domingo, 4 de septiembre de 2011

GAZPACHO CON HIGOS FRITOS





Elaboración:

-Haz un gazpacho con tomates muy maduros, pimientos, medio ajito, pan , aceite de oliva, vinagre y sal.

-Le pones poco agua, medio vaso y lo bates, que quede la textura como la del salmorejo.

-En una sartén pon aceite a calentar y cuando esté caliente le das vuelta y vuelta  a los higos cortados en rodajas.

-Cuando sirvas el gazpacho le pones las  rodajas del higo encima.

jueves, 1 de septiembre de 2011

LA MELANCOLÍA DE SEPTIEMBRE





El mes de septiembre en Zarza me encanta porque bajan las calorinas y se puede empezar a dar grandes paseos y caminatas.
El sol te calienta pero no quema y el cielo brilla con una luz limpia y clara..., y hace que luzcan los caminos blancos que nos llevan a los encinares, que pardean en el horizonte.

Sólo hay un inconveniente y es que  todavía en este mes las moscas están rabiosas, pican y revolotean a tu paso por el campo  y tienes que ir dándote tortazos en los brazos,  piernas y espaldas para espantarlas.

En septiembre Zarza huele a tabaco fresco colgado en los secaderos.
Me gusta... el olor que desprende el tabaco verde, colgado con cuerdas en "puas" de las vigas de madera en los secaderos de tabaco.

Al pasar por la puerta huele a limpio y desprende un aroma a verde y  frescura húmeda.

Cada vez  se siembra menos tabaco en Zarza, me comentaba un día un amigo que les valen muy caras las semillas y que el tabaco necesita muchos cuidados y riegos y si no fuera porque toda la labor la hace toda su familia no sacarían ni "pa" pipas.

En el invierno ponen los semilleros, en primavera la siembra, en verano, cuidan y miman al tabaco, le cortan las flores, protegen las plantas de toda clase de insectos y lo riegan para que crezca y dé hermosas hojas y unos días antes de San Ramón el 31 de agosto cortan el tabaco.

En los años 50 y 60 casi todos los habitantes de Zarza, por estas fechas "estaban a tabaco", es decir iban a cortarlo.
En el pueblo había un ir y devenir de carros tirados por mulas llenos de tabaco.
En casi todas las calles del pueblo había un gran corralón o secadero de tabaco.
Las mujeres subidas al carro les daban a los hombres las ramas y ellos subidos en largas escaleras de palo  los iban colgando en los entramados de vigas de madera de chopo y cuerdas de pita, para que se secaran.
Más tarde, en el otoño tardío, con las hojas ya secas, las mujeres, sentadas en tajos o sillas casi enanas, iban quitándoles las hojas al tallo o palo de tabaco.
Seguidamente las humedecían con agua y posteriormente hacían la labor de "amanillar" el tabaco.
Para lo cual se necesitaba ser experta y con mucho tacto y cariño iban envolviendo y liando las hojas, formando como un gran puro.
 Todas estas "manillas"las juntaban en un grandes fardos y por último lo llevaban a la tabacalera de Plasencia.

En Zarza hemos crecido con el olor a tabaco fresco y casi todos los chicos y chicas de mi época hemos encendido un gran cigarro, que liábamos a escondidas en el "sobrao" y hemos dado una buena calada a ese puro casero y hemos echado las tripas a continuación.

En las inmediaciones de los secaderos o corrales se formaban grandes montañas de palos de tabaco y los niños cogíamos dos palos: uno que hacía de caballo y otro que era la lanza y jugábamos a indios y vaqueros y preparábamos buenas "tremolinas".

También en septiembre nos llegaba la morriña y la melancolía de tener que dejar el pueblo para irnos a estudiar fuera y así finalizaba un verano  más y esperábamos con ansias las ferias de octubre para volver al pueblo.






lunes, 29 de agosto de 2011

Mi heroína




He vuelto..., después de un mes de ausencia, y que nadie se me mosquee..., pero he vuelto cansada  de hacer comidas y cenas...

Yo soy un poco gallina clueca y me gusta tener a los míos a mi alrededor,  pero confieso que no me me enfadaré si en algún momento "Alguno" me dice: esta noche yo hago la cena..., y no solamente hago la cena sino que, (lo más importante) pienso..., ¿ qué es lo que vamos a cenar? y después la hago...

