martes, 3 de junio de 2014

Tito Sánchez: de oficio Pastor






Quiero dedicarle una entrada de este blog a Trinitario Sánchez Nani, más conocido como Tito; amigo y vecino de Zarza de Granadilla.
Me cuenta Tito, que nació en el  monte en Mohedas y fue bautizado en Guijo de Granadilla.
Su padre se llamaba Hilario y su madre Domitila.




Nació en el año 1938. A los seis meses sus padres se vinieron al Lindón a trabajar como pastores con la familia de los "burrancos". 



Tito, como buen hijo y nieto de pastores, a la temprana edad de los siete años ya cuidaba un rebaño de ovejas. 
Nunca fue a la escuela, de niño nunca pudo leer un cuento, los cuentos se los contaban oralmente sus padres u otros pastores. Pero dice con mucho orgullo que aprendió a leer y a escribir a los 21 años en la mili. 
Fue una satisfacción muy grande escribir a sus padres la primera carta, la cual leyó su madre ya que su padre tampoco sabía leer.
Cuenta Tito que no aprendió a hacer "cuentas..." pero que de cabeza saca y resuelve todos los problemas de sumas, restas, multiplicaciones y divisiones que se le planteen.
Aprendió las reglas de una forma natural: juntando y separando, cabras y ovejas en los rebaños que el cuidaba.




Además de cuidar de las ovejas del "amo" también cuidaba la "excusa del pastor" que eran 30 ovejas y 5 cabras que eran de su propiedad. 
Otra tarea de Tito era la montanera que consistía en  sacar por las mañanas a los guarrapos gordos  y a los guarrapinos pequeños que se llamaban los :"malandares", que le hacían correr mucho detrás de ellos. 
Su padre ganaba de jornal 3 duros y una fanega de trigo al mes; con este salario y con la "excusa del pastor" salían adelante malamente..., pasando muchas fatigas y calamidades en aquellos años duros de posguerra
En sus jornadas largas y solitarias de su profesión de pastor, Tito, siempre, como ahora, llevaba una navaja en la mano y hacía manualidades con madera, corcho y mimbre:
Cesta, cucharas, cuencos, cayadas, tapaderas, tapones, tajos, jaulas, zancos, tirachinas, "peonas", garronchas y algún juguete de arrastre.



También me cuenta Tito que alguna noche, en la caseta, a la luz del candil, mientras desgranaba maíz, su padre tocaba la flauta y el tamboril. Instrumentos musicales que él mismo hacía y que los tocaba con gran soltura y alegría, lo  mismo tocaba una jota que cualquier canción popular.
 Aún recuerdo a tío Hilario un hombre bueno, cariñoso y sonriente; le recuerdo en San Miguel cuando le llevaba la leche de las cabras a mi abuela en los cantarillos de lata que iban tintineando alegremente en las aguaderas de la burra.
 Y también le recuerdo cuando tocaba la flauta y el tamboril el día del Cristo y el día de San Antonio, y como acompañaba durante todo el día, para arriba y para abajo, a los quintos cuando corrían los gallos.





Pero la mayoría de las noches, continúa diciendo Tito, las pasaba solo en la finca, en la parte de la "Tamuja gorda", cuidando las ovejas días y noches para que no se las comiera el lobo. 
Cada día montaba el chozo móvil, llamado la "garita", al lado de las "angarillas", corral al aire libre de las ovejas.
A menudo, antes de salir el sol, los perros ladraban y allá en el horizonte se veían acercarse a dos lobos, dice Tito que siempre iban en pareja y que eran muy listos, uno entretenía a los perros y mientras tanto el otro se llevaba una oveja.  
Al día siguiente, cambiaban de lugar y así el rebaño iba estercolando las fincas, para más tarde ser sembradas.


