algo para mí?

-Sí, me ha dicho lo mismo que tú, que te deje en paz, y que él siempre está a tu lado pero en silencio, no como yo...que no me puedo callar.
 Que es muy feliz y que no cometas el mismo error que él...

-¿Qué error madre?

-El no haber vivido la vida a tope.

-Ya empiezo estar harto de que siempre me estéis dando consejos.
Yo he triunfado solo en mi profesión, sin vuestra ayuda y no creo que debáis preocuparos por mi vida personal.
¿Es que no podéis dejarme vivir tranquilo?

-No te pongas borde Cayo, sólo queremos lo mejor para tí.
 Disfruta de los buenos momentos que se te presenten en la vida. Como lo has hecho anoche con Irene, esa buena y hermosa mujer que ha vuelto a aparecer en tu camino....

Y, con respecto a África..., cuando algo se acaba, se acabó y no le des más vueltas...

-Pues eso no funciona contigo, se supone..., bueno estoy seguro... que has muerto, y aquí estás...

-Porque me necesitas aun...

-Ya que has visto a padre, dime: ¿Cómo es su aspecto, él..., de joven, él..., de cuando no era tan joven o él, cuando estaba enfermo?

-Radiante, estaba radiante, es una mezcla de todas la edades, pero no te lo puedo describir.
Se le veía feliz, muy feliz.

Dicho esto, madre, si me quieres... te pido por favor que salgas de mi vida y déjame, a mí, vivirla.
Si me tengo que equivocar pues déjame que me equivoque, no te empeñes en controlarlo todo.
Que yo sepa cuando murió la abuela nunca vino a visitarte después de muerta y tu has tenido una vida propia y has hecho lo que te ha dado la gana en todo momento.

¿Y tú qué sabes hijo? Mi madre nunca me dejó, contínuamente estaba, ahí, dándome consejos.

 Esto, hijo, debe de ser genético, se hereda..., qué te lo digo yo que esto se hereda...
 Y tu padre está tan tranquilo... porque su familia siempre fue muy despegá.

Dice tu padre que él no sufre por nada y que yo debo de estar en estas alturas porque todavía estoy "apegada" a tí.

Pero, prometo dejarte en breve, puedes creerlo Cayo.

Ahora abre la puerta que viene Salvador 

-A ese no le abro la puerta, lo he echado de casa, no quiero volver a verle por aquí.

-¡Ábrele! y te prometo que cuando se solucione esto yo me iré para siempre.

Cayo abre la puerta y aparece Salvador con una carta de Pura en la mano:

¡Toma y lee! -dice D. Salvador, ofreciéndole la carta.

Continuará....


viernes, 8 de marzo de 2013

Camino a las Aldobaras: mirando al suelo





















El fin de semana pasado, que hizo espléndido, fuimos a las Aldobaras, un lugar precioso que está a pocos kilómetros del pueblo.
Para llegar hasta allí salimos del pueblo por la carretera vieja de Granadilla, cruzamos por "Camporrute":
 Precioso lugar, a pesar de que la mayoría de las encinas se han secado ya... y las han cortado.
Pasado Camporrute (qué nombre tan chulo) hay una subida, pelada de vegetación, hace años, en esta zona había tantas jaras que apenas se podía andar por estos parajes, pero últimamente las jaras están desapareciendo y sólo quedan los restos de sus tallos, secos, deshidratados y retorcidos, dándole un aspecto un tanto desértico a la zona.
Es una pena, no sé a qué puede deberse la desaparición de las jaras, es posible que se deba al excesivo pastoreo, unido a alguna enfermedad similar a las de las encinas.

Seguimos monte arriba, es una subida muy suave, y al llegar a la cima,  inmediatamente se produce un descenso muy pronunciado  para llegar a la hondonada donde se encuentran las Aldobaras, y aquí cambia el paisaje por completo:
Es un terreno escarpado con grandes canchales de pizarra, destaca, en lo alto, el canchal llamado del "bujo" (búho).
Las grandes lanchas de pizarra están llenas de musgos y líquenes, propio de zonas con una atmósfera limpia y sana.

La vegetación, es de monte bajo:
 Jaras, tomillo, aguaperos, retamas y de un laberinto de tamujas a la orilla de las aguas, las cuales discurren precipitadas, por un lecho de galletitas de pizarra de todos los tamaños.
 Corren las aguas haciendo curvas, recovecos  y pequeños meandros hasta llegar a fundirse con las aguas de una cola  del embalse del río Alagón.

