jueves, 30 de mayo de 2013

La Sirenita del Ambroz (2)







 Habían pasado ya ocho años de la desaparición de Lluvia, y un día de estos en los que Celeste había acampado y dormido a la orilla del río, en una zona del río, llamada el Charco el Arenal; a primera hora del día, cuando el sol apenas había salido, la despertó un gran golpe, provocado por un fuerte chapuzón en el agua y  seguidamente oyó un gran jolgorio de risas cantarinas, croar de ranas y canto de pajarillos.

Celeste abrió con cuidado la cremallera de su tienda; se asomó al río y cual no sería su sorpresa cuando en un recodo del río, al lado de unos grandes canchales donde las aguas corrían y caían cristalinas a una poza muy oscura y profunda, que estaba rodeada por los enormes y fantásmagóricos canchos resbaladizos, vio  a una jovencita con una larga cabellera de color de las "jaovas", verde- brillante, y llena de caracolillos blancos y coronando su cabeza una diadema de hermosas e irisadas libélulas que revoloteaban a su alrededor.

La joven era de una belleza un tanto extraña y enigmática, tenía, los ojos grandes, verdes y saltones, su boca era pequeña y sus labios eran  gruesos y carnosos como la boca de un pez.

Cubría su  estilizado cuerpo un vestido de "jaovas" verdes llenas de florecillas blancas y amarillas.

La sirenita bailaba en medio de las aguas mientras las ranas, los sapos y los pajarillos cantaban alegremente. Los pececillos pequeños, nadaban a su alrededor y limpiaban su piel dándole pequeños mordisquitos.

Celeste no quiso salir de la tienda para no asustarla; temía que al verla se asustara y desapareciera, y, allí, escondida en su tienda, detrás de unos tamujales, contemplaba estupefacta la escena.

Lógicamente, lo primero que pensó es que esa joven bien podría ser su hija Lluvia, pero su gran espera le había hecho ser muy precavida..., y había aprendido a no ser visceral y a no precipitarse en tomar  decisiones.
Celeste, sólo tenía una duda y se planteaba: ¿Cómo era posible que hubiera sobrevivido tantos años en el agua?
Llegó a la conclusión de que eso ahora le daba igual, lo importante es que estaba ahí, y lo único que le preocupa ahora era descubrir si realmente era su hija.

Había una forma de saber si era Lluvia y era ver si tenía una mancha de nacimiento, que era una mancha roja, que parecía un pececillo, en su muslo derecho.
 Pero, claro, no se le veían las piernas porque estaban metidas en esa poza de aguas oscuras.
Paciencia, discreción y guardar el secreto, pensó Celeste, es lo que debo hacer. 
Este sería su gran secreto..., no se lo diría a nadie... Ya había cogido en el pueblo la fama de loca... Y lo único que podía pasar es que alguien la siguiera,  asustara a la joven y desapareciera otra vez.
Después de todo el tiempo que llevaba buscándola no iba a permitir que eso sucediera.

La joven salía del agua dando piruetas en el aire con sus dos piernas juntas, enredadas en "jaovas" verdes y tallos de enredaderas silvestres, simulando a una enorme cola.

 Sus piernas parecían soldadas y se habían convertido en una enorme cola de sirenita.

Esta imagen desilusionó enormemente a Celeste pues con ese follaje, no habría forma de ver si tenía el antojo en la pierna.
Pero..., pensó, paciencia, todo se andará lo importante es que creo..., vamos estoy segura, que he encontrado a mi hija, se volvió a repetir para ella misma dándose ánimos.

La sirenita del Ambroz  continuaba sumergida en el agua. Dejó de bailar y con la cabeza echada hacia atrás esperaba con la boca abierta, mirando al cielo y al instante aparecieron unas preciosas oropéndolas y unos bonitos y coloridos abejarucos que traían comida en el pico: gusanillos, semillitas, trozos de frutas, ciruelas, manzanas, y toda clase de vegetales y con muchísimo cuidado lo depositaban en la boca de la sirenita.

Cuando terminó de comer, dos nutrias le acercaron dos palos largos y con sus atléticos brazos, musculados de tanto nadar, la sirenita se agarró a los dos palos y utilizándolos como muletas se subió a la orilla del río y se echó allí a dormir apoyando su cabeza en un matojo de tomillo florecido.

