sábado, 18 de enero de 2014

¡Granadilla ya no está tan sola...!










Cuando yo era una adolescente, mis amigos y yo, siempre que teníamos tiempo libre lo dedicábamos a hacer excursiones, y sería el año  1970, con 14 o 15 años, cuando fuimos andando a Granadilla por la carretera vieja y al llegar al río nos pasó un barquero a la otra orilla, pues en aquella época no se podía pasar al pueblo de otra forma.
Habrían pasado como 10 años desde que se marcharon los últimos habitantes y nos encontramos el pueblo abandonado y ya medio derruído; y como podéis ver en la foto (que está medio velada) el torreón (nosotros siempre lo hemos llamado Castillo) también estaba en unas condiciones pésimas.
Como éramos bastante intrépidas recorrimos todo el interior del castillo a oscuras, e íbamos con un palo tanteando el suelo de madera por si había algún agujero, porque había tanta suciedad que no sabíamos con lo que nos podíamos encontrar.
Fácilmente podíamos haber caído a las mazmorras, pues pudimos comprobar que había tablas partidas, pero en esa edad afortunada o desafortunadamente no se ven los peligros.
La cámara que llevaba mi amiga Ana ( la hija de las retratistas) no debía  de estar en muy buenas condiciones y se le encasquilló el carrete, entramos en una casa abandonada para intentar arreglarlo sin que se nos  velara el carrete, y cuando entramos salió una bandada de murciélagos, salimos corriendo como alma que se lleva el diablo, y como resultado están esas malas fotos que tenemos de aquel día, que están medio veladas y en la que nosotras parecemos murciélagas.

Al año siguiente, Enrique, mi novio entonces,  impresionado por el pueblo fantasma, escribió un bonito poema, que más tarde se lo regaló a mi primo Pichi, que era canta-autor, y le puso una hermosa música.
Todos sabemos que para los habitantes de Granadilla abandonar su pueblo fue un tremendo trauma y a todos se nos encoge el alma cuando escuchamos  como fue su partida.


Os pongo el poema:

Qué sola estás Granadilla,
qué callada te has quedado.
Ya no resuena en las calles
la risa de tus muchachos,
ni vuelve ya cada día,
con el jornal bien ganado
a su casa el campesino,
con las mulas y el arado.
Qué sola estás Granadilla,
 que callada te has quedado.
No repican en la iglesia
las campanas a rebato,
para dar la alegre nueva
de que otro niño ha llegado,
ni doblan, tristes y oscuras,
en el duelo, acompañando,
a ese hijo que poco a poco
su vida fue marchitando.
Qué sola estás Granadilla,
qué callada te has quedado.
Sola estás ya y, en silencio,
seguirás siempre guardando,
mil historias diferentes
que tus ruinas  contemplaron.
¡Qué sola estás Granadilla!
¡Qué callada te has quedado!  




Este poema refleja muy bien el abandono de Granadilla en aquellos años, pero afortunadamente en 1980 el cambio político, pasada la dictadura, declaró a la villa de Granadilla monumento histórico artístico y en 1984 se incluyó en un plan de recuperación y rehabilitación de pueblos abandonados.
Gracias a este proyecto de rehabilitación, Granadilla no ha desaparecido como lo han hecho otros pueblos que fueron anegados por las aguas de los pantanos.




Más tarde el ministerio de educación, junto con fomento y medio ambiente incluyó en el plan un modelo de educación alternativa para estudiantes bachilleres, formación profesional y universitarios.
Yo tenía conocimientos de estas actividades, porque me habían dicho que Granadilla estaba quedando preciosa con la rehabilitación, y en una de mis vacaciones al pueblo pude contemplar realmente lo mucho que había cambiado desde aquellas visitas que hacíamos las amigas en los años 70 y desde que Enrique le hizo el poema.


Pero cuando haces una visita turística no percibes que Granadilla "Ya no está tan sola......".
Ves la calles con sus bonitas casas rehabilitadas, sus jardines cuidados, los balcones llenos de flores, pero las calles vacías y solitarias.... y, es por eso, que le pedí a mi amiga Mª José(Monitora) si podía ir un día para ver como se desenvuelve el día a día allí y como participan los chavales: antes, en la reconstrucción y, hoy, en la rehabilitación y conservación.
No pusieron ninguna objeción y por la mañana quedé con Mª José y su marido Carlos y pasé la mañana de taller en taller haciendo preguntas y fotos.

A continuación os voy a describir lo que hacen los profesores y los chicos.

Se levantan temprano por la mañana, se asean, limpian sus habitaciones, desayunan y a las 9 de la mañana se reunen todos en la casa Azul y  se asignan los oficios y tareas.
Cada monitor se hace cargo de un grupo de chicos; todos los chicos tienen que pasar por turno riguroso por todos los oficios y distintos talleres.


Gema, con su mono rojo, lleno de mil pinceladas de colores, se dirige hacia la campana y con gran energía hace repicar la campana, que les indica de que ha llegado el momento de ponerse manos a la obra y cada monitor con su grupo se dispersan por el pueblo.






Yolanda es la directora coordinadora de todo el grupo y debe velar por que todo funcione correctamente y es la monitora del taller de cuero.
Me informa que pasan por Granadilla unos 1600 alumnos al año de distintos puntos de España y de la comunidad europea.
Durante el curso escolar la estancia es de una semana y para poder acceder a estas becas, la universidad o el instituto debe presentar un proyecto al ministerio de Educación para realizarlo en Granadilla.
En verano, es diferente, los chicos son bachilleres y se les otorga una especie de beca a los alumnos que han tenido mejores calificaciones y están 15 días.
Tienen una programación, con unos contenidos y unas actividades para lograr los objetivos de los diferentes proyectos.
También me indica que ponga el horario para los visitantes despistados.
Horario de invierno:
-Mañanas de 10 a 13`30h.
-Tardes    de 16 a 18h.
Horario de verano:
-Mañanas de 10 a 13´30h
-Tardes     de 16 a 20h.








                               



Continúo con Ade, es la monitora de agricultura,  se coge a su grupo y se marcha con ellos a las viñas a cortar las uvas para después hacer mosto. Me cuenta Ade que tienen 14 huertos, cada uno dedicado a un tipo de cultivo: verduras, cereales, frutales, olivos, granados etc...Tienen viveros donde unos chicos inician el ciclo de sembrar las semillas, otros las plantaran en los huertos,  otros los cuidaran y otros  recolectaran los frutos.