En algún momento he pensado en esa mágica pastilla que mi hermana pedía a gritos para sustituir a las horas de "pinote" puesta en la cocina.
Decía: a ver cuando se inventa una pastillita para que el día que no tengas ganas de cocinar  la reparta, como si fueran pastillas de leche burra, una a cada uno  y listo.
 Con sabor a jamón ibérico, unas, otras a paella y otras a besugo al horno, por ejemplo.

Parece un poco cutre que en el blog que empecé haciendo recetas sencillas para mis hijos y chicos jóvenes ahora venga yo con la "pastillita sabor a...".
Lo siento estoy saturada, es posible que en breve se me pase, esta es mi enfermedad pasajera del verano y de la Navidad. Mía y de casi todas las mujeres.

Es más yo propondría, si fuera "ministra de trabajo", que a toda mujer que cocine para más de dos o tres personas a diario reciba un salario y con derecho a recibir una pensión de jubilación.

Ahora que estamos en una tremenda crisis mundial, pienso en esa mujer sin rostro..., que su marido está en el paro, que tiene aún en casa a dos adolescentes y que se le ha venido a casa otro hijo que se casó y ahora está en el paro y le  han embargado el piso porque no puede pagar la hipotéca y su mujer friega escaleras compitiendo con otras pobres y respetables inmigrantes que las friegan por menos dinero .
Además ese hijo casado tiene tres niños pequeños .
Entonces..., a ver...,esa mujer madre de familia cada día tiene que pensar que le dará de comer a su familia, a su marido, que reniega por la casa, a dos adolescentes, a su hijo casado que ha vuelto a casa y se pasa el día en chandal viendo la tele, a su nuera que no la puede ayudar porque está todo el día limpiando escaleras y casas particulares y a tres nietos preciosos y revoltosos.
En total, tiene que "pensar", "comprar" y "cocinara para nueve personas y tres de ellas niños.
Como este caso debe de haber un montón y sólo de pensarlo se me pone la carne de gallina.
Para mí esta mujer tiene más merito que el mismísimo director del banco de España.
Esa mujer sale cada mañana con el carrito de la compra y su monedero y se va al mercado y tiene que hacer virguerías para llevar a casa alimentos y después elaborar la comida, que probablemente sea de mucha elaboración porque el filetito de ternera a la plancha para nueve personas se pasa de su presupuesto.
 Probablemente tendrá que hacer unas albóndigas que es un plato más barato y cunde más y sopas con las carcasas de la pechuga del pollo y alguna verdura.
Sea lo que sea, lo que haga , lo que piense y lo que haya comprado, lo ha hecho  y lo hará ella "sola".
Y sacará a su familia adelante día tras día, quebrándose la cabeza  sin hacer ningún "master en economía".
Esta mujer de aspecto bondadoso, que va al médico porque ya no puede más y el médico la despacha con unos tranquilizantes, esta mujer es mi "heroína" y su nuera también porque es muy probable que día tras día ellas saquen la casa  adelante mientras el marido, el hijo y los dos adolescentes estén tirados en el sofá con el mando de la tele en la mano, comentando jugadas de fútbol o programas basura.
Situación penosa que los varones no se han buscado, pero que las dos mujeres tienen que aguantar.
Y ahora digo yo:
¿Qué pasaría si un día estas mujeres hicieran huelga?

¿Se resentiría la economía del país?

Es probable que si estas mujeres un día hicieran huelga, la primera bofetada la recibirían en su propia casa.




















jueves, 28 de julio de 2011

ESTE VERANITO ..............





PANTANO DE GABRIEL Y GALÁN
NUESTRO MEDITERRÁNEO


Os dejo hasta septiembre, ya sabéis este veranito, nadar en la piscina de Zarza de Granadilla, o en el río Ambroz, o en el pantano de Gabriel y Galán, o en las piscinas naturales de Abadía,  o de Granja,  o de Casas del Monte, o de Segura, o de Gargantilla.
Pocos pueblos de España tienen a su alrededor tanta agua para poder disfrutar en verano de un buen baño.
 Además, aquí en Zarza apetece bañarse, porque hace un calor de muerte.
 Pero eso es lo bueno del verano, que haga calor y que tengas lugares agradables donde poder darte un buen chapuzón.

