domingo, 11 de septiembre de 2016

Un Verano Sofocante




Este calor sofocante me hace permanecer inmóvil la mayor parte del día, no sé que sería de mi sin el agua, sin la socorrida manguera que la enchufo directamente a mi cabeza para refrescarme.
 Ya lo he dicho en otras ocasiones si pudiera elegir un animal para volver en otra vida lo haría en pez, me encanta el agua y hacer ejercicio en ella, todo es delicadeza y suavidad, nada brusco, todo caricias.
Con estos calores, alrededor de las encinas, los pastos verdes se tornan en bonitos ocres, sepias y dorados y aunque el calor aprieta y se hace imposible transitar a pie..., en coche, desde la ventanilla y con el aire acondicionado enchufado directamente a mi rostro, contemplo el paisaje dorado de mi tierra y es tan bello y natural que me olvido de los 40º que hace allí en la dehesa, donde impertérritas siguen apostadas las vacas, clavadas como estacas al suelo, hermosas y bellas vacas charolesas, de pelaje brillante y sedoso de tonos marrones y ocres que se mimetizan con el terreno.
Allí están estampadas en ese amplio y diáfano lienzo de pastizales secos y dorados, ajenas al calor sofocante y a las pesadas y molestas moscas que tímida y armónicamente espantan con su rabo.
Siempre me han parecido hermosas las vacas, con  esos ojos de  mirada tristona y miope y con esa belleza serena que da el reposo...
Con la paz y tranquilidad que trasmiten, quietas y humildes a la vez que altivas y desafiantes.
Ellas parecen no acusar el calor, con la que está cayendo...
Tampoco estaría mal convertirme en vaca, jajaja, aunque mi destino final tendría consecuencias más trágicas...

Este verano si lo pienso bien poco o casi nada he salido de casa:
A la piscina municipal, una marcha nocturna organizada por el grupo senderista zarceño e incluso de noche pasamos muchos calor, fue bonita y agradable y al regreso nos obsequiaron con unas migas con un café muy reconfortante.
 Y algún paseos por los arenales a primera hora de la mañana, caminos con paredes de pizarra y barro, encinas, alcornoques, higueras bobas, algún manzano medio seco, viñas abandonadas y muchas zarzas con moras secas.
Con encuentros con algún pastor con sus ovejas, y vecinos que en sus huertas se han hecho bonitas casetas que parecen casitas de chocolate.
La charca agrandada ha recuperado su ecosistema y ya croan las ranas, los pájaros en bandadas se lanzan a beber en sus aguas oscuras y las delicadas libélulas de bellos colores irisados posan en los juncos.
La jauría de perros, encerrados en la alambrada, ahora están callados y somnolientos, dormitan en los tejados de las casetas, rodeados de moscas verdosas, y tampoco parece afectarles el calor...
Debe ser que están cansados porque se han pasado la noche ladrando.
Porque quiero contaros que además del calor, en estas noches veraniegas, también es algo característico en mi pueblo, escuchar el ladrido de los perros, es muy reconfortante cuando harta de dar vueltas y más vueltas en la cama porque no puedes dormir, sentirte acompañada por esa  música de fondo que tenemos: guau, guau..guau..., es broma, lo que pasa, que ya me he acostumbrado y es como el tic, tac del reloj y al final acabas durmiéndote por pura derrota.
Esa música  la tenemos todas las noches, también se oyen croar las ranas, pero ese canto no molesta, para mi es como una nana.

Los fines de semana tampoco nos privamos en mi pueblo de las celebraciones privadas como las despedidas de solteros... con las largas y un tanto molestas veladas musicales. Qué como digo: "privadas" deberían quedarse en eso..., en "privado".
Pero resultan ser veladas imposibles de digerir, con música hortera y estridente dirigida por un señor que grita más que el cantante.
Esta horripilante música sale a gritos pelaos de las cocheras que se han convertido ahora en mi pueblo en discotecas.
No es que yo esté en desacuerdo en que se hagan estos eventos en las cocheras, pero sí que pido por favor que haya un horario y que bajen el volumen, que si yo lo oigo como si la música estuviera en mi casa... los invitados deben de quedarse sordos..., pero por lo que se ve eso a ellos no les molesta.
 Y por supuesto que haya un final, no estaría mal que si a los bares les hacen cerrar a las tres de la madrugada que ellos hagan lo mismo.
Por otra parte me parece una falta de respeto para todos los vecinos que al día siguiente tienen que ir a trabajar.
Un poco de orden y legalidad no estaría mal en estas calurosas y sofocantes noches veraniegas en mi querido pueblo.
Repito me encantan las fiestas y que la gente se lo pase bien pero no creo que sea pedir mucho que se cumpla un horario y se baje el volumen de la música y por favor que ese señor que dirige el cotarro:
¡Que se calle...! ¡Por Favor!

Una última cosa en Zarza se cierra la piscina muy pronto y lamento mucho no poder ir a bañarme a Membrillares porque están cerradas las porteras con enormes pedruscos y el río está prácticamente lleno de maleza..., y siendo como somos el pueblo que más tierras riega el Ambroz es increíble que no tengamos una buena piscina natural como la tienen en Granja.

A pesar del calor y los molestos ruídos yo sigo y seguiré pasando los veranos en mi pueblo y seguiré contemplando estos paisajes dorados que se funden en el horizonte con la calima que cae de las montañas































Un abrazo y no se me enfaden los fiesteros, hay que pensar un poco en los demás...

2 comentarios:

EPÍFISIS dijo...

Bonita crónica veraniega actual, aunque prefiera la de nuestra juventud, la del baño alterno en el pilón, de chicos y chicas, el de ir a garullas, aquellos membrillos aceos, o el de ser los causantes de la música. En las fotos, parecéis esas partidas de vecinos justicieros con palos, para acallar a los que alteran las siestas, ja ja.
Te podríamos nombrar Cronista oficial.
Un besazo

Brígida Seguín Hernández dijo...
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