Cultivan la tierra durante todo el año,  en cada estación lo que corresponda, al igual que en su día lo hicieron los habitantes de Granadilla.
El cultivo es ecológico al cien por cien, los abonos los preparan ellos con el estiércol de los animales y residuos vegetales.
Los fungicidas también los preparan ellos con plantas, como por ejemplo utilizan mucho las ortigas para combatir plagas. 
Ade, al terminar la jornada, les da a los chicos clases de relajación y meditación en las mazmorras del castillo.



















Después me paso por el taller de artesanía, donde están los telares, allí está Mª José con su grupo de chicos y lo primero que hace es decirle que cojan unos cepellones enormes de lana sucia, que ayer esquilaron con Jose Velasco, el monitor de ganadería, y se marchan a la fuente a lavar la lana con jabón casero, que ellos mismo realizan en el taller de reciclado.
La monitora les explica que deben darle solo dos enjuagues para que no se rompa la lana.
Los chicos se resisten a meter las manos en en ese agua amarillento y ella les dice, que ese color es debido a la lanolina, que prueben y verán como sus manos se quedan muy suaves.

A continuación ponen la lana a secar y en el taller les muestra los diferentes telares, ruecas, cardadores y les enseña a tejer.
Mª José también les imparte clases de Recursos naturales. Conocimiento de plantas y sus propiedades y su aplicación en medicina, tintes naturales, ambientadores, cremas y fragancias naturales.

















Por la calle principal viene Pepe el monitor de cocina, viene con un gran cesto cargado de huevos frescos que han recogido de las gallinas autóctonas de Extremadura, que ellos mismos crían. 
Se dirige hacía la tahona donde le espera un grupo de chicos, allí hacen el pan y los dulces. Me dice que  hoy toca hacer huesos de santos. Les explica la receta y con las manos en la masa, cada uno hace un montón de husecitos de santos, después los fríen y en el almuerzo se los comen, yo di cuenta de uno y les habían quedado deliciosos.
Me comenta Pepe, que el horno lógicamente es de leña, y  que ellos se abastecen principalmente  con energía solar y ayudados de  un generador .
Continúa diciéndome, que lo ideal hubiese sido poder hacer un proyecto de energía alternativa, con biomasa, ya que allí tienen muchos residuos para poder llevarlo a cabo, pero no hay dinero para el proyecto y es una espinita que tienen clavada.
Mas tarde Pepe y los chicos  irán al taller de apicultura.


















Me dirijo hacía la casa de las Conchas que allí está Gema con su grupo, ella, es la monitora de restauración. Los chicos están pintando las paredes y están haciendo bonitos estarcidos con plantillas que ellos mismos han diseñado.
Las pinturas , barnices y tintes que utilizan son ecológicos, indica Gema.
También, dice Gema, que restauran muebles viejos  y los convierten en muebles útiles.
Después del almuerzo impartirá el taller de cestería.





Cuando paso por la plaza me encuentro con Jacinto, el monitor de jardinería, que viene con su grupo de regar todas las plantas de los balcones y ahora van a arreglar los setos y a cortar el césped.
E, igualmente que en agricultura, en los invernaderos siembran las semillas, repican y siembran las plantitas.
Se encargan de mantener todos los jardines,  poda de árboles, y de crear ambientes y sensaciones para que el pueblo luzca tan bonito, como lo podemos ver en nuestras visitas turísticas.





                             



Bajo hacía el castillo y me encuentro con Roberto que es el encargado de fontanería y mantenimiento de las redes.
 Les está explicando a dos chicos como se arregla una bomba de agua.

También me encuentro con Tito, que está  con otros chicos podando las palmeras.
Y con Roberto que es el encargado de atender a los animales junto con Jose Velasco, el monitor de ganadería que tenía el día libre y no le he podido ver.






Roberto me enseña el granero y me explica que ellos siembran los cereales y los recolectan para dar de comer al ganado: ovejas, vacas, gallinas y cerdos.
Y se encargan de atender el ganado y de pastorearlo.






Finalmente acabo en el taller de servicios generales, allí  está Carlos con su grupo de chicos reciclando envases y residuos como el aceite y con éste  hacen el jabón casero para el aseo y la limpieza.
Me comenta Carlos que en total habrá unas cien personas en el pueblo y todo lo que es factible de reciclar lo reciclan.
Más tarde Carlos les impartirá clases de cerámica.
También me dice que tienen un taller de radio de una emisora local, taller que lo imparte el médico, Jose María, que además de ejercer su profesión se encarga también de  la recuperación de espacios naturales y de su limpieza y por supuesto de inculcarles unos hábitos de vida sadulable.



A las 12  hacen un paron  para tomar el bocadillo que les preparan las expertas cocineras.
Y, a continuación se reparten de nuevo los grupos de chicos con los monitores y van pasando por distintos talleres de artesanía, ahora, más lúdicos, de recursos naturales, plantas medicinales y aromáticas, de repujado de cuero, de cestería, de cerámica, de radio,  de apicultura, y de relajación y meditación.(como podéis ver en las fotos)

Por las tardes tienen actividades deportivas que están incluidas en el programa, Nuria y Adela son las monitoras que son contratadas sólo durante los meses de verano y realizan talleres de salvamento acuático, piragüismo, rutas en bicicleta, agrosport ,senderismo para ciegos, juegos de grupo de sensibilización, torneos de fútbol , waterpolo, baloncesto y rutas nocturnas de piragüismo y ciclismo.
Y por las tardes también hacen talleres de sensibilización, lo llaman  el túnel del tiempo.Visitan una casa, que se ha podido conservar en su estado original, y rememoran lo que fue allí vivido.