Y con los primeros rayos de sol de la mañana, su cuerpo se calentaba y brillaba como el cuerpo escamado de un bonito pez, perfectamente camuflado entre los aguaperos florecidos, los juncos y el tomillo perfumado.

Se quedó profundamente dormida y, Celeste, pudo comprobar que roncaba como su niña, cuando en sus primeros años de vida tenía las vegetaciones muy desarrolladas, y roncaba porque no respiraba bien.
En ese instante, pensó Celeste, que podía acercarse a la sirenita para ver si podía encontrar la manchita en la pierna derecha.

Se acercó a ella, acarició, tímidamente,  su carita fría y sus cabellos verdes llenos de  extraños caracolillos blancos, que ella nunca había visto por esa parte del río, ni por ninguna otra parte.

La sirenita dormía profundamente y Celeste con mucho cuidado intentó separar las "jaovas" verdes de la pierna derecha, pero allí había un entramado de tallos y de hojas y era imposible moverlos sin despertar a la sirenita.

De repente entre unos palos, que flotaban en el agua, asomaron sus cabecitas unas preciosas y brillantes nutrias, se acercaron a la sirenita y tirando de la cola la introdujeron en el agua.

Celeste no trató de retenerla, pensó... paciencia, sólo la paciencia me hará recuperar a mi niña.
Se escondió detrás del matorral y pudo ver como se despertaba la sirenita con cara de sorpresa y buceando se metía nadando por un agujero de una gran cancho que había en el Charco el Arenal.

Un golpe seco y fuerte con un palo en un canchal asustó a Celeste; miró hacia atrás y vio al hijo del vaquero, un joven al que apodabn en el pueblo "el Loquillo". Al que se le veía a menudo, subido a pelo, en su caballo negro, recorriendo los campos y galopando sin parar día y noche.

Se acercó a ella y comenzó a gesticular con los brazos y a mover sus labios emitiendo unos sonidos guturales ininteligibles.

-¡Hola, hijo!: sigo aquí buscando por las aguas a mi hija Lluvia. Ya veo, que tú... estas muy bien y sigues recorriendo los campos montado en tu caballo.

El chico no le dijo nada, entre otras cosas porque nunca había conseguido emitir una palabra que se entendiera desde que desapareció Lluvia.

El Loquilo, subido en un enorme cancho, dio dos golpes con su vara larga y se marchó montado en su caballo negro zahíno, a pelo y al galope y desapareció entre las encinas. En esta parte del río, en el Charco del Arenal, el río discurría entre la dehesa de encinares y carrascas.
Celeste escuchó el sonido que habían provocado los golpes de la vara en el canchal y le pareció oír un sonido a hueco, como que retumbaba..., pero no dijo nada.

Cuando se marchó el Loquillo, Celeste, cogió una piedra y dio unos golpecitos en la gran roca y pudo comprobar que, realmente, sonaba a hueco.


Continuará...

martes, 28 de mayo de 2013

Tarta frìa de flanín y cuajada.



El domingo tenía que hacer un postre rápido pues me había pasado la mañana en el huerto y tenía poco tiempo, así que se me ocurrió hacer esta tarta, que es muy sencilla de hacer, está buena y no queda nada mal.

La comida ya la había dejado medio preparada. Por cierto hice una paella y como no tenía otras verduras más que habas, pues se las puse, y... como quedaría... que no le pude hacer ni una foto.

De sabor quedó estupenda pero de un color verde oscuro, lamentable, el aspecto era lamentable.
Gustó, sí gustó muchoooo, pero tenía una pintaaaa...

Ya he aprendido que debo cocer las habas a parte si quiero volver a ponerlas en la paella.


Volviendo al postre:

Ingredientes:

-Dos sobres de flanín.

-Dos sobres de cuajada.

-4 brik de 75ml. de nata para cocinar.

- Azúcar al gusto.

-Galletas.

-Mantequilla.


Elaboración:

-En un cazo pon a calentar los dos botes de nata y añádele los dos sobres del flanín con el azúcar (lo pruebas y que quede dulcito).