Las comidas, ya sabéis ligeritas , verduras, gazpachitos de toda clase, de tomate , de melón de sandía, de manzanas...

Pescaditos y carnes a la plancha y mucha fruta y...

Muchos besitos...

Os dejo musiquita...


..






miércoles, 27 de julio de 2011

EL CIRUELAZO





Aunque parezca el ojo de una rana, no es lo que parece, es mi pobre ojo víctima de un "ciruelazo".

El domingo pasado quise coger una ciruela de un árbol y como no llegaba, le arree... con un palo y la ciruela vino disparada a mi ojo y me lo dejó a la "birulé". 
Pero ahí no acaba todo, me agarré a la valla de la pared y me clavé un alambre oxidado en el brazo y acabé en urgencias con la antitetánica  puesta y con la familia enfadada.

Esto me recuerda a cuando éramos pequeños que si te caías..., encima te pegaban por caerte.

Por lo visto los accidentes en el huerto están a la orden del día, así pues la próxima vez que me suceda algo, me lo callo, si es posible, ya que el ciruelazo dejó bastante huella.





SAN MIGUEL (9)



Después de una movida noche de tirones de sábanas, risas y "cosquilillas", nos despertábamos temprano, cuando oíamos correr las trancas de las puertas, rebuznar a los burros y a los mulos, cantar a los gallos, cacarear a las gallinas, ladrar a los perros y dar voces a los segadores, pastores y labriegos.
Salíamos de la sala y como "penitentes" nos presentábamos en la cocina descalzos y allí estaban mi abuela y mi tía Vale preparando  el café y cociendo la leche para el desayuno.
Nos ponían el desayuno, un tazón de café con leche de cabra con pan "migao" y una cucharada de nata por encima con un poco de azúcar.

Seguidamente pasábamos por la sala del aseo donde estaba el palanganero y nos hacíamos la "lavaura del gato" y salíamos corriendo al corral, cogíamos la burra, le poníamos las aguaderas de esparto, subíamos las cántaras de lata, nos montábamos a turnos en la burra e íbamos a buscar el agua para beber al pozo de agua "cana".
El pozo se encontraba siguiendo un caminito estrecho, que salía a la izquierda de la casa. Iba paralelo al arroyo. En este camino también había un trozo que era muy polvoriento, como de barro triturado, como harina gris.
Camino al pozo llevábamos un gran jolgorio, saltando, subiendo y bajando de la burra.
Cuando llegábamos al pozo bajábamos todos los cántaros y los llenábamos de agua con una calderilla  de cinz,  que estaba colgada de una higuera que había al lado del pozo.
Llenábamos los cántaros de lata y los colocábamos en las aguaderas y emprendíamos camino para la casa.
Le pinchábamos con un palo a la burra para que corriera, y la burra corría como loca y el agua iba saltando de los cantarillos de tal manera que cuando llegábamos a vaciarlos a la tinaja y a  los cántaros de barro, que estaban en la cantarera, los cantarillos de lata estaban medio vacíos.

 Volvíamos otra vez por el caminito, ahora salpicado por el reguero de agua que habíamos tirado, llegábamos al pozo, y..., ya con un poco más de calor nos tirábamos calderillazos de agua, unos a otros hasta que la calderilla se caía al pozo y teníamos que sacarla con las escarpias. Allí pasábamos un buen rato agradable jugando con el agua,y el gran calor que hacía aumentaba el agradable olor que desprendía la  "presta de burra" que nacía alrededor del pozo y los poleos que crecían en la orilla del arroyo.
 Así pasábamos media mañana, yendo y viniendo al pozo hasta que le llenábamos la tinaja y los cántaros de barro a la abuela de agua potable.