La fauna es variada:
Hay por la zona, liebres y conejos, que nuestro amigo Trino cazaba en sus buenos tiempos por esta zona.
También se encuentran las huellas de los Jabalíes y ciervos que bajan a beber las aguas fresquitas del  arroyo.
 Aún hay raposas..., y algún gato montés, hubo en otros tiempos.
Águilas, milanos y buitres, sobrevuelan en su cielo.

A la orilla del agua, entre corralitos de  tamujas, se forman praderitas donde te puedes sentar a comerte el bocadillo.
Nada mejor, para la ocasión, que un bocadillo de tortilla de chorizo: jugosita, poco hecha y con chorizo tierno.
 El bocado es exquisito porque el pan se queda impregnado del aceítillo de oliva, del  huevo y de  la grasilla del chorizo.

Y si tienes sed nada mejor que echar un trago del agua corriente que tienes a tus pies.
No sé... si el agua será potable o no... pero yo he bebido y me ha sabido a gloria, está limpia y cristalina y es suave y fina, a penas tiene cal.
Dicen que las mozas de Granadilla tenían un precioso cutis porque se lavaban la cara con el agua de las Aldobaras.

¡Uhm...! Mi hermano Quique, como me estará leyendo, es seguro que se estará relamiendo...imaginándose la situación, porque se tiene bien pateada esta zona, cuando iba de caza con mis hermanos, mi padre y Trino.

También se acordará de la merenderina de aluminio donde mi madre les ponía el almuerzo:
Miajas fritas, costillas adobadas fritas y choricillo frito.
Seguro que se sentaban a la orilla del agua abrían la merenderina y sacaban las tajadas, las ponían encima del pan e iban cortando con la navajina y comiendo.
 Y, para que pasará bien el bocado: un buen trago de la bota del vino de pitarra que hacía mi padre.

Las personas por desgracia se van, pero queda este lugar precioso, y aún virgen, para poder revivir los recuerdos y pasar un buen día de campo.

Yo pienso volver varias veces en primavera cuando las jaras, el cantueso y los aguaperos estén florecidos.... y si hace bueno, es posible que hasta  me bañe en las aguas de las  Aldobaras.

jueves, 7 de marzo de 2013

Coquillos






Ingredientes:

-250 grs de manteca de cerdo.

- Harina: 750grs (la que admita)

-Un vaso y medio de agua de anís.

-Canela.

-Ralladura de naranja.

-Una copita de aguardiente.

- 3 yemas de huevo.

Elaboración:

En primer lugar debes poner a hervir el agua con un palo de canela, una hoja de laurel, la rralladura de piel de naranja y los anisitos.

 A continuación derrite la manteca al fuego.

Seguidamente, en un bol, cuando la manteca y el agua (ya colada) estén templadas, echas la harina y las yemas de huevo.
Amasas bien la mezcla y vas incorporando harina hasta que la masa se despegue de las paredes del bol.

La dejas reposar  una hora.

Haces bolas con la masa del tamaño de un huevo y la estiras con un rodillo.

En una sartén con aceite caliente fríe los coquillos.

Finalmente en un cazo debes poner a calentar tres cucharadas de miel y tres cucharadas de azúcar con un vasito de agua y cuando empiece a salir espuma vas envolviendo en esta espuma los coquillos uno a uno...

Aunque parece un poco lioso no lo es en realidad y están muy requetebuenos los coquillos.
Pero yo nunca los he vuelto a probar tan buenos y tan finos como los que hacía mi madre en vísperas de carnaval y Semana Santa.

lunes, 4 de marzo de 2013

Pollo con salsa de almendras




Trocea el pollo en pedacitos, lo salas y lo rebozas en harina.

En una sartén lo fríes hasta que esté un poquito dorado, no demasiado.

Junto con los pedazos de pollo fríes: pimiento rojo, una rebanada de pan y un ajo.

En el mortero pones un puñado de almendras peladas, el ajo, perejil y el pan frito.
Lo machacas bien en el mortero, le añades un vaso de jerez  y medio vaso de agua y se lo añades al pollo.

Debe cocer a fuego lento durante 1/2 hora.

Finalmente le añades un huevo cocido muy picadito.

Salud.