-A fuego lento, dale vueltas hasta que espese la crema.

-En otro cazo pon a calentar los otros dos botes de nata y añádele los dos sobres de cuajada y el azúcar e igualmente, dale vueltas para que espese.

-En una fuente coloca galletas rectángulares (o las que tengas) untadas con mantequilla.
Pon dos pisos.

-A continuación vierte la crema de flanín por encima y seguidamente la crema de cuajada.

Se debe dejar enfriar y luego meter en el frigorífico, pero yo como no tenía tiempo la metí en el congelador y cuando la saqué le puse mermelada de fresa casera por encima.


Salud...

lunes, 27 de mayo de 2013

La Sirenita del Ambroz (1)






 En la casa amarilla, situada a las afueras del pueblo, cercana al río Ambroz, vivía una familia encantadora, formada por:  Perico, Celeste y su hija llamada Lluvia.  
 Habían venido huyendo del bullicio de la gran ciudad y se habían instalado en la casa amarilla. 
Enseguida se integraron en el pueblo, eran muy  queridos y respetados por todos, aunque los habitantes, a veces, no entendieran su moderna forma de comportarse.
Algo raros..., eso sí que son, estos "folasteros", decían los lugareños entre ellos.

Pues, allí, en la casa amarilla, todos sus miembros vivían felices y la más feliz era la niña, ya que se pasaba el día correteando río abajo y río arriba. Por supuesto siempre con la vigilancia, atenta, de su madre Celeste.

Pero mira tú... por donde...un mal día llegó la desgracia a la casa amarilla, cuando en una de estas visitas al río, Lluvia desapareció y por más que la buscaron no la encontraron. Parecía que se la había tragado la tierra.

Todos los vecinos confiaban en la posibilidad de que apareciese ya que la niña aprendió a nadar prácticamente desde que nació.
Su querida mamá la parió en una piscina cuando vivían en la gran ciudad, antes de venir a vivir al pueblo.

Su madre que tenía una relación especial con la naturaleza, cuando se enteró de que podía parir dentro del agua, se prestó voluntaria al proyecto pionero de un equipo de ginecólogos, que querían poner en práctica un método moderno de dar a luz dentro del agua, donde, según ellos, el nacimiento del niño era menos traumático y sufría menos en el momento del parto. Ya que, insistían los ginecólogos, los bebes venían de un medio acuoso dentro del útero de la madre, donde  habían pasado los nueve meses de gestación.


Contaba su madre, que Lluvia nació en una gran piscina al lado del mar, y, allí ..., salió de la tripita de su mamá como un pececillo... escurridizo, como una gotita de lluvia...
 Por esa razón, sus padres,  la llamaron Lluvia.

Su padre Perico, siempre comentaba que lo primero que  les ofreció Lluvia, a todos los presentes en el momento de su nacimiento, cuando asomó su cabecita, fue una bonita sonrisa y después, en un acto reflejo, se puso a nadar, como un perrino, en dirección a la teta de su progenitora y muy abrazaditas y unidas ambas, todavía, por el cordón umbilical, salieron a la superficie.

Así pues, no es de extrañar que a Lluvia le encantara el agua, en cuanto veía un rayo de sol se escapaba al río y se metía en el agua, buceaba y jugaba con los pececillos, las ranas, los renacuajos, los galápagos y, sobretodo, jugaba con las nutrias y con todos los animalillos que vivían en el río.
Ayudaba a las nutrias a preparar las presas con los palos que flotaban en las aguas  y a quitar el barro que taponaba las entradas a sus cuevas.

Las "jaovas"florecidas se agarraban a su cintura y colgaban de su cuerpecito como un  hermoso vestido.

Las culebrillas de agua se enroscaban en sus muñecas como si fueran brazaletes.

 Las libélulas se colocaban alrededor de sus cabellos ondulados de color miel y formaban una preciosa corona en su cabecita, que la hacía parecer una hermosa sirenita:

La Sirenita del Ambroz.

