jueves, 8 de noviembre de 2012

La Nube Negra



Año 2016, se da la extraña circunstancia..., en un pueblecito, enclavado en un hermoso y prospero valle, de la aparición misteriosa de una densa y extensa nube negra encima de los tejados del poblado.
La vida transcurría allí plácidamente, sus habitantes vivían contentos y felices, hasta que un día el gallo encargado de despertar al vecindario no cantó y los vecinos alarmados salieron a la calle y cual no sería su sorpresa al ver  encima de los tejados una inmensa nube negra.
Pensaron que era algo circunstancial y que se iría después de descargar una buena tromba de agua.
Pero pasaban los días y la nube no desaparecía y los habitantes, que estaban acostumbrados a la bonanza del microclima que allí hacía, estaban afligidos y apesadumbrados con este repentino cambio climático. 

 Hasta entonces..., en sus huertas crecían todos tipos de árboles frutales, verduras y hortalizas:
 Naranjos, limoneros, granados, ciruelos, perales, manzanos, cerezos, higueras, madroños y zarzamoras por todas partes.
En las vegas del río los habitantes del pueblo cultivaban las tierras con grandes extensiones de pimentales, tabacales, patatales y ricas y jugosas fresas.
En la zona de secano entre las centenarias encinas sembraban cereales.
Era un pueblo rico y prospero, como podéis ver.
 El sol lucía, a menudo, de forma radiante y esta bonanza del clima les daba a los vecinos esa alegría característica, que hacía que siempre llevaran una sonrisa en la boca.

 Hasta que llegó ese fatídico día..., que se posó encima del pueblo esa nube negra, muy grande, muy grande y muy negra, muy negra que impedía a los vecinos ver el sol.
Y no sólo afectaba a las personas, también afectaba:
A los árboles que perdieron sus hojas; los geranios sus flores; los tomates no coloreaban; los pimientos no pintorreaban; los girasoles no se giraban; los colorines no canturreaban; las mariposinas tenían las alas pegadas; los topillos se paseaban en pleno día, pensando que era de noche...; los lagartos lloraban porque tenían frío; las ranas cantaban a todas horas y tenían sus gargantas irritadas; los murciélagos no dormían en todo el día; las ovejas y las cabritillas no querían salir del establo; las vacas no daban leche; los cucos no paraban de cantar; las lechuzas resoplaban todo el día y los perros nacían albinos .
Y, los niños tenían sueño a todas horas, se dormían en las clases, caminaban por las calles con  ojos de corderos "degollaos". Estaban irritables y se peleaban, todo el rato, unos con otros.
Los hombres caminaban lentamente con aspecto mohíno y cabizbajos.
Las mujeres cruzaban las calles arrecías de frío, castañeando sus dientes sin parar.
Los viejos y viejas no podían sentarse a la solana a tomar el sol y sus narices goteaban... como el garabato del un candil.

Esta nube, negra, allí posada, encima del pueblo, ocasionó un caos tremendo y el pueblo, que se había caracterizado por ser un pueblo alegre, se convirtió en un pueblo gris y triste.
Los habitantes del pueblo estaban tan preocupados por la situación que decidieron hacer una reunión con el alcalde en el salón de plenos del ayuntamiento.
Reunidos, todos los habitantes, con el alcalde y los concejales del pueblo decidieron pedir ayuda al gobierno.

El presidente del gobierno le respondió que eso no era tarea suya, que en su programa no estaba el quitar nubes de los pueblos, que acudieran a un meteorólogo.

El meteorólogo, no le dio importancia al asunto y les dijo que la nube se iría de allí cuando soplara fuerte el viento.

Desesperados de que nadie les hiciera caso, ni que les dieran una solución decidieron ir a hablar a la televisión para contar su gran problema. 
Cuando llegaron a la televisión y contaron todo lo que sucedía y acontecía a todos los habitantes y animales de la zona, comenzaron a entrar  llamadas telefónicas en el programa:

Unos... usureros..., pretendían venderle rayos de sol artificiales; otros..., industriales..., querían venderles un "producto" para borrar la nube y otros..., comerciales..., querían venderle una enorme aspiradora gigantesca.

