martes, 10 de septiembre de 2013

Agua, sol y moras en Zarza en Septiembre









Fin de semana, y primeros días de un septiembre soleado con unos cielos luminosos, donde la naturaleza se retrata de forma radiante, ya sea una humilde bellota a medio hacer, de aspecto lechoso, o bien moras negras  en mi mano, o simples plantas rastreras cuyos frutos son los "repegotes" que nos tirábamos al pelo de niñas, o matojos cargados de flores moradas dándole color a las aguas del Ambroz, o a los grandes y altivos cañizales con sus pelusas en forma de cohetes de color sepia, o bayas rojas silvestres..., y anises estrellados, o ciruelas moradas al albur de los pájaros, y chumberas amenazantes, repintadas en un horizonte difuminado por la calima de la calorina sofocante..., o verdes pimenteras con los pimientos reventones rojos a punto de ser recolectados, y el lánguido tabaco colgado en los secaderos.
 Todo, todo llama la atención de mi cámara..., que parece tener vida propia y muchas veces me invita a fotografiar cosas sencillas e inútiles pero que siempre, aunque no sea una buena foto, técnicamente hablando, ha merecido la pena captar ese instante.
Hasta el feo chapapote que había en el agua antes de llegar a la piscina de la granja, y bolsas y envases tirados en el suelo por gente que no ama la naturaleza.
Pero lo que más me ha entristecido retratar son los  árboles centenarios talados que se erguían majestuosos en las grandes praderas.

Me gusta salir al campo y pasar allí las horas muertas, a veces voy sola, pero la mayoría de las veces voy acompañada:

¡Vamooooos! es la palabra que suelo oír en la lejanía..., soy bastante pesada y voy un poco a mi bola..., luego me toca correr...

Este fin de semana he tenido un compañero de paseo de lujo:
Mi gran amigo Germán "el bombero", sí, porque es bombero,( con lo que eso conlleva) y es una de las mejores personas que he conocido en mi vida, siempre sonriendo y tratando de echar una mano a cualquiera.
Un poco tímido, cualquier persona que no lo conozca diría que es callado, pero se equivoca, casca de lo lindo, no deja meter baza a nadie y parece que no te escucha, pero te suele contestar cuando a él le da la gana, eso sí, él, siempre está ahí para lo que le necesites.

Quedamos el sábado, un poco tarde, a las diez de la mañana, llegó a mi casa con su mochila cargada de agua y fruta y su inseparable navaja.
Yo con mi cámara en ristre y mi bañador nos fuimos al río con la intención de llegar siguiendo por la orilla, caminando, hasta la piscina natural de la Granja.
Como veréis en las fotos hicimos el recorrido aunque mi amigo Germán no tenía un buen día, le dolía la cabeza, no había dormido y le dolían los gemelos.
¡Qué mala suerte! le dije, no pareces tú..., siempre tan jovial y dicharachero... y hoy estás como un murgaaa...
¿Qué quieres, no me encuentro bien...? Si yo hubiera sido otro te hubiera llamado por teléfono y te hubiera dicho que no quería salir..., pero mira aquí estoy aunque me dan ideas de irme para casa...
Buenooo... Germán, si estamos a dos kilómetros del pueblo..., si esto fuera una marcha seria..., pero...
Sí..., sí..., pero no estoy yo muy bien..."tía Brigi".(Cambia la voz, le gusta mucho cambiar las voces, eso le hace entrañable)
No me lo puedo creer...
¿Dónde está ese Germán que me ayudó a subir los últimos metros del "Calama"? 
Recuerdo que fue mi primera marcha y casi me muero si no es porque te ponías detrás de mí y me empujabas...
O cuando en mis traslados en Madrid nos ayudaste a subir la lavadora a un 5º sin ascensor...
O cuando te llevabas a mis hijos y sobrinos a dar un paseo por las colas del pantano en bicicleta.
Fuiste tú... el que les inició en el deporte de la bici, si mal no recuerdo...
Y cuando jugábamos a boley en las arenas del pantano..., jugando y radiando el partido como si fueras el mejor reportero del mundo...
Y cuando de niño eras el único que ibas a recoger las pelotas cuando jugabais a tenis en la pista de Luisito el Moreno, que los demás los muy gandules se tiraban en la pista hasta que traías las pelotas...

No contesta, una mueca, seguida de una sonrisa lo dice todo...

Llegamos al río y nos metimos por un corredor exuberante de vegetación, un camino enrollado desde sabe dios cuanto tiempo...
Yo me paraba a hacer fotos y él, quejándose,  pacientemente me esperaba.
Cuando vi un buen charco me bañé, le dije que me hiciera una foto y me la hizo...
Cuando salí del charco me ayudó a subir y comentó riendo: je, je, je... pareces la Paris Hiltón  y yo el guarda espalda... 
Nos reímos  y continuamos andando, me encontré con unas moras espléndidas y exquisitas y como un pájarillo me las iba comiendo sin lavar.
Y, cuando mejor íbamos se cortó el camino por la maleza, Germán se puso al frente, e iba apartando la maleza, saltamos vallas y más vallas y por fin llegamos a una pista que estaba ya muy cerca de la piscina natural de la granja.
Allí me dí un baño a pesar de que había como manchitas de grasa en el agua, es una piscina espléndida, no sé en qué condiciones estarán las aguas, me imagino que bien...
Allí nos recogió Enrique y nos fuimos a las piscinas naturales de Segura, me bañé y comimos en un mesón, al aire libre en un huerto de cerezos al lado de las pozas.
Fue un magnífico día aunque mi amigo Germán no tuviera un buen día...
Yo creo que al final ya no le dolía nada sobre todo porque se acercaba la hora de ir a recoger al tren a su querida Angelita.

¡¡Germán eres el mejor!! 


















































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