Al finalizar mi visita he podido comprobar en primer lugar que los chicos están encantados, conociendo una forma de vida rural que ellos desconocían y que además con la convivencia tan intensa que tienen les crean vínculos de amistad para toda la vida.
Y, también, como los monitores están perfectamente coordianados y con una gran dosis de conocimientos, paciencia y entusiasmo, junto con los chicos, que me dicen que tienen un comportamiento ejemplar, han ido rehabilitando, conservando y despertando esas casas dormidas...... como la casa de las conchas, la casa Roja, la casa Museo, la casa de la Balconada, casa Arco, casa Azul y la casa de tío Molina.
Y, que en sus talleres han sabido transmitir los conocimientos de todos los oficios que realizaban los habitantes de Granadilla.
Y, que para cumplir sus objetivos, lo prioritario es el trabajo en equipo de profesores,  alumnos y personal de servicios, limpieza y cocina.Basado en la libertad y respeto  mútuo.
El respeto por el medio ambiente y la utilización de todos los recursos naturales para llevar a cabo esta bonita labor de recuperar Ganadilla.
Y, he podido percibir que en cada taller está el alma de aquellos hombres y mujeres que un día se vieron obligados a marcharse. 
Y, que las calles centrales de granadilla han vuelto a recobrar la alegría con las risas y voces de estos chicos que transitan por ellas. 

Y, concluyo diciendo:

 ¡Ya no está tan sola Granadilla!



domingo, 5 de enero de 2014

Pastel de "Sobras" de merluza




¿A qué ya no sabéis lo que hacer con las sobras, que tenéis en el frigorífico, de estas fiestas?

No se a vosotros pero a mi me suele pasar que siempre me paso con las comidas y siempre me "sobra".

Y ahí tenemos la cazuela, dando vueltas por toda la cocina, hasta que tiene un hueco en un rincón en el frigorífico y la dejo ahí tapada, porque ya estoy hasta las narices de repetir comida.

 Y puede que ocurran dos cosas:

 -Que te olvides de ella y cuando la saques del rincón del frigorífico sea para tirarla a la basura.

- La otra opción, y más que nada por un problema de conciencia, porque por otra cosa no es..., pues es reciclar esa comida en algo un poco diferente.

Y yo..., que ya no podía más con la merluza en salsa con setas, la he convertido en este pastel, que cambia considerablemente el sabor.
 

Elaboración:

Es muy fácil, le he quitado todas las espinas a las rodajas de la merluza- sobrante, he tenido la paciencia de coger de la salsa las laminillas de setas y le he añadido 4 huevos, un bote pequeño de nata y tres quesitos.

Todo se mezcla bien con un tenedor, y sin triturar se echa en un molde de horno y se hornea a 180º durante 20 minutos, más o menos, hasta que se cuaje el pastel.

Cuando el pastel esté frío se adorna con salsa rosa, tiritas de mango y se acompaña con una ensaladita de canónigos.

¡Salud!

sábado, 4 de enero de 2014

La Bolsa de plástico verde (2)








¡Oh!, ¡Oh! ¡Qué frío más morrocotudo hace! Como siempre, me he levantado hoy  a las seis y cuarto de la mañana, me enfundo en mi bata polar, pongo la radio, me doy una ducha casi a 40º de temperatura para ir cogiendo calor en el cuerpo; me tomo un café calentito con unas tostadas.
Y no quiero ni mirar a la calle por la ventana, porque me imagino que estará todo helado como siempre.
Antes de salir me embalsamo en mi plumífero, me lío la bufanda, me pongo el gorro de lana y salgo a la calle como si fuera una momia.
¡Vaya rasca que hace!, le digo a mi vecino del último piso, cuando me lo encuentro a la salida del portal.
 Cada día le veo más chico y más esmirriao. Yo creo que ha encogido un poco, casi no se le ve, parece un abrigo con patas, porque él no lleva plumíferos va con su traje y su abrigo gris de paño, lo lleva sin abrochar y se deja ver una camisa blanca impecable y una corbata estrecha moderna y unos pantalones de genero que le quedan un poco holgados. Sus patitas deben de ser de alambre, creo yo. En sus buenos tiempos debió de ser mono, monillo..., porque sus facciones son guapas, pero con esa cara siempre mirando para el suelo, se le acentúan más las arrugas y le hace parecer más viejo de lo que debe de ser.
Qué digo yo..., que tendrá unos 59 años, o eso me parece a mí...