Al rato entró una nueva llamada de una vecina de un pueblo de al lado y dijo:

No entiendo nada... de nada... desde mi pueblo que está al lado no se ve ninguna nube negra... Pero un poco raro si que veo yo los vecinos...

Seguidamente llamó "Carlas", un "freaky" de la informática, y les preguntó:

-¿Cuántas personas tienen internet en el pueblo?

-No sabemos, pero creemos que todos los habitantes del pueblo, llegada la noche, se conectan a internet.

-Entonces no se hable más del asunto ustedes han creado su nube y están sufriendo una "nubitis" aguda.
Si quieren que desaparezca la nube tienen que ir cambiando sus hábitos y, sobretodo, al llegar la noche no deben meterse en las redes todos a la vez , y... si meten..., deben controlar el tiempo.

-Eso va a ser un poco difícil contestó el alcalde, si tenemos en cuenta que nuestro pueblo ha sido declarado como "Zona wifi histórica artística" y cualquier  persona, aunque esté de paso, puede conectarse allí.
Asumimos que somos adictos al internet y no hay pastilla que nos quite esta adicción - dice el alcalde-

-Pues ustedes verán... o se desconectan parcialmente o la nube seguirá ahí encima de ustedes... para toda la vida...
Es más... cada vez será mayor su grosor y cada vez se verá menos en el pueblo.

-¿Qué podemos hacer?-preguntó otra vecina-

-Yo... ya les he dicho lo que tienen que hacer... Pero se me ocurre que quizás  deberían  consultar a un psicólogo.

Al rato llamó al programa un señor con una agradable voz y les dijo que se llamaba Héctor que era psicólogo y argentino, y les dijo:

-Miren ustedes, yo puedo darles unas pautas de comportamiento para cambiar sus hábitos compañeros...

-No..., no..., dijo el alcalde, nosotros no estamos locos, sabemos lo que queremos...

-Pero vamos a ver... buen señor, les dijo el psicólogo, ustedes quieren que se vaya la nube o no?

- Sí queremos que se vaya... pero no queremos dejar internet...

-Pero no me sean "pelotudos"..., o cambian sus hábitos, o siguen embochados  en el agujero...

-A ver.., . Sr. Alcalde... usted que hace al terminar la jornada... - continúa el psicólogo-

-Pues me doy una duchita, me pongo el pijama y después de cenar me pongo a buscar en internet las mejores jugadas de fútbol de la semana...

-Y su mujer... ¿Qué hace su mujer?

-Mi mujer... yo que sé..., ella trabaja como representante de..., creo que de vinos de crianza y hace todo su trabajo a través de internet, vende sus vinos a bares y a restaurante de esta forma..., creo que lo llaman "teletrabajo". 
Y, además,  creo que a veces la he visto de reojo, en la otra punta del sofá, viendo vídeos de belleza..., de museos... y de yoga...

-¿Tiene hijos señor alcalde?

-Si, tengo, un hijo y una hija...

-¿Qué hace su hijo por las noches?

-Pues... no le puedo decir... porque se encierra en su habitación..., bueno..., sí, alguna vez..., que he entrado en su habitación, cuando me he levantado para ir al servicio, le he visto con los casco puesto oyendo música que se descarga de internet en su estupendísimo móvil.

-¿Y su hija, qué hace su hija por las noches?

-Pues tampoco sabría que decirle... pero también he entrado en su habitación cuando me levanto para ir por segunda vez al servicio..., y la he visto chateando con sus amigas en facebook o en tuenti..., también en el móvil.

-¡Pues menos mal que tiene que levantarse usted para ir al servicio, de lo contrario no vería usted a sus hijos...!

¿Entonces... cuando se reunen ustedes y charlan como una familia?

¿Quizás a la hora de la comida o de la cena, imagino?

-Pues no..., comer lo que se dice comer..., cada uno come por su lado..., donde más cerca le pilla de su trabajo...
 Y... cenar..., cenar..., cada uno se coge  un trozo de pizza y se la lleva con una cocacola a su refugio.
Algún domingo, que conseguimos reunirnos toda la familia con mi hermana, su marido e hijos, comemos en restaurante y ya hablamos bastante.
Tengo que reconocer que durante la comida, mis hijos, mis sobrinos y mi mujer están recibiendo "washaps" contínuamente y eso impide tener una conversación fluída.