(Este pastorcillo de la izquierda bien pudo ser Tito, no lo creo, pero pongo la foto, para que veáis como los niños eran pastorcillos a muy corta edad. Esta foto se la hizo mi tío Pablo a mi abuela y a sus hijos en San Miguel)



Se le ilumina la cara a Tito, y sus ojillos de pajarillo vivaracho se nublan cuando recuerda que en invierno, cuando el arroyo de San Miguel llevaba una gran crecida de agua, cruzaba al rebaño montado encima del carnero agarrado a sus grandes cuernos enroscados.
También recuerda con temor el día que una gran tormenta mató a 30 ovejas y a la perra.
 Cayó el rayo justo en el alcornoque donde estaban echadas a la sombra y dice que ellos se salvaron de milagro..., porque al ver que unas ovejas corrían despavoridas ellos también corrieron.
Unos días más tarde, cuando el fuego se apagó, se acercó al alcornoque y buscó la "piedra negra"; la encontró y la ha tenido hasta hace poco que le ha desaparecido.
Yo nunca había oído hablar de esas piedras negras, me dice Tito que caen del cielo con los rayos... 

Continúa contándome que lo más duro en su vida de pastor era la época de la trashumancia, cuando llevaban a pie, a principios de verano, a los rebaños de ovejas hacia Castilla.
Por las indicaciones que me ha dado hacían la ruta por el camino de la plata.
Tardaban 7 días en llegar a a los prados frescos de la provincia de Ávila.
Sus botas eran unas albarcas que su padre le hacía de goma de neumáticos y una manta de lana, que cada año le regalaba el amo, como ropa de abrigo.
A pesar de de esta vida de pastor tan difícil y solitaria, Tito dice que jamás pasó miedo, él no conoce el miedo. 



A los 15 años dejó los rebaños y se puso a arar con las yuntas de bueyes.
También trabajó en la fábrica de ladrillos cortando jaras y metiéndolas en el horno. Pero seguía viviendo en la caseta del Lindón e iba allí todas las noches a dormir.
 Más tarde, a los 23 años, ya trabajaba en San Miguel, arando ya con mulos, y finalmente araba con el tractor hasta su jubilación. 
Cuando pudo se compró una bicicleta con la que iba y venía del trabajo a la caseta del Lindón. Estaba Tito tan unido a su bicicleta, que cuenta que a veces se quedaba dormido pedaleando.
Solamente se cayó una vez que iba dormido y le pitó un camión y al despertarse se cayó.


Tito no solo sabe hacer cestos, cucharas de palo y jaulas también conoce toda clase plantas curativas y hace cremas para las heridas con la "yerba del gitano".
También arregla "torceuras" de tobillos y muñecas y quita verrugas.
Este don lo heredó de su abuelo, que como ya he dicho también fue pastor y además curandero. Vivió 110 años a pesar de que le cayó un rayo y le dejó sin un brazo. Su abuelo era conocido como el curandero Manco. 

















He querido, así a grandes rasgos contar la vida de Tito porque me parece muy interesante que quede reflejada de alguna manera la vida de  una persona, anónima y valiente, que han trabajado mucho y que a pesar de haber tenido carencias de todo tipo vive, ahora, feliz. con sus pajarillos, sus hierbas y sus manualidades.
Casi todas las manualidades que realiza las hace con materiales reciclados, alambres, palos que recoge del campo, cintas de los palets de ladrillos, que él aprovecha para hacer esas bonitas cestas.
Preciosas cestas que Tito me ha regalado para recoger las hortalizas del huerto.
Sería interesante que todos estos conocimientos de Tito fueran aprovechados por la sociedad y le invitaran a impartir talleres para niños y adultos.



4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola
De nuevo un gran testimonio narrado por una mujer maravillosa .
je je que suerte tenemos de tenerte.
Besos.
Mariche

javigomu dijo...

Soy Javi el de la Petra. Tito ha sido el mejor curandero que he tenido. Recuerdo una vez que me había torcido un tobillo y me dolía mucho, me dolía tanto que no paraba de quejarme y no le dajaba "aviarme" el tobillo. Hasta que me mareé o hizo que me mareara no lo sé. El caso es que al despertar ya podía andar perfectamente y me fui de allí andando.

Luz Rodriguez dijo...

Brigi una historia muy bonita. Estas vivencias no pueden perderse. Un gran hombre Tito...

Brígida Seguín Hernández dijo...

Sí Javi sabe más de lo que la gente se piensa.