Con un hilito de voz de ultratumba: ¡Buenos días!, tiene la osadía decirme, y yo que necesito poco para saltar , le digo, bueno..., eso de buenos... es un decir...
No me contesta, no me ha oído, o mejor no me ha querido oír, no está la mañana para conversaciones.
 Estamos a -4º de temperatura y para colmo cae la niebla  meona, que es fabulosa para mi pelo, que acabo de estirármelo y en cuanto he salido a la calle se ha convertido en un estropajo gigante desteñido.
Me haré una coleta en el coche, si lo encuentro, el coche, que no veo nada y no se dónde lo dejé ayeeeeeer....
¡Coño! Me he resbalado y me he dado una buena toña, he hecho el espagar, yo creo que no me he hecho nada, lo único que sucede es que no consigo levantarme, no quiero que se me caiga el ordenador.
Tengo una pierna estirada y la otra debajo de mi culo hacia atrás. Permanezco en el suelo en esta postura unos segundos y de repente me deslumbran los faros del coche del vecino, y hace como que no me ve y se larga.
¡Será desgraciado!, mira que es raro el jodío, a lo mejor si yo fuera una chica joven se hubiera bajado a ayudarme...
¡Va!, que se vaya a la merde, por eso debe de estar solo.
 ¿Y..., qué se puede esperar con esa cara de acelga avinagrá?
Pero lo que él no sabe, porque nunca me ha dado ocasión para contárselo es que yo estuve casada y muy bien casada.
¡Cuánto añoro a mi marido!, ¡Ay, cuánto le echo de menos! qué bien me calentaba los pies por la noche en la cama. Era tan bueno que me dejaba que se los pusiera en la tripa, el pobre siempre daba un respingo, pero, a continuación, me cogía el pie, entre sus enormes manos y me los apretaba hasta que me empezaba a fluir la sangre congelada.
Me abrazaba y me frotaba la espalda, y yo me acurrucaba apoyando mi cabeza debajo de su gordito cuello.
Estaba un poco gordito y era grande, muy grande y yo me sentía tan protegida entre sus brazos y sobretodo tan calentita.
Ahora en cambio, sola en mi enorme cama, con las sábanas tan húmedas y frías..., que parece que las ha meado un gato...
Bueno, a ver como me levanto del suelo sin que se me caiga el ordenador...
¡Qué ca..., el vecino, con lo poco que le hubiera costado echarme una mano!
Lo mismo se piensa que yo quiero rollo con él, si él supiera que mi marido ha dejado el listón muy alto...
Mi marido me tenía en un pedestal, era de esos maridos, qué..., bueno, me da un poco de pudor decirlo, yo no creo que eso sea machismo, creo que eso tiene más que ver con la educación y el cariño, son pequeños detalles, pero él siempre me abría todas las  puertas buenas de la vida para que yo pasara primero, y, siempre, servía las comidas y buscaba la pieza de pescado o de carne más apañada y me la servía en el plato, prefería quedarse sin comer algo antes de que a mí me faltara, le gustaba prepararme un gran desayuno los domingos, compraba la prensa y los dos comentábamos las noticias mientras desayunábamos.
Y, jugábamos muchas veces a hacernos cosquillas tirados en el suelo, nos reíamos un montón , como cuando éramos niños.
De vez en cuando me tenía una sorpresa preparada, un libro, flores, un viaje...
Mi gordito era un encanto, no como este flaco  ensimismao..., que no ha sido capaz de ayudarme a levantarme del suelo.
Mi marido y yo nos vinimos a vivir aquí a la fría meseta castellana por recomendación médica, él era asmático y contínuamente estaba con bronquitis debido a la fuerte contaminación que había en la ciudad.
Al mes de vivir aquí se me murió de una neumonía... este clima tan sano, tan sano, cortó por lo sano.
 Se me murió en mis brazos, una fría noche de invierno, yo estaba acurrucadita y abrazadita a él en la cama, cuando de repente noté que desprendía más calor de lo habitual y yo encantada de la vida con esta calefacción natural.
Me quedé dormida y me despertó de madrugada un frío helador, su cuerpo enorme estaba rígido y helado, comencé a zarandearle y no se movía, no respiraba, ¡dios mío! estaba muerto.
Grité como una loca, pedí socorro y nadie me escuchó, el vecino de arriba debía de estar de viaje, o por lo menos no me abrió la puerta, no..., no estaba en casa, no se puede ser tan cabrón.
Si esto hubiera ocurrido en la parte izquierda de la urbanización, siempre hubiera tenido a alguna persona conmigo, ya he dicho que allí la gente vive de forma permanente y se ha formado un pueblo, nuevo y humano, no como aquí que no hay ni moscas.
 Por fin se me ocurrió llamar al 112 y vinieron inmediatamente, muerte por axfisia, dijeron.
Y así me quedé, sola..., como ahora que estoy aquí como una boba en el suelo tirada sin nadie que me ayude a levantarme.
La culpa de todo la tiene la sobrina del portero, la Sabrina, que siempre tira el agua sucia de fregar el portal a la calle, mira que se lo he dicho veces y veces: ¡Sabrina, no tires el agua de fregar el portal a la acera!
 Y, se ha debido de helar y como no se ve un pimiento pues aquí estoy yo, como una tonta inútil tirada en el suelo.

Por fin he encontrado el coche, espero que me arranque a la primera..., ha habido suerte, tres acelerones y ya está en marcha, hasta que llegue al primer semáforo en rojo,  porque en cuanto me paro se me cala y yo me pongo de los nervios cuando me empieza a pitar el de atrás...
 Para qué adelantar acontecimientos, voy a poner la radio y a escuchar música, hoy necesito música clásica.
¡Ay!, me duele un poco la rodilla  del tortazo... que me he dado, y no me había dado cuenta de que llevo las medias rotas, me compraré unas en un chino a la hora del desayuno.

 Llevo varios días sin ver a la mujer de la bolsa verde... ¿Qué le habrá pasado?, es extraño no verla pasar delante de mi ventana, ella forma parte de mi paisaje y de esta anodina y aburrida vida en el lado derecho de la urbanización.
Hoy he salido a ver si me  la encuentro por otra zona, la he buscado y no la he encontrado y me han dicho, en el lado izquierdo de la urbanización, que el otro día se cayó y que iba chorreando sangre, no quería que nadie la ayudara y que su mano ensangrentada llevaba cogida fuertemente su bolsa de plástico verde.
¿Y no la soltó?
 No..., no la soltó. La han ingresado en el hospital, me contestaron.
Me gustaría ir a visitarla, pero no sé como se llama, será imposible localizarla en ese hospital tan inmenso.
De todas formas voy a coger el coche y me voy a ir al hospital a ver si hay alguna forma de encontrarla.
He llegado al hospital y me ha parecido un poco absurdo ir preguntando por una señora con una bolsa verde, he tenido intenciones de hacerlo pero me he cortado...
 La empleada de recepción tiene cara de perro y si le voy con esa bobada me contestará: lo que me faltaba por oír hoy...
Iré a la zona de ingresos hospitalarios, miraré todas las plantas, son diez plantas.
He venido por la tarde, es mejor que por la mañana, entonces las puertas de las habitaciones suelen estar cerradas con las visitas de los especialistas a los enfermos. En cambio por la tarde todas las puertas están abiertas con las visitas de familiares y amigos, hablando y riendo, y el pobre enfermo aguantando mecha...
Me hago la despistada y voy mirando en las habitaciones, una por una...
 Me para, y me echa el alto una enfermera: aquí no se puede pasar ahora, estamos haciendo una cura...
Disculpe, es que buscooo..., me da con las puertas en las narices.
En el pasillo me encuentro con enfermos paseando y arrastrando la percha del gotero, el enfermo  van caminando a duras penas, ojeroso, con las patillas y el culo al aire, ( ya sabéis como son los camisones de los hospitales, que a más de a uno los deja con el culo al aire) y arrastrando las zapatillas de cuadros por el desgastado y descolorido suelo de sintasol. Junto a ellos, camina, algún familiar que les acompaña, normalmente suele ser una mujer, que también arrastra sus pies hinchados, calzando zapatillas de paño azules. Y en sus caras el aburrimiento es patente, ya han debido de tener tiempo para decirlo y hablárlo todo, las horas en los hospitales son eternas.
A la mitad del pasillo las enfermeras miran listados y puntean, detrás del mostrador.
Las auxiliares de enfermería, unas llevan los carritos de las merienda, un cafetillo, tipo aguachurri, con unas galletas maría, otras van entrando en las habitaciones y dejando el termómetro en los sobacos de los enfermos y cambian los goteros de las habitaciones donde ha pitado un timbre.
Hay una especie de complicidad entre enfermeras y familiares de los enfermos, ellas en agradecimiento a que estén ahí de acompañantes y les faciliten el trabajo y los otros, los familiares, siempre quieren agradar para que les traten bien al enfermo.

