martes, 8 de noviembre de 2011

Juegos de mi infancia: Los rollos






El juego de los rollos era un juego muy entretenido y divertido.

Solíamos coger los rollos en verano en el río cuando nos íbamos a bañar. Lo que nosotros llamábamos en Zarza rollos de río es lo que se conoce como cantos rodados.
Rollos redonditos y lisitos, que a mi siempre me han gustado, parecidos a huevos de perdiz.

Aún sigo teniendo rollitos de estos en casa y me gusta coger uno entre mis manos, acaricíarlo...
Chocar uno contra otro, pasándolo de una mano a otra y tirarlos hacía arriba y recogerlos haciendo ruido.

El juego consistía en coger 5 rollitos del río lo más  redonditos posible.

Nos sentábamos en el paseo que solía haber delante de  las casas, y cada niña llevábamos nuestros rollos metidos en una bolsita de tela que nos habían hecho nuestras madres.

-Se jugaba con dos o más jugadores, mejor jugadoras, porque los chicos no solían jugar a nuestros juegos; ellos se lo perdían porque nosotras si que jugábamos a muchos juegos que eran considerados de "machitos".

-Se cogían los cinco rollos en la mano y se tiraban al suelo, procurando que no quedaran demasiado desparramados.

-En la primera ronda se tiraba un rollo hacia arriba y se iban recogiendo los demás de uno en uno.

-La segunda ronda se recogían de dos en dos.

-La tercera ronda se lanzaba uno y había que recoger de una vez todos los demás.

-Y por último se cogían con las dos manos juntas  todos los rollos y se lanzaban para arriba y se recogían con el dorso de las manos.

 Esta era la parte  que ofrecía mayor dificultad.

Perdía lógicamente, la niña a la que se le caía un rollo en cualquiera de los lanzamientos y si no conseguían recoger los que estaban en el suelo en cada ronda.

Más de una vez esos bonitos rollos acababan haciéndonos un buen chichón en la cabeza, si por una de esas se provocaba un mal entendido, de si... tú me has dado un codazo... para que se me cayera..., etc. 

Entonces acababa la partida con lanzamientos de rollos a diestro y siniestro y como postre los consabidos tirones de pelos, a los que las niñas éramos muy aficionadas.

Un poco, bastante brutas si que éramos... aunque nos lo pasáramos muy requetebien.