Allí, en las aguas del río, Lluvia, era feliz aunque más, de una vez, una pandilla de niños gamberros llegaban hasta la orilla y se divertían tirándole piedras.
 Excepto el hijo del vaquero, un niño larguirucho y de cuerpo atlético, muy moreno, de grandes ojos negros y huidizos.
Este niño se pasaba el día correteando por el campo en bañador como única prenda de vestir.
 Y permanecía observándola en la lejanía; como una estatua de bronce, clavada en el secarral de los rastrojos de los campos de trigo que estaban cerca del río; en la zona de la barranquilla.
 Permanecía allí, en lo alto de la barranquilla mirando como se divertía Lluvia en el agua; a veces se acercaba y se metía en el río, pero a gran distancia de ella.

Allí, en el río, tanto la niña como el niño resplandecían por igual:
 La niña brillaba por la hermosura frágil y delicada de su piel  nacarada y el niño brillaba por la hermosura de su cuerpo atlético y de color canela.
 Ella se daba cuenta de la presencia del chico, pero como era muy pequeña sólo le sonreía y continuaba nadando, y él, se escondía entre las tamujas, nunca le decía nada, solamente la observaba sin quitarle ojo.

Cuando los niños gamberrillos le tiraban piedras a Lluvia, el niño les respondía, también, tirándoles piedras y se organizaba una batalla campal en el río y todos los pececillos, ranita y galápagos, asustados, se escondían en lo más profundo del río.
Y, Lluvia, un poco acalorada, les gritaba a los chavales: sois una pandilla de atontaooooos..., que no sabéis hacer otra cosa  más que molestar...
Ellos reían y la llamaban cara de rana y continuaban tirando piedras alrededor de la niña, pero ella se zambullía y buceaba a lo más profundo del río y los chicos no conseguían alcanzarla.

Y así, de esa forma inocente y divertida, pasaba Lluvia las tardes metida en en el río. 
Hasta que llegó ese día fatídico primaveral , cuando Lluvia, como siempre, antes del atardecer, se había acercado a zambullirse  en el río.

Su madre, que siempre la vigilaba en la distancia, la dejaba que fuera al río porque al parecer no había problemas, las aguas le llegaban a Lluvia por debajo de la rodilla; y en el remanso donde ella jugaba con los renacuajos, no había ningún peligro.
Pero cuando la perdió de vista fue inmediatamente corriendo hasta el río, la llamó a gritos y la buscó hasta debajo de las piedras pero la niña no acudió.


La buscaron todos los habitantes del pueblo, durante todo el día y toda la noche pero no la encontraron...

Le preguntaron al hijo del vaquero si la había visto...
 Y él les contó una historia poco creíble:
 Que sí..., que..., la había visto, que vio a Lluvia que estaba jugando en un  charco en el río..., jugando con los renacuajos y que de repente los renacuajos se hicieron transparentes y crecieron como gigantes de más de dos metros y cogieron a la sirenita, se sumergieron en el cieno de las aguas y desaparecieron con ella.

Nadie quiso creer al hijo del vaquero, según los vecinos del pueblo, era un poco raro y a partir de aquel día se trastornó un poco más.
 Y se lo llevaron a un sanatorio especial, estuvo allí ingresado un tiempo, hasta que le tuvieron que sacar porque no comía, no bebía y pensaron los médicos que era mejor que estuviera en su casa con el tratamiento médico.
Desde entonces todos los niños del pueblo, que eran un poco crueles, le pusieron el mote de "el Loquillo".


 Nadie, en el pueblo, podía creer que Lluvia se hubiese ahogado... Pero, claro, tampoco se creían la versión del Loquillo y pasaba el tiempo..., y como no aparecía la niña todos los habitantes del pueblo dejaron de buscarla, todos, excepto su madre, que seguía confiando en encontrarla viva algún día.

Cada día su madre se acercaba al río y recorría un tramo  mirando rincón, por rincón, concienzudamente, con la esperanza de encontrarla, pero no había suerte Lluvia no aparecía ni viva ni muerta. 

Su madre, cada día, se iba llorando de pena para casa y al día siguiente volvía a realizar la misma operación unos metros más abajo del río.

La gente del pueblo decía que la madre se había vuelto loca, pues había abandonado todas sus tareas y se había abandonado físicamente. 
Se pasaba el día buscando a su niña, a su sirenita, por las riberas del Ámbroz.

