viernes, 3 de enero de 2014

Noche de Reyes: una Simple y Rica Naranja






Pertenezco a esa generación, a los que, los Reyes Magos, nos traían como regalo:

Una Naranja.

La víspera de Reyes nos portábamos muy bien, porque en ello iba el que te trajeran “algo” o “nada”.
  Nos íbamos a la cama muy pronto, a esas camas frías y húmedas y arropados con un montón de mantas que pesaban tanto que nos dejaban el cuerpo “molido”.

¡Hala!, a dormir pronto que mañana vienen los Reyes Magos, y…, no abráis ni un ojo, que como os vean despiertos no os dejan “nada”, nos decía mi madre.

Mi hermano y yo, con una bolsa de goma azul de agua caliente, subíamos las escaleras arriba, tiritando de frío y de miedo.

Sí, tiritando de frío y de miedo porque no nos hacía ninguna gracia que en plena noche entraran en nuestra casa, por la ventana, esos tres señores viejos y barbudos, aunque fueran los más esperados durante todo el año.

Yo tardaba en dormirme, de vez en cuando sacaba la cabeza debajo de las mantas para ver si los reyes habían abierto la ventana.
 Se suponía que, como venían volando por el cielo, y montados en los camellos, entrarían por el piso de arriba.
 Aunque los regalos debían dejarlos en la planta baja, en la habitación de mis padres: 
 Allí, encima de un viejo baúl cubierto con un tapete dorado, donde habíamos puesto nuestros zapatos “gorilas”.

En cuanto amanecía bajábamos precipitadamente las escaleras abajo, con el pijama de franela a rayas y descalzos, pues los zapatos los teníamos abajo, y en aquella época yo nunca tuve unas zapatillas de estar en casa, entre otras cosas porque no las necesitaba, nunca estaba en casa, si no era para comer o dormir; aunque hiciera frío siempre estábamos jugando en la calle.

Anhelantes, entrábamos, en la habitación de mis padres y allí estaban ellos en la cama, mi padre riendo y fumándose un celta corto y madre dándole el pecho a mi hermano pequeño. Entonces el fumar en la cama no era delito, bueno, quiero decir que no estaba nada mal visto.

Recuerdo que después de darles un beso me dirigí hacia el baúl y allí había una bonita muñeca, dos naranjas, una anguila dulce y dentro del zapato una moneda de dos cincuenta, es decir medio duro.

Yo rápidamente me fui a coger la muñeca y me dijo mi madre:

  -No…, hija, esa muñeca no es para ti...

-¿Y para quién es?, dije yo, ya que, yo... era la única niña de la casa.

  -Es para tu prima, ¿no ves que no está encima de tu zapato…?

-¡Coge lo que está en tu zapato!

Y yo decepcionada, pero sin soltar una lágrima, solté la muñeca y cogí mi naranja, mi medio duro y compartimos entre todos la anguila dulce.

Conseguí averiguar, preguntando, que la muñeca, “esa”, era un “compromiso”, ya que mi hermano era el ahijado de los padres de mi prima y siempre, los Reyes Magos, le traían un regalo a él en casa de sus padrinos.
 Era como un trueque que los reyes hacían.

Con ese argumento, más o menos me quedé satisfecha.

Ya de mayor…., le pregunté, riéndome, un día a mi madre, que como me pudieron hacer aquella crueldad…

Y, riéndose me dijo que no se acordaba de nada.

Y que a ella, de niña, nunca le trajeron nada los Reyes Magos, ni siquiera una Naranja.

Ahora veo la habitación de mi nieta, repleta de juguetes y me pregunto:

¿Qué será peor: una simple naranja, o tantísimos regalos juntos?

3 comentarios:

Cerámica Perdigón dijo...

Esto tenían que leerlo más de un padre...

luz rodriguez dijo...

Yo creo que es más crueldad lo de ahora. Nosotros no teníamos nada en todo el año, entonces recibir de los Reyes Magos una naranja, una anguila dulce y una moneda de medio duro.... era mucho!!!!
Ahora los niños tienen tanto que, primero no lo aprecian, ni lo disfrutan.... y segundo, que acostumbrados como están a todo eso, ahora con la crisis, muchos de esos niños de familias de clase media-alta, están sintiendo la crueldad de ver que no pueden tener lo que solían tener, y eso sí que duele, porque lo han tenido, lo han conocido... y subir de nivel de vida es fácil, pero bajar..... cuesta...

Rosa dijo...

Me he emocionado. Parecía que esto lo estuviera contando mi madre...recuerdo que a veces cuando vivía me contaba estas historias...