A esas horas, sobre las 11 de la mañana ya habían venido de la huerta del molino alguno de mis tíos o tías y habían traído fruta fresca, ciruelas rojas, claudias, alcahuetas, fresquillas ,melocotones y sandías y melones.
Tengo entendido que la huerta del molino se la vendió el amo a mi abuelo. Esta venta fue un trueque, mi abuelo le daba al "amo" hermosos pavos  por navidad, que mi abuela había criado habilmente y con mucho sacrificio, digo con mucho sacrificio y paciencia pues dice mi madre que los "pavinos", como su nombre indica eran un poco pavos y así como los pollitos nada más nacer comían solos, a  los "pavinos" había que darles de comer con la mano, abriéndoles el pico, una papilla que ella preparaba con ortigas, pan y leche, a veces tenían que ir hasta el pueblo a recoger  las ortigas que crecían alrededor de las paredes de piedras.
Cuando crecían un poco, tenían que llevarlos a comer los restos de cereales que habían quedado de la siega  a los campos de barbecho.
 Pues como digo el trueque, consistía en que cada año mi abuela le daba al amo  unos cuantos hermosos pavos gordos y bien criados, que el amo regalaba a sus familiares y amigos.
En aquellos años cenar pavo en Navidad era todo un lujo.
A cambio el amo le dio el cacho tierra de la huerta del molino.
Al parecer hicieron un "papel" escrito donde se reflejaba el trueque, pero cuando los amos partieron las fincas le mandaron llevar el famoso papel escrito a mi abuelo y nunca más se supo de aquel papel.
Ni el amo le devolvió el papel, ni mi abuelo se acordó de pedirlo y cuando lo hizo ya era demasiado tarde.
Pero era requetesabido  por todos los vecinos de los huertos colindantes que esa huerta pertenecía a mi abuelo. Además el  pozo del que se nutría la huerta lo había  hecho el abuelo.
Uno de los vecinos de huerta, era un señor muy mayor con el pelo completamente blanco que en el pueblo lo llamaban tío "Pijama". En el pueblo, no se libra nadie del mote y a este pobre hombre le pusieron tío "pijama", porque vino de Buenos Aires con un  traje a rayas..., y siempre iba a la huerta con ese traje montado en la burra. 
A nosotros nos daba un poco de miedo porque tenía mal carácter. La verdad es que era un poco esperpéntico  y surrealista ver en pleno secarral a un hortelano vestido con un traje de rayas blancas y negras montado en una burra.

Esa bonita y prospera huerta, donde sembraban todas las hortalizas y árboles frutales cuando mi abuelo repartió la herencia le tocó a su hija pequeña.
Por aquella época, cambió de dueño San Migue,  pero no el San Miguel donde los abuelos eran los guardeses, si no el San Miguel que estaba pasado el arroyo (propiedad de mi suegro).Y hubo un gran lío con el nuevo dueño.
Resumiendo: mi tía se quedó sin la huerta...
No había papeles dónde poder demostrar que la huerta era un trueque del amo a mi abuelo.
Pero existe una cosa que se llama ética y moralidad y la firme creencia de todos, que ese cacho tierra pertenecía a mi abuelo y después a mi tía.
Moralmente, sabiendo que podía ser un error, y era un error, hubiera cedido el cacho huerta sin más.

Olvidando este incidente de la huerta del molino y volviendo a la época en que pertenecía a mi abuelo, tengo que decir que de esa huerta se  traían las aguaderas de esparto llenas de fruta fresca y la depositaban en las pesebreras limpias del corral y allí cogíamos las sandías, los melones y los llevábamos a la cocina de postre después de la comida, que como ya he dicho en otras ocasiones, solía ser cocido, un cocido de garbanzos y verdura buenísimo hecho con gallina, carne de chivo, tocino salado y relleno de tortilla.
Después de comer nos obligaban a echarnos la siesta en la sala del aseo y la costura, nos la echábamos en una manta de tiras en el suelo, era difícil mantener el silencio que requerían para descansar un rato, mis abuelos y tíos en esos veranos tórridos y sesteantes de San Miguel.
Tirados en el suelo, con las contraventanas cerradas, fijaba la vista en un haz de luz que se filtraba por una rendija de la ventana y me entretenía viendo  caer las motitas de polvo, que circulaban por el haz de luz.
De nuevo el ruido de las trancas anunciaban que se había pasado la hora de la siesta.
Mi abuela se pondría a coser en el patio y nosotros, si todavía quedaba agua en el arroyo,  iríamos a bañarnos.
Si no quedaba nada de agua, iríamos a los retamales a bañarnos, allí no estábamos solos, estaba llenos de jornaleros y jornaleras cavando y regando los pimientos, que más tarde sería nuestro rico pimiento" molío".
 Al río Ambroz, tardábamos un poco más que al arroyo, pero allí el agua estaba más limpia y más fresquita y nos pasábamos la tarde metidos en el agua disfrutando como peces en el agua.