Yo sigo buscando..., al final del pasillo hay un gran jaleo, me acerco despacito y me encuentro con  una familia gitana, están todos allí en la habitación, son como veinte.
 La enfermera les ha dicho que se salgan de la habitación, que no le dejan oxigeno a los enfermos; y los gitanos le contestan, que de allí no se mueven hasta que no venga el médico.
 Al parecer a la gitana ingresada le ha dado un mareo.
 Un gitano le grita a la enfermera: me "cagaüen" toos tus muerto, como le pase algo a la Hortensia... te rajo.
¡Fuera todos de aquí! grita y me empuja la enfermera cuando sale despavorida de la habitación, me caigo al suelo y me pisotean los gitanos que salen levantado las cayadas detrás de la enfermera.
"Probresita...", me dice una gitana y me ayuda a levantarme.
¿Qué me cambien de habitación?, grita un señor que está al lado de la cama de la gitana. Ya no aguanto más...
 ¡Túuu... a callar abuelo...!, le grita un gitano guapo.
Vámonos pa... la frogoneta Juan que a lo mejol tiene razón la enfermera y le estamos robando el aire.
Salgo inmediatamente de esa planta y me siento un rato en un sillón en el pasillo, al lado hay una chica llorando y hablando con el móvil, otro grupo está de pie al lado de los ascensores y hablando en corro con cara de tristeza.
 ¿Quién se lo va decir?, dice el más joven. No sé que se lo diga Juan... Hombre siempre tiráis de mi para lo mismo, es decir para dar malas noticias...
Sin duda se le ha muerto algún familiar, me voy de este pasillo, porque entre el pateo de los gitanos y, esto, estoy empezando a deprimirme.
Voy a bajar y saldré a dar un paseo por la calle.
¡Ah, que bien aire fresquito! Estiro mis músculos, respiro hondo..., y de repente, escucho: Paya, guapa..., acércate...
 Miro hacia el aparcamiento y veo allí una furgoneta grande aparcada entre dos raquíticos árboles donde, sorprendentemente en una cuerda hay ropa tendida...
Con sorpresa veo que la persona que me llama es una gitana que está asomando la cabeza por la puerta trasera de la furgoneta, hago el ademán de seguir mi paseo pero la gitana insiste: ¡Anda paya, guapa! ven pacaaa, rubia.
Yo como soy muy obediente, siempre lo he sido, o más bien podría decir un poco boba, me acerco a la gitana y veo que el interior de la furgoneta es como un cocina-salón, con una alfombra en el suelo, de pavos reales azules chillones y filigranas de un rojo intenso.
Encima de una mesa de camping hay un infiernillo y tiene puesta una cafetera que está echando café y huele estupendamente.
¿Qué quiere señora?, le digo...
Quería pedirle disculpas por el pateo que le hemos dao allí arriba, tiene usted cara de buena y me gustaría que se tomara un café conmigo...
Es que tengo prisa, he salido a tomar el aire, estoy buscando a una persona...
¿A quién a su madre?
No, nooo...
¡Tómese, un cafelito conmigo mujel!

 Vi a la gitana con esa cara de pan moreno, con los ojos grandes y tristones..., que le dije ¡vale! me tomaré un cafetito, huele estupendamente.
La gitana sacó un vasito de cristal de duralex limpísimo y echó allí el aromático y humeante café negro.
Saca un tarro de cristal donde guarda el azúcar.
¡Toma paya, sírvete!
Lupe, me llamo Lupe...
Yo tenía una tía que la llamábamos la Guadaaa... y era muy parecía a usted, bueno, asina de flaca, pero no tan descoloría como está usted.
 ¿No estará enfelma?
No, estoy flaca porque hago régimen...
Y, ¿Pa...  qué "jaseee..." usted régimen, es que tiene azúcar?
 Mire usted, la mi Hortensia está ingresá porque es "diablética" y no conseguimos controlarle el azúcar que tiene en la sangre y le dan unos mareos que se nos quea como muerta...
Y el mi mario..., el Juanito, le ha dicho a los médicos que como no mos la curen y le pase algo a la Hortensia que quema el hospital, pero eso es de boquilla, sólo lo dice porque tiene miedo. Musotros, los gitanos, queremos a nuestros hijos con todo el alma y todo el cuerpo, mire usted que hemos dejao la casa y aquí estamos todos arrebujaos en la frogoneta, pa estal más cerca de ella.
No se preocupe, mujer, una vez que se le regule y controle sólo tendrá que hacer una dieta y podrá hacer una vida normal.
Hay eso es lo malo que no soy capaz de meterla en veréa y en cuanto me descuido está comiéndose un bolloooo...

