lunes, 21 de septiembre de 2015

La Peña de Francia






Pronto empezará el otoño y con el empieza mi actividad de salidas...
Mi hermano Quique me dijo un día este verano:
-¿ Qué haces que tienes abandonado el blog?
No salgo nada, no tengo nada que contar: nado, cocino y pinto. Nada interesante.. le contesto.
Porque este verano ha sido tan tremendamente caluroso, que estaba aplatanada, porque era tanto el calor que hacía en Zarza que sólo podía estar en remojo en la piscina o metida en casa, y salir a la calle cuando ya lorenzo se ocultaba entrada la noche.
 Porque si tenía la osadía de salir a la calle durante el día tenía la sensación de convertirme en un chicle derretido, masticado y pegajoso aplastado sobre el duro y caliente asfalto.
Eso sí..., ni una sola noche he pasado calor, ya no es como en otros tiempos que el calor del día continuaba por las noches y a veces sacábamos una manta de tiras al paseo e intentábamos dormir en la calle, con las puertas abiertas de par en par..
No temíamos a nada ni a nadie, ni a ratones, ni a culebras, ni arañas, ni a nada de nada..
Ahora gracias a los dos pantanos: el  Ambroz y Gabriel y Galán, y al regadío del maíz, Zarza está rodeada de frescura y por las noches se manifiesta con una mareíta muy agradable.
Solamente ha perturbado mis sueños un ruido en el techo de mi habitación. Todas las noches a la misma hora sobre las dos de la madrugada, justo encima de nuestras cabezas:
Raca, raca, raca, raca...

-¿Qué es eso Enrique?

-¿Qué, qué?- Se despierta haciendo esparavanes mi marido.

Y..., raca, raca, raca..., en el silencio de la noche de luna clara.

Imaginamos, mi marido y yo, que es una rata o un ratón pero por la fuerza que tiene me inclino más a pensar que es una rata.
¿Y cómo se habrá metido ahí? Está en el doble (como decía mi padre),
¿Y..., Por dónde "demontres" habrá entrado?
Dice mi marido que ha entrado por una rejilla de la luz que está en la calle..., yo no sé..., lo veo un poco imposible.
No sé, no sé..., el caso.., que está ahí la rata o ratón y cada noche sale a afilarse las uñas justo encima de nuestras cabezas.
Y..., yo pienso: esta rata actúa  como el preso aquel de las películas que encerrado en su celda por las noches sacaba la lima y se pasaba la noche rascando y al final conseguía su objetivo de escaparse...
La única diferencia que hay..., que esta rata o ratón hace el ruido que le da la gana sin disimulo alguno:
Raca, raca, raca...
 Y..., entonces pienso, ya desvelada en en la noche de luna clara:
¡ Madre mía! ¡Qué horror!  Ya veo cayendo a la rata sobre mi cuello junto a los cascotes que ha ido arrancando... cada noche con su raca, raca, raca..., y presa de pánico me agarro el cuello y me tapo con las sábanas a pesar del calor que hace...
 A la media hora para, debe tomarse su descanso para a continuación hacer unas carreras en horizontal por el doble del techo del dormitorio y espero el raca, raca, pero no...,Y para de rascar hasta la noche siguiente.
Yo confío en que mi padre puso un buen doble de bovedillas y hormigón y que la rata afortunadamente no tiene un taladro y me quedo dormida...

 Bueno pues pasadas estas calorinas del verano, y ya en septiembre, me  sube la bilirrubina y me entran ganas de salir a caminar e hicimos la primera escapada a la Peña de Francia.
Yo ya había estado en otras ocasiones en la Peña de Francia, pero siempre con neblina. Pero el fin de semana pasado se veía con gran nitidez la torreta, repetidor de televisión que nos da señal a Salamanca y a los pueblos del norte de Extremadura y era buen momento para ir.

En la sierra de Francia se encuentra su pico más alto: La Peña de Francia, casi a dos mil metros de altura.
 Encontramos allí unas edificaciones muy sobrias que datan del siglo XV, un convento donde viven unos monjes dominicos, una iglesia, donde está la virgen morenita de la Peña de Francia, una hospedería y un magnífico mirador.
Merece la pena subir hasta allí, a esa enorme peña, de la sierra de Francia, para divisar desde allí la parte oeste de la meseta salmantina y todo el sistema accidentado de Salamanca y el norte Cáceres.
Allí sopla fuerte el viento, hace bastante frío, y águilas y aves rapaces vuelan los cielos este día claro, y vigilan desde lo alto a las cabras montesas clavadas en la peña.
Y, con el ruido del viento, las rapaces dominando en las alturas y la cabras montesas haciendo equilibrios saltando de roca en roca hacen que me sienta tan insignificante, como una motita de polvo, en medio el universo.
Desde allí podemos ver el pantano de Gabriel y Galán y una serie de preciosos pueblecitos enclavados en distintos puntos de la sierra, como Lagunilla, Béjar, La Alberca, etc.

Regresamos a Zarza por el valle de las Batuecas hasta las Mestas, nos acercamos hasta el monasterio de las Batuecas, pero no pudimos entrar estaba cerrado, los monjes tenían un cartel donde ponía que allí no había nada de interés turísticos que los dejásemos tranquilos.
El paseo hasta llegar allí, muy bello, caminamos por una pasarela de madera al lado del río Batuecas que bajaba ruidoso serpenteando con aguas claras, a la sombra fresca de chopos, pinos, castaños y robles.
A las puertas del monasterio cerrado están las indicaciones para bajar a ver las cuevas de pinturas rupestres de la zona.
Esta visita la hemos dejado para cuando refresque un poco más.
Os pongo las fotos de la excursión,!

¡Ah! el ratón sigue en el doble: Raca, raca, raca... (lo digo por si alguien me da la formula mágica para que salga...)