Celeste se compró una tiendecita de campaña y muchas noches dormía a la orilla del río para estar atenta a todo lo que allí sucedía.

Su marido la abandonó, sumándose a las opiniones de los habitantes del pueblo, diciendo que se había vuelto loca.

A Celeste le traían al fresco las opiniones de todos e, incluso, la de su marido, ella lo único que quería era encontrar a su preciosa niña, Lluvia.


Continuará...

lunes, 20 de mayo de 2013

Un poco de conciencia ecológica...por favor...
























Este fin de semana que el huerto me ha dado un respiro me he dado un buen paseo por nuestra dehesa.

He disfrutado, como siempre de su belleza y me ha entristecido el ver que gente sin ninguna conciencia y valor ecológico, siguen utilizando los troncos de las panzas de las encinas como papeleras.

Allí en sus centenarias panzas, como relato en el cuento de las encinas parlanchinas, siguen metiendo botellas de plásticos, envases de refrescos y latas de aceite para coches.

¿Qué les costará llevarlos a su casa y depositarlos donde corresponda?

Me pone enferma ver las panzas de las encinas llenas de sacos, bolsas y botellas de plástico.

Tenemos que preservar este precioso bosque que hemos tenido la suerte de tener al lado de casa y cuidar las encinas para que no desaparezcan...Qué bastante tienen ellas con la "seca" como para no dejarlas ni respirar metiéndole basura en sus troncos...

Cualquier persona con un poco de sensibilidad le pasaría como a mí, que casi no me atrevo ni a pisar el suelo, ahora que hay una explosión de flores maravillosa.

Ahí os pongo las fotos para veáis que todo lo que digo es cierto, tanto lo malo como lo bueno.

En medio del camino, casi ya llegando al agua hay un tronco gigante de un alcornoque, me encantaría que no lo cortaran es como una escultura en homenaje a todos los alcornoques desaparecidos.

Ha sido un paseo delicioso, "como siempre", os invito a que lo hagáis.

Besitooosss.

Solomillo relleno








Este fin de semana aprovecharé que hace malo para hacer un platito delicioso.
No cuesta mucho y se hace facilmente.

Ingredientes:

-Un solomillo de cerdo.

-Una manzana.

-4 nueces.

-Una cebolleta tierna.

-Un puerro.

-Unas ciruelas pasas cortaditas y si tienes uvas pasas también se las echas ( yo tengo siempre por ahí en la cocina)

-Morcilla de arroz de Burgos.

-Y para darle un toque primaveral:

 Un puñado de "chochitos " de habas.


Elaboración:

Abre el solomillo con un cuchillo y machaca la carne con la base del mortero para que la carne se quede aplastadita.

-Machaca las nueces un poco en el mortero y extiéndelas sobre el solomillo.

-En una sartén pon a pochar una manzan cortadita muy fina, la cebolleta, el puerro, las ciruelas cortaditas, las pasas ylos "chochitos" de habas.
 Cuando esté casi hecho le añades una cucharadita de azúcar.

-Cuando esté pochadito le añades las rodajas de la morcilla para que se hagan por las dos caras.
A continuación las sacas.

-Pon todo el sofrito extendido encima del solomillo y coloca encima la morcilla.

-Enrolla el solomillo y mételo en una rez (Te la dan en la carnicería)

-Úntalo con un poco de manteca, si no tienes échale un chorro de aceite,  colócalo en una fuente un poco engrasada, con una base de patatas y mételo al horno 170º una media hora larga.
Cuando vaya tomando color échale un vaso de vino de pitarra si puede ser... y cuando lo veas dorado sácalo.

Lo puedes acompañar de las patatas o bien de los "chochitos de las jabas" con una vinagreta.
O de las dos cosas.

Salud.

domingo, 12 de mayo de 2013

Galletitas mejicanas a la canela




Estas galletitas son facilísimas de hacer, he tomado la receta prestada del blog de  Elena, la hija de una amiga que está en Londres y hace cosas muy fáciles, muy buenas y rápidas de hacer.
 Por si queréis entrar en el blog, aquí os lo pongo. Está escrito en español y en inglés.
Si queréis practicar inglés está genial: http://mytailoriscooking.wordpress.com/

Galletitas:

Ingredientes:

115grs. de mantequilla.