Diario de Pura (7)


Irene y Cayo, hablaron... y hablaron de sus vidas largo y tendido...
Hablaron del duro destino de los habitantes de los países pobres, que tienen que abandonar sus países para buscar empleo.
 Hablaron de como tuvieron que marcharse sus padres en los años 60, fracturando las familias: unos allá y otros acá.
 Hablaron de cuando ellos tuvieron que abandonar el pueblo en los años 70, y de todo el esfuerzo que les supuso cambiar de costumbres, comidas e idiomas.
 Hablaron de los inmigrantes africanos que se juegan la vida por encontrar un mundo mejor y las calamidades que pasan si llegan... en los llamados países "ricos".
 Hablaron de los nuevos emigrantes  españoles, en la actualidad, que por la crisis que ellos no han provocado, son ahora ellos los perjudicados y tienen que emigrar a países de centro y norte de Europa.
Y, que ahora, de golpe y porrazo, se ven obligados a abandonar España, desestructurando familias que a penas acababan de formarse, y en muchos casos con niños pequeños.

-Comenta Cayo a Irene- Aún tengo la imagen del día en que mi madre y yo cogimos el tren en la estación más cercana del pueblo, y después de un montón de transbordos llegamos a París dos días después.
Y, ahora ocurre exactamente lo mismo, ahora con más comodidades, la gente mejor preparada pero al fin y al cabo el trauma de dejar tu país y a tu gente es el mismo...

Sonó el despertador y, cuando quisieron darse cuenta, había amanecido y no habían dormido nada en toda la noche.
Se levantaron los dos, dando un salto de la cama, e hicieron un desayuno copioso, prepararon: el café de puchero, tostaron pan en la lumbre, lo untaron con manteca fresca y le echaron azúcar moreno por encima; frieron, en manteca, huevos y chorizo tierno de la mantaza recién hecha.

Cayo estaba radiante hacía mucho tiempo que no se sentía tan feliz y por primera vez en su vida se olvidó de África.
Había llegado el momento de quitarse el san benito de "pastelero fiel".
Además África no podría reprocharle nada ya que ella le había sido "infiel" en numerosas ocasiones, ella misma se lo había dicho:
Nada de secretos, entre nosotros, somos modernos y no vamos a ser unos mojigatos... en estos tiempos, le decía África a Cayo.
Pero, para él..., aunque respetaba su forma de actuar, no era tan fácil como para ella mantener un flirteo con alguien por quien no sintiera algo especial.

Y..., en estos momentos, por  Irene..., ella era diferente, sentía algo especial , y hubo un tiempo en que él  la adoraba, no podía decir nada malo de ella.
Ella..., Irene, le quiso mucho, le mimaba y le hacía reír mucho; pero la obsesión por África no le dejo ver la gran mujer que era. Irene siempre le amó, era sencilla, dulce, cariñosa, fuerte y decidida.

-¿Qué te pasa Cayo, estas muy pensativo?

-Nada Irene, soy feliz. ¿No se nota?

Irene rodeó a Cayo con sus brazos y le ofreció una tostada de pan con manteca y juntos, frente a frente,  mordiendo la tostada crujiente cada uno por un extremo.
 Y..., masticando y riendo..., cada vez sus caras, encendidas por el calor de la lumbre de la chimenea y por la pasión que les invadía, se aproximaban más.
Para acabar tumbados encima de la mesa de la cocina, con sus cuerpos desnudos embadurnados en manteca y azúcar moreno.

Llamaron a la puerta e  insistieron pero ellos no oyeron nada.

Cuando se dieron cuenta tenían allí delante de ellos a Daniel, alias el moqueras y primo de Cayo,  que, como  en otras ocasiones, había empujado la puerta y la puerta se abrió.

-¡Hola! Daniel, ¿quieres un café?, le dice Irene sonriendo y subiéndose la cremallera de la sudadera, disculpa nos has pillado en plena faena.

-Lo siento pero no sabía que...

-¿Pero qué hace éste aquí?, dice Daniel, alias el moquera, cuando ve a su primo Cayo.

-Ya ves primo tomando un café.

-¿Aquí... un café..., en mitad de la dehesa, un señorito pastelero..., sin el glamour parisino al que tú estás acostumbrado?.

-Estás equivocado, en esta casa todo es glamour. Irene es la más glamurosa...

