miércoles, 1 de agosto de 2012

Relatos de verano: El insomnio






Hoy estoy medio dormida..., esta noche no he dormido bien, lo que es la “ edad”..., yo que antes me dormía a las nueve de la noche en el sofá, me iba a la cama cuando acababa la peli y seguía durmiendo hasta que sonaba el despertador.
Pero con "esto" de la “edad” la noche... casi siempre es una sorpresa, o bien me duermo enseguida, o no me duermo hasta las “tantas”,  o me despierto a media noche y ya no me duermo hasta que suena el despertador.
Si una, de estas tremendas noches, me voy a la cama y no me duermo en los primeros minutos, puede ser por varias causas: 

1ª Que me haya dormido la siesta más de diez minutos.

 2ª Que tenga alguna preocupación.

 3ª Que haya hecho ejercicios al final de la tarde.

 4ª Que esté emocionada por alguna razón. He comprobado que la euforia y la emoción también     desvela.

 5ª Que tenga frío.

 6ª Que tenga calor.

 7ª Que ladren los perros.

 8º Que la claridad de la luna llena entre por la ventana de mi habitación.

 9ª Que un mosquito trompetero me dé una serenata y me atiborre a picotazos...

10ª Que mi marido se duerma antes que yo...



Es decir que me puedo desvelar por cualquier cosa...
Y..., en esta situación de desvelo en la cama, comienza una especie de calvario con las posturas.
Me pongo, primero, echada de un lado, y allí acurrucada, aparentemente relajada comienzo a mover una pierna, después muevo la otra; o doblo una y estiro la otra y luego al revés.
Cuando por fin las piernas se quedan quietas  noto  un hormigueo en la nariz, y  seguidamente comienzo a estornudar varias veces seguidas, y mi nariz se llena de mocos, se atasca, y ya no puedo respirar bien, entonces mi garganta se seca y tengo que beber agua, con lo que esto significa..., quiero decir, que en poco rato tendré que levantarme para ir al servicio.

Me cambio de lado, acomodo bien mi cara en la almohada, y con mi cara aplastada intento dormir; cuando pasan unos minutos, me empieza a doler la doblez de la oreja, coloco bien la orejita, pero nada...
Después me duele la mandíbula, la relajo, y también relajo la frente y  los ojos.
¿Pero por qué duele la cara?, No lo entiendo...
 Y..., seguidamente decido, otra vez, cambiar de postura.

Me pongo boca arriba, hago unas cuantas respiraciones profundas y comienzo a bostezar y los ojos me empiezan a llorar.
Busco un pañuelo para limpiar mis ojos que no paran de lagrimear y de picarme; me doy unos restregones en los ojos que cualquier día me los saco de las órbitas.
También me empieza a picar la cabeza; me rasco fuerte y suena en el silencio de la noche como si estuviera en la habitación una gallina escarbando.

A todo esto...miiiii... marido duerme como un lirón y no se entera de nada, y yo le miro con rabia.
¿Qué culpa tendrá el pobre?
Subo una pierna flexionada para arriba, después la otra, y seguidamente las estiro las dos de golpe con furia para abajo y sigo desvelada...

Me cambio otra vez a la primera postura  de lado, y cuando ya voy como queriendo quedarme dormida noto que mi vejiga está llena y me entran ganas de ir a mear.
Me levanto a hacer pis, sin encender la luz, con los ojos medio cerrados para no desvelarme más de lo que ya estoy..., y cuando regreso, camino con los ojos guiñados y a oscuras (para no despertarme), y alguna vez  ha  tropezado mi dedo gordo del pie con la pata de la cama, que es bastante más largo que los demás y suele  llegar antes que yo a los sitios, y "jolines" como duele un porrazo a esas horas de la noche; tanto que ya me espabila del todo.

Vuelvo a la cama , " nerviosilla" por el golpe,  para de nuevo intentar conciliar el sueño  y entonces ruge el león boca arriba, no es que tenga un león en el dormitorio es mi marido que ronca como un león.
En esos momentos yo le despertaría y le diría:
¿ Pero no te da vergüenza dormir como duermes, es que no te enteras que yo estoy sin pegar ojo...?
Pero, no, yo... suelo hacer dos cosas, o bien el consabido chasquido: chups..., chups...  que deja de roncar un segundo y regresa al momento con más fuerza aún.
Y como no se entera... y así medio disimulando, le doy un codazo; y como su ritmo de ronquido cada vez es más elevado y potente ya cargo toda mi mala leche en los chups... y lo hago tan fuerte que deja de roncar todo el vecindario menos él.
¡Oh! Qué mal sienta oír los ronquidos de mi compañero de sueños cuando yo tengo ya lo ojos como platos... y pienso que me deben de quedar pocas horas para levantarme.
Porque yo no miro el despertador, no quiero saber la hora que es, eso me pondría más nerviosa.

Me doy la vuelta para el otro lado e intento dormir ahora con una pierna estirada y la otra formando un ángulo obtuso con el pie apoyado en la rodilla y con la cabeza y los hombros un poco hacia atrás.
Si tengo frío me arropo..., y si tengo calor me destapo..., y si zumba un violero le echo insecticida...,  y si hay luna llena bajo la persiana, y si no respiro me hecho un inhalador, y si tengo sed no bebo...
Pero todas estas decisiones no se me ocurren hasta que llevo ya dos tres horas dando vueltas.
Cuando una se quiere dormir no  piensa más que en intentar dormir y no en las causas que  provocan ese insomnio..., en arroparme si tengo frío, por ejemplo.
Menos mal, que de momento, suele ser sólo como un día de insomnio a la semana. Pero según dice mi médico con "esto" de la "edad" las malas noches aumentan.
"Esto" debe ser cosa de la "edad" porque me acuerdo yo... cuando mis niños eran pequeños y lloraban por la noche, y una de esas  noches toledanas me dijo mi marido:
-¡Qué llora el niño!
Y... me dice él... que yo le contesté...: 
- Levántate tú que yo estoy descalza...
Y él muy obediente se levantó y cuando volvió a la cama se dijo:
-¡Anda ésta! dice que está descalza como si yo durmiera con zapatos...

¡Buenas noches!. Amigos

¡ Qué no me entere yo... que dormimos mal esta noche!