25grs. de azúcar.

115grs. de harina.

50grs. de harina de maíz. ( yo no tenía y añadí harina normal)

1/4 cucharadita de canela

Elaboración:

Mezcla la mantequilla con el azúcar, batiéndola bien.

Incorpora la harina y la canela y amasa bien.

Haz bolitas y aplasta un poco con un tenedor.

Pon encima frutos secos, yo le he puesto nueces.

Hornéa durante 1/2 hora a 165º.



Salud.

martes, 7 de mayo de 2013

Croquetas con restos del cocido





El sábado:

Croquetas al sol...

 No mucho, pero...en el fondo..., muy al fondo..., algo tiene que ver con la "peli" los lunes al sol, esta genial película de Fernando León donde Barden y Tosar bordan  los personajes de dos parados, esperando, en una plaza, sentados al sol para ser llamado para hacer algún jornal.

¿Y qué tiene esto que ver con el sábado las croquetas al sol?

Pues nada o casi nada... si no fuera porque el sábado tengo más tiempo para hacer unas buenísimas croquetas con los restos del cocido y que más tarde, al mediodía, me las comí al sol en mi jardín. 

¡Hombre!  también tenemos que echarnos alguna "flor" las mujeres, que..., aunque ya cada vez menos, solemos estar a la sombra...y, ahí en la sombra, casi siempre, estamos ideando cosas para sacarle provecho a todo.

 No sé a quién se le ocurriría esta brillante idea de hacer las croquetas con el chorizo y la carne, de las sobras del cocido.

De lo que no me cabe la menor duda que debió de ser a alguna mujer que no le sobraba el dinero y que muy probablemente su marido más de una vez pasó lo lunes al sol, como en la peli... y ella a la sombra..., entre fogones.

La receta de las croquetas es muy fácil:

Ingredientes:
-Harina.
-Leche
-Aceite.
-Restos de cocido: carne y chorizo.

Elaboración:

En una sartén honda pon a calentar el aceite, cuando esté caliente añade tres cucharadas soperas de harina.

Cuando la harina se haya tostado un poco le añades un vaso de leche por cada cucharada  de harina.

Ármate de valor para dar vueltas y vueltas para que no te salgan grumos y si te salen, como me suele ocurrir a mí, pues lo pasas por la batidora.

Y vuelve a poner la sartén en el fuego hasta que espese la bechamel.

A continuación le añades el chorizo y la carne muy picaditos,  sigue dándole vueltas hasta que esté lo más espesa posible.

Deja la masa enfriar, y una vez que esté fría haz las croquetas y las envuelves primero en harina, después en huevo y finalmente en pan rallado.

Fríelas y listas para comer.

Las mías me quedaron un poco "chuchurrías" porque la masa estaba muy blanda pero de sabor estaban muy buenas.

Y... ya sabéis los sábados, si podéis, las croquetas, aunque cuesta mucho elaborarlas a la sombra, ahora en primavera, a comerlas al sol.

Salud.

lunes, 6 de mayo de 2013

La Romería de la Virgen y los Quintos del 61, Zarza de Granadilla



Les voy a dedicar esta entrada a los quintos de 1961, que este año han sido los mayordomos de la virgen de Fátima.
 No sólo porque entre ellos está mi hermano, " el chico", Carlos, sino porque, por pura coincidencia, de todos los demás tengo un recuerdo especial de cuando eran niños.

Acababa yo de cumplir 7 años cuando una mañana fría de marzo y de madrugada nos cogieron a mi hermano Quique y a mí y nos llevaron a casa de mi vecina, mi amiga Mª Carmen "chaparro".
Y, pasadas unas horas nos volvieron a llevar a casa. Nos dijeron que había venido la cigüeña, y nos enseñaron a Carlitos, que recuerdo que me impresionó porque estaba muy "colorao" y un pelín arrugao... 

A mi hermano Quique y a mí... nos hubiera gustado más ver a la cigüeña... volando por el cielo y llevando en el pico el enorme pañal con Carlitos dentro.