-¡Vaya!, ¡vaya! debe ser algo genético para que siempre nos fijemos en las mismas mujeres...

-No empieces moqueras.

-¡Ireneeee, vamos a por las borreguinas... que se me hace tarde para llevarlas al mercao! -Grita El moqueras, un tanto cabreado.

-Tranquilo Daniel, te encuentro un poco nervioso, le contesta Irene desde el baño.

-Ve y llama a Melquiades y vais metiendo los corderinos en la camioneta.

-¿Cayo me ayudas?-pregunta El moqueras-

-No se si debo...un señorito pastelero como yo... no está acostumbrado...

-¡Venga tío!, vamos a olvidar las rencillas, por los viejos tiempos.

-Te veo muy moderado primo, lo celebro, pero me tengo que marchar al pueblo.

-Irene me tengo que marchar, ya hablaremos.

-Hasta luego Cayo, le dice Irene sonriendo.

Cayo iba feliz camino a su casa, pensando en la maravillosa noche que había pasado junto a  Irene.
Pensaba en lo fácil que es ser feliz si te dejas llevar por los sentimientos y saborear  las cosas sencillas de la vida.
Pero,  sobretodo, lo que más le liberaba era, la ruptura, en el terreno de los sentimientos, de ese vínculo férreo, el cual él se había empeñado en mantener con África durante casi 35 años.
Últimamente su relación con África era cada vez más distante, sin embargo él la seguía queriendo muchísimo.
 Fue el amor de su vida, desde que de niños jugaban a ser artistas en la fábrica de harina de la  María.
 Pero se estaba perdiendo ese enamoramiento ciego que sentía por ella.
Enamoramiento, que, antes, no le dejaba ver como era realmente África: cabezota, terca, egoista y manipuladora en muchas ocasiones, típico de hija única.
África, con la edad, había perdido toda su frescura y flexibilidad mental. Constantemente estaba cabreada y taciturna y no le podía llevar la contraria porque se ponía como una energúmena.
Todo era un tira y afloja en sus vidas. Sus enfados duraban semanas y hasta meses, pero él permanecía a su lado porque no concebía su vida sin África.

Recorrió el camino silbando, acompañado por el canto de los colorines del encinar; andaba, corría, trotaba y saltaba de júbilo.
Llegó a pensar que, esos momentos, ahora a sus cincuenta años, junto al día en que África le dijo que volvían a salir y el nacimiento de sus hijas, habían sido los momentos más felices de su vida.

Llegó a casa y después de darse una ducha calentita se sentó en la mesa camilla con un  cafetito, encendió un cigarrillo y sentado junto a la ventana de los cristales empañados sacó el diario de Pura y se puso a leer:

Septiembre 1968

Todos o casi todos los días viene Jaime sobre la una de la tarde; hemos concretado vernos a esa hora en la que yo he acabado todas mis tareas en la portería, es la hora de mi almuerzo y además es la hora en  que Jean Pierre suele acompañar a monsieur le president a un café parisino, mientras... él le espera  realizando compras que le ha encargado madame...
Bueno eso es lo que ella piensa, la "infeliz-estirada" de madame, porque es posible, que en contra de lo que ella piensa, estén los dos juntos en el apartamento...
 Mientras ella piensa que su marido está tomando café con importantes empresarios parisinos, él está en su apartamento secreto..., que tiene puesto a nombre de Jean Pierre, teniendo relaciones amorosas con el mayordomo, al que ella trata con tanta indiferencia, quizás porque intuye algo.
Esas cosas se notan y ella no es tonta, pero puede que se lo haga o que tenga un pacto con su marido para mantener una falsa relación de cara a la alta sociedad burguesa..., con la que se codean debido a su importante puesto en la fábrica de coches..

Me dijo Jeam Pierre, que conoció a monsierur le president cuando tenía 17 años. Estaba en un café de camarero que frecuentaba monsieur le president y allí se conocieron, entablaron la relación y más tarde se lo llevó a su casa como mayordomo cuando se casó con madame.
Jean Pierre es bellísimo, su mirada es dulce y penetrante, es delicado y sensible y muy, muy inteligente.
Yo aprovecho las ausencias de Jean Pierre para verme con Jaime, porque Jean Pierre adora a Fidel y como no sé lo que va durar esta relación no quiero involucrarle.