Me imagino que los vecinos del pueblo que le acompañan tendrán unos hábitos parecidos a los de usted... -dice el psicólogo.

-Sí..., sí... contesta un vecino, más o menos es lo que solemos hacer todos.
Yo me entero de las cosas que le ocurren a mi hija cuando entro en su facebook.
Es muy divertido... a veces le envío un mensaje y estamos pared con pared...

-¿Y ustedes creen que ese comportamiento es normal? Porque yo no veo lo divertido por ninguna parte.

-Bueno..., tiene usted razón, al principio nos chocaba un poco, pero la verdad es que ya nos hemos acostumbrado y hasta mi hijo pequeño, que tiene 10 meses, llora si le quitamos El canta juegos.

- Lo que me extraña es que hayan conseguido concebir  a ese niño pequeño..., teniendo unas relaciones interpersonales tan reducidas.

-Pues gracias a internet..., yo conocí a mi actual pareja por las redes... y de esa unión nació nuestro niño chico...

-No..., no..., mírenme ustedes, esto no puede continuar así... - continúa el psicólogo-

-¿Qué podemos hacer? ¿Tiene usted alguna pastillina...?

-No... ¡Nada de pastillinas...! tienen que dejar por lo menos dos o tres horas al día para reunirse con la familia y hablar, comer, reír y soñar juntos...


Terminó el programa de televisión y los vecinos y el alcalde se fueron al pueblo y cuando llegaron allí entraron en su  túnel particular.

El alguacil del pueblo cantó un pregón donde se convocaba a todos los vecinos del pueblo en el ayuntamiento para celebrar un pleno extraordinario y como único tema del día:

¿Qué podemos hacer para que desaparezca la nube negra del pueblo?

Hablaron largo y tendido del tema y por fin se pusieron de acuerdo en algo: que cada vecino sólo utilizaría internet una hora al día.
Hubo protestas, pero la Señora Remedios, que era la mujer más mayor del pueblo, les dijo:
Da  pena veros, vuestros rostros están pálidos y enfermizos. Yo he perdido todos mis geránios, mis patatas, mis fréjoles, mis berzas, mis lechugas, mis fresitas y estoy perdiendo las ganas de seguir viviendo, me invade la pena y la melancolía.
Por no decir nada de los pobres animales que están todos desconcertados con este cambio: mis gallinas no ponen huevos y los pavos se han resabiado.

Se miraron y consternados por lo que acababan de oír, propusieron hacer una votación.
Votaron y salió por mayoría establecer las normas que les dió el "freaky" Carlas y seguir las instrucciones de comportamiento de Héctor el  psicólogo argentino.

A la mañana siguiente cuando se levantaron, la nube negra había perdido cierta intensidad, al día siguiente, se filtró un rayito de sol e iluminó la plaza del pueblo.
Los niños acudieron, allí, a jugar a la pelota, costumbre que ya habían perdido.
 Los abuelos buscaban el rayito para que calentara sus espaldas doloridas y  hombres y mujeres sonrieron y levantaron sus cabezas; los pájarillos comenzaron a cantar; los perros y los gatos se tiraron en la plaza panza arriba.

Cuando ya había pasado una semana..., la nube desapareció del todo y todos los habitantes del pueblo volvieron a disfrutar  del buen clima y comenzaron a florecer los árboles frutales en sus huertas.

Continuaron entrando en internet..., por supuesto, pero con moderación, sin obsesión, y comenzaron a tener unas relaciones interpersonales de mejor calidad y, por supuesto, mientras comían juntos los domingos apagaban los móviles y disfrutaban de la comida y de la conversación.

Y colorín colorado el cuento de la nube "negra virtual" se ha terminado...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuanta razón tienes.Este mundo últimamente funciona así. ¡Que pena¡

gemelilla dijo...

Brigiiiii!!!!
Enhorabuena por tu blog! Es chulísimo. A mi madre y a mi nos ha encantado la historia de la Nube blanca. Y tus recetas me van a venir súper bien xq son sencillas y así aprendo hasta yo!
Por cierto, no te dimos las gracias personalmente por el árbol. Fué un detallazo por tu parte y precioso.
Prometo volver.
Muchos besitos desde Valencia de geme y su mami. Muaaaaaaa.