Entre otras cosas porque Carlitos pasó a ser el centro de atención de la casa.

 ¡Tan mono él... y tan... rubito!

 Nos dejó a Quique y a mí en el olvido...

Bromas a parte, me hace ilusión hablar de esta "quintada" porque el que no es de familia es hijo de amigos de mis padres.

Cerca de mi casa, no sé el mes exacto, pero ese mismo año nacía Maravillas, hija de Emiliana y Esteban Plata.
 Nacía esta guapa niña, en una familia de la que yo era amiga de sus hermanas, Brigi y sobretodo de Maribel, que éramos casi de la misma edad y que además eran nietas de nuestra querida vecina tía Tomasa.

Un poco más arriba en el cruce del pueblo, en este caso el quinto es Manolo, que se casaría con Tere otra guapa niña hija de tío Colas y Brígida. También muy amigos de mi padres.

En el centro del pueblo, en casa de mi abuela Victoria nacía, otro hermoso niño, mi primo Lin hijo, de mi tía Vale y mi tío Filin.
 Me acuerdo del nacimiento de Lin perfectamente, recuerdo, cuando subí a verle a la habitación de arriba.
Recuerdo como subíamos en silencio por las escaleras de madera y recuerdo lo morenito que era y el agradable olor a polvos de talcos que había en la habitación.

Muy cerca de casa de mis abuelos nacía, también, Juanma otro hermoso niño hijo de Cipriano y Flora, a los que nos unía además de la amistad, que era sobrino de mi tío Filin.
 También recuerdo, con cariño a su padre, a Cipriano, que nos colaba en el cine sin pagar.

Por allí, también muy cerca de casa de mi abuela, nacería Rosa Mari, otra preciosa niña, hija de Esteban y de Marce de los que mis padres eran amigos y a cuya casa iba yo de pequeña, todas las noches,  a buscar la leche.

También, muy cerca, por esa zona y aunque Montse no sea de Zarza y yo no tenga recuerdos de su niñez, decir que  también, que es  quinta y que está casada con Florian, hijo de Vicente y de Félix que eran primos hermanos de mi madre. Con los que había muy buena relación.

 Cerca de casa de mi tía Martina nacería Mari Cruz otra guapa niña. Cuyos padres Amado y Julia eran primos hermanos de mi madre, con los que teníamos, también, muy buena relación.
También ha sido quinto su marido Félix que es el hermano de mi prima Lumi.

Seguimos por esta parte del centro del pueblo y al lado del comercio de tío Domingo nacería Tente otro hermoso niño, hijo de Emiliana y de Vicente, también amigos de mis padres y con el que yo jugué de pequeña porque yo era amiga de sus primas Conchi y Marisol.

Cerca de la iglesia nacería Teodoro, otro niño hermosote, hijo de tío Flores y tía Angélica, además de muy amigos de mis padres, eran compadres... y se corrieron buenas juergas juntos.
Y, yo pasé muy buenos momentos en su casa con su hermana Angélica y Gonzalo.


Cerca de casa de mi tía María, en la parte alta de el pueblo,  nacía Jose Luis, otro guapo niño, hijo de Aurelio y de Flora
Además mis padres tenían muy buena amistad con sus abuelos.


Y un poco más arriba, cerca de la iglesia, nacería el más querido y protegido de toda la

 "Quintada":

 Angelito.

Nació angelito como un bonito angelito, cuyas alitas son sus muletas con las que corre que vuela.

Y, nació Angelito en una familia numerosa, cuyos padres, Catalina y Basilio "el guerra" eran muy apreciados por mis padres porque eran muy buena gente y muy trabajadores.

Además de estos quintos me imagino que habrá más pero por las circunstancias que sean no habrán podido asistir a la celebración.
Espero no olvidarme ningun quinto, de los que asistieron al acto, si es así, que alguien me lo diga y rápidamente lo añado.

Nos invitaron a comer una exquisita paella que hizo Antonio Luis, caldereta que hizo Montse, y unos pasteles y brazos gitanos, roscas, coquillos y floretas que las mujeres, quintas y no quintas hicieron con muy buena mano.

Muchas gracias y mucha salud para que continuéis juntándoos todos.









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