Cada día, Jaime, viene y me cuenta lo mucho que le ha cambiado la vida desde que me conoce. Yo le pregunto que: ¿cómo puede ausentarse tanto de su trabajo?; y me contesta que le tengo absorbido el sexo.
Jaime está casado con una alemana y dice que es fría como un tempano, que está con ella por sus hijos de lo contrario se separaría.

Ayer pasé un mal rato, resulta que Cayo se rompió un brazo jugando a baloncesto y vino a casa antes de lo previsto, llamaron a la puerta y le dije a Jaime que se escondiera debajo de la cama.
Cayo entró en el dormitorio y se sentó encima de mi cama, se quitó las botas de deportes, empujando un pie con el otro y se le escapó una bota con tanta fuerza, que, la bota, le arreó un golpazo en todas las narices de Jaime y tuvo los morros inflamados durante una semana.
Nosotros tuvimos que irnos al hospital y allí se quedó Jaime debajo de la cama sangrando por la nariz.
Cuando me contó lo sucededido, me reí mucho imaginando la situación: un inspector de policía debajo de la cama de su amante y sangrando por la nariz a consecuencia del rebote una bota...

Jaime me dice que está harto de que nos veamos a escondidas en mi casa, quiere que una noche vaya a verle actuar a una sala de fiesta y después pasar la noche en un hotel.
Para mi esto es difícil, lo podría hacer cuando Fidel tenga turno de noche en su trabajo, pero no me gusta dejar solo a Cayo.
Ha insistido tanto que he tenido que mentir a Fidel y a Cayo, y les he dicho que el sábado por la noche me iba a preparar un examen con una amiga, que estaríamos toda la noche estudiando.

Fue una noche perfecta, llegué al café teatro donde me estaba esperando Jaime, me acompañó a una mesa y me dijo que le esperara allí, que se sentaría a mi lado después de la actuación.
Me senté allí, me tomé una copa y encendí un cigarrillo y al momento salió Jaime con el saxo y tocó un blues y me quedé con la boca abierta, si antes sentía admiración por él ahora me tenía hipnotizada.
Cuando acabó se dirigió a mi mesa, se sentó a mi lado, cogió mis manos y me besó en la boca.
Nos fuimos de la sala de fiesta y yo le pregunté, por el camino:
¿Cómo era posible que un policía tocara el saxo en una sala de fiestas?
-Lo hago por hobbi, me contestó, soy un gran amante de blues y del jazz.
Fuimos a la habitación del hotel y pasamos allí la noche. Nos marchamos antes de que dieran las 7 de la mañana , que era la hora a la que solía regresar Fidel.
Mentiría, si dijera que no tenía remordimientos por lo que estaba haciendo, pero Jaime me atraía mucho y mi marido cada vez menos.
El domingo era nuestro día libre en la portería así que me metí en la cama y cuando llegó Fidel se metió en la cama y me abracé a él como una lapa.
No puedo dejar a Fidel le quiero demasiado, hablaré con él y se lo contaré todo, él lo entenderá.

-¡Vaya tela! grita Cayo, queriendo que aparezca su madre para echarle un broncazo...

Se escucha un pequeño ruído que viene del sobrao de la casa, Cayo se estremece, recordando los pasos en las escaleras de madera en las noches de su infancia.

Simultáneamente llaman a la puerta y aparece el médico: Salvador.

-¿Qué quiere usted, ahora...?, le dice Cayo.

-Quiero hablar contigo.

-Pase, pero no tengo mucho tiempo.

-Usted dirá...

-Quiero hablar contigo, tu madre me escribió unos días antes de morir...

-¿Qué mi madre le escribió a usted?

-¡Sí me escribió...!, tu madre y yo nos veíamos cada mes en París.

-Usted está loco...

-¡Escucha, joder!

No..., no, estoy loco, ya me gustaría a mí...

-Tu madre me escribió y en su última carta me decía que tenía mucho miedo, que estaba siendo acosada por un policía con el que había estado liada al principio de llegar a París.

-Usted cómo sabe eso?

-Te lo estoy diciendo...que tu madre y yo nos carteábamos, y yo iba a Paris una vez al mes y pasábamos juntos una semana.

-¡Váyase, váyase de mi casa¡

Cayo enpujó a D. Salvador de las Aldovaras Altas y lo sacó a la calle, ante el estupor de las vecinas que no entendían el alboroto de Cayo.

Continuará...