Apuro el café y le digo: tengo que marcharme, muchas gracias por el café estaba delicioso...
Espere un momento usted no me haría un favol, súbale este bocadillo de jamón a la mi Hortensia, que me la están dejando morir de hambre con esos calducos y esa pesca descoloría que le dan...
No, yo no puedo subirle nada, no entiende usted que para que se ponga bien tiene que hacer lo que le digan en el hospital..., no pueden darle comida.
Es que dice el mi Juanito que como me se muera la Hortensia que le pega fuego al hospital y mos busca la ruina...
Su hija no se va a morir lo que tienen ustedes que hacer es dejarla en manos de los médicos y enfermeras que ellos saben bien lo que tienen que hacer...
¡Que resabía... parece usted, ni que fuera médica!
 ¿Y a quién dice usted que está buscando?
Porque nusotros ya llevamos aquí casi un mes y mos conocemos a muchos payos y payas...
Verá, usted, es que no sé como decirle..., no es nada mío, es una mujer de la urbanización, que no sé como se llama, ni sé si tiene familia o no la tiene.
La gitana me mira con su cara redonda de pan moreno, como diciendo esta está loca...
¿Y pa qué quiere usted encontral a una mujel que no sabe ni siquiera como se llama?
Es que la historia es muy larga y no tengo tiempo para explicársela, de todas formas ya se me ha hecho tarde, me iré y mañana volveré por la tarde.
Dígame al menos como es la señora..., mujel... de dios...
Pues... es una mujer de casi unos 80 años, con el pelo canoso y corto y un poco rizado...
¡Anda que no hay agüelas asina!
Tiene razón, sólo la diferencia en una cosa, ella siempre lleva una bolsa verde en la mano.
¿Una borsa verde? de esas que damos nusotras en los puestos del mercadillo?
Sí una de esas...
Pos anda mujel... con toas las bolsas verdes que damos..., cualquiera puede ser..., en mi barrio van toas las payas con una bolsa verdeee...
Nooo, no... ésta es especial, siempre va paseando comiendo pipas y con la bolsa verde colgando y fuertemente agarrada y anudada.
Mira, paya, yo ahora voy a estar atenta y si la veo te lo digo a cambio tú... me le subes a la mi Hortensia el bocadillo de jamón..., que me conozco al Juanito y como le pase algo a la niña le pega fuego al hospital.
No debería aceptar, me parece una irresponsabilidad por mi parte, pero venga traiga el bocadillo...
¡Ay, paya! qué buena eres, dios te lo compensará con un buen marío.
No gracias, deja que ya tuve uno y no quiero más hombres en mi vida.
¿Es que le pegaba?
No mujer, no me pegaba...
El mi Juanito, me ha pegao mucho, mucho, hasta que me ha dejao más suave que un guante, eso es lo que él dice...
¿Y tú te has dejado pegar?
Y..., que voy a hacer si cuando me casé tenía 15 años y le dijo mi padre al mi mario...:
Juanito a esta dale duro los primeros días que si no se te arrepucha y no haces vida de ella.
Y se lo tomó tan al pie de la letra que un día hasta me tuvieron que llevar al hospital y allí me preguntaron que donde me había hecho esas "Jeras" y yo le dije que me había caido por las escaleras. Pero no se lo creyeron y le preguntaron al mi Juanito y el muy ignorante les dijo:
Es que la he tenío que calentar porque cuando llegué a casa no me tenía la comida hecha...
Entonces, le denunciaron y le metieron en la cárcel tres meses.
Cuando salí del hospital y llegué a casa, mis suegros y mis padres, me dieron otra buena paliza por haber ido al hospital.
No puedes dejar que te peguen, no vuelvas a permitirlo, denúncialo.
No si ya no me pega, yo hago todo lo que él me dice y como él dice estoy más suave que un guante...
Eso no me parece nada bien, ya hablaremos otro día, ahora tengo que irme.
¡Toma el bocadillo!
Le he dado dos besos a esa gitana guapa y buena con cara de pan de centeno y me he ido hacia el hospital y cuando iba subiendo las escaleras me he dado la vuelta y me he salido por otra puerta, he abierto el bocadillo y me lo he ido comiendo en el coche, está buenísimo el jamón, es ibérico.
¿ No sé lo que me hará el Juanito cuando se entere de que me he comido el bocadillo de su hija?
¿Dónde he dejado el coche? ya lo veo, qué gusto, sentarme aquí en mi cochecito y poner la radio, pondré la 2 me apetece escuchar clásica, sólo se distinguir las grandes sinfonías, algunos clásicos super conocidos, los demás, no sé que me pasa que no pongo atención y no los distingo, pero no me importa, me gusta su música y punto.
Ya no quiero aprenderme nombres nuevos, ya soy mayor, muy mayor y sólo quiero disfrutar con los sentidos, me he pasado la vida aprendiendo cosas y ya no quiero aprender más, sólo quiero dar placer a mis sentidos.
Lo mismo me pasa con la pintura, sólo quiero disfrutar con las obras, no quiero aprender como se llama ese autor americano. Igual con las novelas leo una novela me gusta o no me gusta, pero cuando pasan unos meses ya no sé si la ha escrito Rosa Montero, Maruja Torres, Elvira Lindo, Millás, Landero o Ribas, que me perdonen pero soy un poco vaga en este aspecto.

Continuará...

viernes, 3 de enero de 2014

Vidalina y Paulina: las encinas parlanchinas













¡Vidalinaaaa...!
- ¿Qué…, qué... te pasa... Paulina?
-¿No has oído a los grillos gigantes?
-Paulina, no, no he oído nada, no ves que estoy muy malina..., ya no  tengo "hojas-orejillas" para escuchar... 
Mis "hojinas" pequeñas y picudas han desaparecido.
Este año ni siquiera me ha salido la candelita, y como consecuencia..., esta Navidad no he tenido bellotas.
Estoy tan cubierta de líquenes blanquecinos, que me estoy ahogando, ya apenas puedo respirar. 
 ¿No ves que parezco una vieja loca, canosa y despeinada...?
¿Cómo quieres que oiga a los grillos gigantes?
¿A caso están cerca?
-¡Sí! , Vidalina, no deben de andar muy lejos, los oigo cerca, muy cerca.
-Ayer vinieron cuatro hermosas grullas a comer mis bellotas y las oí "cantar": que apenas tenían comida, porque  una cuadrilla de humanos cargados  con "grillos gigantes" están cortando todas las encinas y alcornoques que están afectados por la enfermedad de la seca.
-¿Qué me dices?
-Lo que te digo Vidalina, esa es la purita realidad, aunque nos empeñemos en cerrar nuestras “hojinas-ojillos” y no querer verla.
Vamos a acabar todas como ellas, taladas sin misericordia, por nuestro hermosos troncos, a ras del suelo.
-¡Ay, ay…! Seguro que yo seré la próxima, Paulina. Estoy tan “seca” que ya no me salen ni las lágrimas de rocío, al amanecer.

