martes, 10 de junio de 2014

A las ricas cereeezas...




La cereza:
Siempre ha sido mi fruta preferida. Para mí es un placer meterme una cereza en la boca y paladear su intenso sabor agridulce, mientras mastico su jugosa y crujiente carne, y escupir el pipo lo más lejos posible, si voy comiéndolas por el campo.

Me da lo mismo su origen. Si se tienen bien ganada la fama las del Jerte..., no menos buenas son las del Ambroz, las de las Hurdes o las de la sierra de Salamanca. Todas de por aquí cerquita.
 Éstas, de la foto, son de Mogarraz, nos las regaló un amigo.

Me encanta el tiempo de cerezas. Siempre relaciono las cerezas con la llegada del verano, las vacaciones y la alegría de vivir.
Recuerdo cuando era niña que en el mes de junio no teníamos clase por la tarde y comenzaban las tediosas y horrorosas siestas..., y a eso de las cinco de la tarde una voz cantarina y melodiosa nos hacía saltar de la siesta a la calle:
_Cereeeezas..., a las ricas cereeezas...
-¿A cómo las vende... buen hombre?- le preguntaba mi madre.
-Baratas..., buena" mujel".
Le contestaba un hombre, delgado, pequeño y mayor; vestido con pantalones de pana negros, camisa blanca remangada y sombrero de paja en la cabeza; de aspecto cansado, que con una mano iba tirando de un burro con los serones llenos de ricas y perfumadas cerezas, semiescondidas bajo  hojas frescas de helechos y en la otra mano llevaba una pesada romana de hierro un poco "orimienta".
Mi madre sacaba un "cenacho" y le decía: eche dos kilos, buen hombre.
Iban acudiendo las vecinas y los niños nos arremolinábamos alrededor del burro, que movía la cola incesantemente espantando a las pesadas moscas y a nosotros.
Acto seguido cogíamos un ramillete, adornábamos nuestras orejillas con preciosos y delicados pendientes de cerezas gemelas, bailábamos con ellos en la calle a "tentepalo" y jugábamos a escupir el pipo más lejos.

Y, seguía oyéndose..., a lo lejos, en la tarde tórrida y sesteante, la voz cansada, melodiosa y cantarina:

-Cereeeezas... a las ricas cereeezas "jurdaaaanas".

3 comentarios:

joaquin dijo...

¡Qué recuerdos! Brigi. Estoy oyendo a ese hombre tal y como lo escribes. Todo eso se acabó. Eso sí, las cerezas sigue estando tan ricas como antaño.

Rosa dijo...

Recuerdo perfectamente los pendientes de ramilletes de cerezas...¡qué recuerdos tan lejanos y cercanos...! Gracias por tu blog y enhorabuena.

Brígida Seguín Hernández dijo...

Gracias a vosotros por seguirme.
Un abrazo.