                                       Pozo de agua cana
                                          Falta la higuera dónde pendía la calderilla.




Continuará...

viernes, 22 de julio de 2011

SAN MIGUEL (8)








Era  muy posible que en verano nuestros padres nos dejaran quedarnos a dormir alguna noche en San Miguel.
Dormir todos los primos juntos, en la misma habitación era completar el día...
Nos aproximábamos a la casa esa tarde calurosa de verano y lo primero que hacíamos era subir por el tronco del peral a coger las peras, el pobre tronco estaba ya doblado, pero todos los años nos proporcionaba hermosas peras, que yo recuerde nunca llegué a probar una madura, ya que, casi siempre las arrancábamos verdes, y mi abuelo se enfurecía con razón con nosotros.

Habíamos salido del pueblo sobre las 4 y 30 de la tarde, después de la siesta, pero con toda la calorina, menos mal que el camino tenía las sombras de las encinas, de lo contrario hubiera sido peor todavía. Entre unas cosas y otras no llegábamos a la casa hasta las cinco y media, más o menos.
Cogíamos las peras verdes y preparábamos el estropicio, seguidamente alborotábamos a todos los pavos que estaban sesteando a la sombra de las encinas.
Salía la abuela a ver que pasaba y nos recibía sonriente, con un hilo en la boca para enhebrar una aguja. A primera hora de la tarde se ponían a coser en el patio de la casa, allí se estaba muy fresquito.
Nos daba la merienda casi siempre pan con queso, ahora queso, que ella había curado en aceite, otras veces nos daba pan con salchichón que ella hacía en la matanza y le quedaba un salchichón buenísimo.
Nos sentábamos a merendar en el suelo del patio, que estaba enlosado de baldosas de barro y estaban fresquitas.
Seguidamente hacíamos el recorrido de los nidales para recoger los huevos por todo el corral y se los llevábamos todos a la abuela excepto los que rompíamos jugando a "gallego". 

Dí:

-Gallegooooooooooo.

-Te estripo un huevo.

Y....  mi primo Florín y Perico  los colocaban a lo largo de la pared  del corral y se los iban cargandos disparando con la escopeta balinera.

!Unos santos, éramos¡

Después como si no hubiésemos roto un plato nos íbamos a bañar al arroyo.
Chapoteábamos en un charco grande, que quedaba a estas alturas del verano, lleno de ranas, sanguijuelas, culebrillas y galápagos.
Allí nos refrescábamos con el agua cana y verdosa, hasta que nos llamaban porque empezaba a oscurecer.
Mis abuelos y mis tíos sentados a la puerta de la casa en las sillas de enea, tomaban el fresco y nos llamaban a voces para que subiéramos a la casa.
Subíamos y jugábamos allí un rato con los tajos de corcho, que los echábamos a rodar y llegábamos rodando hasta el pozo grande.
Ya se empezaba a oír al cuco cantar, a las lechuzas y mochuelos resoplar, eso indicaba que se aproximaba la noche.
Como dije anteriormente y si nuestros padres nos dejaban quedarnos a dormir, sería redondear el día.
En cuanto oscurecía nos metíamos en casa, mi abuelo echaba las trancas de las puertas y mi tía encendía el candil del carburo.
Cenábamos en el patio, ahora en verano, cerca de la cantarera del agua. Cuando acabábamos estábamos deseando ir a dormir porque la juerga estaba asegurada.
Dormíamos todos en una cama, unas veces seis y otras veces más, las chicas en la cabecera de la cama y los chicos en la zona de los pies.

Cosquillas, risas, pellizcos y tirones de sábanas, para arriba y para abajo.

Esa..., era la juerga morena que montábamos hasta que llegaba el abuelo y ponía orden.



Continuará...