Antes, antiguamente, ahora, en el otoño era la época de la poda, y nos hacían una buena limpia.
Nos cortaban con un hacha, silenciosamente y con tino,  todas las ramas seca, y eso contribuía a que no tuviéramos enfermedades, y que nuestras ramas nacieran más sanas y frondosas.
Ahora..., ahora, nos tienen abandonadas.
Si los humanos...,  en cuanto vieran nuestras ramitas, albinas, las podaran y las quemaran, esta enfermedad no nos afectaría tanto…

-Vidalina:  las grullas me “cantaron,” que los humanos les ponen un gran número en la panza de nuestras hermanas, y  ya marcadas no tienen escapatoria. No se andan con bromas...
-Entonces yo seré la próxima en ser  marcada con un número, lo veo venir  Paulina.
Me da tanta pena abandonar este bonito valle..., llevamos aquí por lo menos más 500 años, y ahora me temo que voy a desaparecer de aquí para siempre.
-No adelantes acontecimientos Vidalina que a lo mejor encuentran una medicina los humanos y te pones buena.

-Dirás nos ponemos, o  ¿no has visto las ramas de tus bajos..., que las tienes blancas, también…?
-No, no, no…, Vidalina, no puede ser yo estoy muy,  pero que muy sana.
-Así empecé yo, y mira como estoy ahora...
¡Abre tus “hojinas” de la cogolla y mira para arriba…!
-Ya las he abierto y ¿Qué?, no veo nada.
-Pues tú lo has dicho:
No ves nada, porque no hay nada.
-Es cierto.
 ¿Dónde están: don Anselmo, el repulido alcornoque, doña Licínia,  doña Flora, doña Dora, don Cipriano, doña Guadalupe, doña Cristeta, don Eufemio y doña Brígida, doña Elena y don Vidal, don Amadeo y doña Martina?
Sí, sí, todos eran fuertes y robustos, y daban exquisitos frutos que alimentaban a todos los cerdos del pueblo con sus ricas bellotas.
-¿Pero, no ves que aquí parece que sobra todo... No ves que nuestras bellotas se pudren en el suelo... que no las coge nadie ?
Menos mal que las grullas y los jabalíes siguen comiéndoselas, y así hacen que nos sintamos necesarias…
 Porque... si fuera por los humanos...
 Cada vez hacen que nos sintamos más insignificantes para ellos.
-Sí, por cierto, siguen sin comprender lo importante que somos para ellos...
- Somos su paisaje, y lo que es más importante, somos su pulmón.
- Bueno, no todos..., me han "cantado" las oropéndolas, que unos chicos jóvenes del pueblo, han montado una pequeña fábrica, y hacen una rica cerveza artesana, con sabor a bellotas y "cantan" que ha tenido mucho éxito. 
- Bueno, pues algo es algo...







-¡Vidalina…!
-¿Qué?
-Qué se acerca un humano, y trae algo en la mano, trae un cubo y lleva en la otra mano, como un rabo de zorra...
-No seas boba Paulina, eso se llama brocha.
-¿Brocha...? ¿Eso que se usa para pintar…?
-Sí, eso, calla, que estoy sintiendo en mi panza como si se deslizara un lagarto mojado.
Pero no es un lagarto mojado, está taponando mis poros y huele muy mal.
-Vidalina, cariño, te han pintado el número 5 en tu barrigocha.
-¡Ay, dios mío! Ya vienen a por mí los "grillos gigantes".
-No..., no llores, ya pensaremos algo.
-¿Algo, qué algo?
-Algo, algo, ya se me ocurrirá algo, Vidalina...
-Tendrá que ser rápido cada vez se oyen más cerca los grillos gigantes.
 -Ahora, sí que los oigo, querida amiga.





-Amiga Vidalina, está atardeciendo, a estas horas los humanos empiezan a  recogerse en sus casas, y se ha callado el grillo gigante.
-Menos mal, Paulina, me estaba dando una “taqui-savia”.
-¿Y qué vamos a hacer nosotras, yo lisiada y tú medio lisiada?
-No seas tan derrotista Vidalina, mientras haya vida hay esperanza.
Dentro de un rato vendrán a dormir aquí:
Doña lechuza, el “jabalín-encamao”, el milano, la guarrapina Jacinta, la cabrita saltarina y la vaquita parramplona.
 Y, despertaremos al lagarto Melquiades y a toda su tropa.
-¡Huy,huy! Como vas a despertar a Don Melquiades que está en plena  hibernación; se va a enfadar un montón, y se va a mosquear...
-Será mejor que  no se entere de nada..., y qué cuando se despierte..., se encuentre achicharrado en una fogata...
-Qué cosas tienes Vidalina..., esto es una emergencia... ¿Lo entiendes, amiga mía?
-Mira ya están aquí todos vamos a hablarles ahora mismo.
Queridos amigos:
Qué nuestra amiga lechuza, nos diga lo que los humanos han pintado en la panza de Vidalina:

- ¡Horror, le han pintado el número 5, esto es el final de tu vida, Vidalina…!
-No podemos permitirlo... Cabrita Saltarina, dale, por favor, un poco de calor a don lagarto a ver si se despierta, que lo necesitamos.
-¿Qué pasa, qué pasa..., por qué me despertáis? - dice el lagarto, adormilado-
-Hay una emergencia, amigo lagarto, a Vidalina le han marcado el nº  5 en su barrigocha y tenemos que pensar rápidamente en hacer algo para que mañana no la talen.
-¡Ay, ay, qué desgraciada soy... Cómo voy a morir tan joven, con sólo 500 años, cuando mi madre vivió más un siglo...!
-¡Calla, Vidalina, que tenemos que pensar!
-Pensar, pensar...Yo ya no puedo pensar.
-Nosotros lo haremos por ti.
-Mira eso nunca me ha gustado, pero estoy tan cansada que os dejo a vosotros que lo hagáis.
-Lo primero que tenemos que hacer es borrar ese número como sea... Debemos hacerlo rápidamente.
 Esta noche estamos de suerte hay luna llena y se ve muy bien.
-¡Pues bien! ¿Qué hacemos?
-¡Pensemos!
-Sólo se me ocurre una cosa, que a Vidalina no le va a gustar, pero no hay otra solución.
-¿Y qué es lo que a mí no me va a gustar... Paulina?
- Casi no me atrevo a decirlo, porque te conozco bien, y sé que eres muy "rechuplosa".
- ¡Dilo de una vez, Paulina!
- Pues… que debéis preparar un emplaste con las plastas de la vaquita Parramplona  y tapar el nº 5 con ella.
-Antes prefiero morir, a qué untéis mi panza con las plastas de la vaquita Parramplona.
- No seas boba, Vidalina, y déjate de cursilerías y pamplinas en estos momentos.
Pasaron toda la noche los amigos de Vidalina y Paulina tapando el nº 5, marcado en la panza de Vidalina.
 A la mañana siguiente se despertaron todos sobresaltados, cuando oyeron  cantar al "grillo gigante" en la dehesa.
 Los humanos pasaban con una enorme sierra dentada, eléctrica y ruidosa... 
Cuyo ruido confundían las encinas con el canto de un grillo gigante.
Pasaban los humanos, mirando a los lados del camino, y buscando los números pintados en las panzas de las encinas para talarlas.
Vidalina y Paulina tenían una “taqui-savia” tan fuerte, que se oía su agitada respiración en toda la dehesa.
Y, sus amigos los animalillos, salían de su descanso nocturno desperezándose debajo de ellas.
Los lagartos salieron todos de su hibernación ,y se colocaron, estratégicamente, en las ramas muertas de Vidalina, dándole el color verde de la vida..., y simulando ser hojitas espinosas.
 Y, como temblaban tanto por el frío que tenían los valientes lagartos,  parecía que el viento movía las hojitas de la encina.
Los humanos taladores, miraron con sus gafas protectoras, y pasaron de largo, no se dieron cuenta de que Vidalina, era la encina marcada para morir en diciembre del año 2013, cuando ella tan sólo tenía 500 añitos.

Vidalina y Paulina esperan que en el año el 2014, entrante... se encuentre una solución para su terrible enfermedad: 
La Seca.
Para seguir dando bellotas por Navidad y que sea un feliz año para todos los moradores de la dehesa.
Fin.
Brígida Seguín








                                Vidalina y Paulina: en la realidad, año 2013. (2020 ya no existen)



Noche de Reyes: una Simple y Rica Naranja






Pertenezco a esa generación, a los que, los Reyes Magos, nos traían como regalo:
Una simple y rica  "Naranja".
Entonces no había catálogos de grandes almacenes, ni tiendas repletas de juguetes como ahora, aún así, teníamos una gran ilusión porque llegara ese día. 
La víspera de Reyes cambiaba por completo nuestro comportamiento, nos portábamos muy bien, porque en ello iba el que te trajeran “algo” o “nada”.
  Nos íbamos a la cama muy pronto, con la bolsa de goma llena de agua caliente, a esas camas frías y húmedas, y arropados con un montón de mantas de lana, que pesaban tanto que nos dejaban el cuerpo molido. Y, por si acaso, esa noche no había ni patadas, ni gritos, ni tirones de mantas...
¡Hala!, a dormir pronto que mañana vienen los Reyes Magos, y, no abráis ni un ojo, que como os vean despiertos no os dejan “nada”, nos decía mi madre.
Mi hermano y yo, peleándonos, como cada noche por llevar la bolsa de agua caliente de goma azul , subíamos las escaleras arriba, tiritando de frío y de miedo.
Sí, tiritando de frío y de miedo porque no nos hacía ninguna gracia que en plena noche entraran en nuestra casa, por la ventana, esos tres señores viejos y barbudos, aunque fueran los más esperados durante todo el año.

Yo tardaba en dormirme, de vez en cuando sacaba la cabeza debajo de las mantas para ver si los reyes habían abierto la ventana.
 Se suponía que, como venían volando por el cielo, y montados en los camellos, entrarían por el piso de arriba, dónde estábamos nosotros.
 Aunque los regalos siempre aparecían en la planta baja, en la habitación de mis padres: 
 Allí, encima de un viejo baúl cubierto con un tapete dorado, donde habíamos puesto nuestros zapatos “gorilas”.

En cuanto amanecía bajábamos precipitadamente las escaleras abajo, con el pijama de franela a rayas y descalzos, pues los zapatos los teníamos abajo, y en aquella época yo creo que nunca tuve unas zapatillas de estar en casa, entre otras cosas porque no las necesitaba, nunca estaba en casa, si no era para comer o dormir; aunque hiciera frío, afortunadamente, siempre estábamos jugando en la calle.

Anhelantes, entrábamos, en la habitación de mis padres y allí estaban ellos en la cama, mi padre riendo y fumándose un celta corto y madre dándole el pecho a mi hermano pequeño. Entonces el fumar en la cama no era delito, bueno, quiero decir que no estaba nada mal visto.
(Esto ahora sería delito)
Recuerdo áquel año en concreto, que después de darles un beso, me dirigí hacia el baúl y allí había una bonita muñeca, dos naranjas, una anguila dulce y dentro del zapato una moneda de dos cincuenta, es decir medio duro. Yo rápidamente me fui a coger la muñeca y me dijo mi madre:


  -No…, Hija, esa muñeca no es para ti...

-¿Y para quién es? dije yo, ya que yo era la única niña de la casa.

  -Es para tu prima, ¿no ves que no está encima de tu zapato…?

-¡Coge lo que está en tu zapato!

Y yo decepcionada, pero sin soltar una lágrima, solté la muñeca y cogí mi naranja, mi medio duro y compartimos entre todos la anguila dulce.

Conseguí averiguar, preguntando, que la muñeca, “esa”, era  como un “compromiso social de mis padres, mis tíos y los Reyes”, ya que como mi hermano era el ahijado de los padres de mi prima y, siempre, los Reyes Magos, le traían un regalo a él en casa de sus padrinos, había que corresponder... Además yo ya tenía una muñeca de cartón del año anterior... con la nariz raspada, la recuerdo perfectamente.
 Era como un trueque que hacían los reyes... Cosa de ellos... 

Con ese argumento, más o menos me quedé satisfecha. Y, no había llantos ni "berraquinas", ni frustraciones, ni nada de nada, cogíamos el escaso regalo y salíamos a saltar y brincar a la calle.

Ya de mayor… Le pregunté, riéndome, un día a mi madre, que como me pudieron hacer aquella crueldad con la muñeca...

Y, riéndose, me dijo que no se acordaba de nada...Y que a ella, de niña, nunca le trajeron nada los Reyes Magos, ni siquiera una Naranja.


Ahora veo la habitación de mis nietas, repleta de juguetes y me pregunto:

¿Qué será peor, una simple naranja, o tantísimos regalos juntos? 
!Ahí dejo la incognita¡