martes, 15 de marzo de 2011

C/ Maestro albañil E.Seguín




Calle ficticia dedicada a mi padre


                                                     Las campanas de Linares
               
Hoy, 19 de Marzo, el día del padre, el único regalo que le puedo hacer hoy... es:
"Recordarle" escribiendo mis recuerdos que tengo de él. 
El titulo de la entrada, va a ser el regalo.
Se lo voy a dedicar, creándole  una calle ficticia, en su pueblo.
Pueblo, que él nunca abandonó, aún a sabiendas,  que las ofertas que le hicieron para irse a trabajar fuera, le hubieran reportado más beneficios...
Esta acción mía, puede parecer presuntuosa, pero no es nada de eso, es simplemente original. Se me acaba de ocurrir...
Y para agradecer a mi padre todo lo que hizo por nosotros..., él va a ser el primer personaje que tenga una calle en este blog.
¿Os parece bien? A mi me parece una idea fantástica.
Él, tendrá una calle ficticia, en el pueblo, que yo describo en este blog, con tanto entusiasmo.Y, creo que merecidamente. Ya que con su trabajo y el de su cuadrilla, contribuyó a construir el pueblo.
El fue un gran Maestro albañil. Fijaos, que no digo “constructor”, eso son palabras mayores. Enseñó la profesión a la mayoría de los albañiles y peones del pueblo.
El maestro Albañil: construye y enseña.
Parece un poco arriesgado, hoy día hablar de temas relacionados con la construcción...
Ya, que parece ser, que ahora, todos los albañiles tienen que ser especuladores y fraudulentos, y eso no es así, la mayoría trabajan en empresas familiares pequeñas, y entre ellos, que yo sepa no hay ningún  millonario.
Yo, en estos momentos de crisis en la construcción, voy a romper una lanza por los “albañiles”.
Creo que se lo merecen pues realizan un trabajo muy duro y arriesgado. 
Pasan mucho frío en invierno y mucho calor en verano.
 Y con otra particularidad,  suelen ser trabajadores alegres, divertidos y siempre hay un chiste o una broma en su boca.


                                         

                       
                              Dedicada: a mi padre y a mi tío Pichi.
                            A mis primos: Maxi, Joaquín, Enrique, Pablo.
                             A tío Ferino y Antonio el barbero y todos los albañiles de Zarza.
                              


Tío Pichi, Joaquín, Maxi y Costa



                                              Vito "tarambina" y tío Pichi
  
 Volviendo a mi padre, me atrevería a decir que más del 50% de las casas de Zarza, fueron edificadas por él y por sus albañiles: mi tío, mis primos y otros y sus peones.
Véase el barrio de  las “Casas Baratas”, barrio construido a finales de los años 40, por él y su socio y amigo Máximo fontanez.
Estas casas  “Baratas”, no le reportaron más que disgustos, ya que fueron construidas, en el lecho de una laguna, que desecaron para evitar enfermedades como el paludismo.
Al parecer era el único suelo público que había disponible.
Tuvieron varios derrumbamientos, por la mala cimentación, en terrenos lodosos.
Les costó bastante edificar el barrio. Pero gracias a su profesionalidad, consiguieron sacar adelante esas primeras viviendas sociales  en el pueblo.
Según él, sacaron pocos beneficios... 
Creo, según comentó alguna vez mi padre, que con los beneficios  que sacaron pudieron comprar dos camas niqueladas para el dormitorio de mis hermanas.


Laguna donde se edificaron las casas baratas.

Barrio de las casas baratas

Casa original sin reformar


 Otra obra civil que realizó, fueron la escuelas de abajo, las escuelas de los chicos.
Antes..., en aquellos tiempos, las chicas, en la escuela, estábamos separadas de los chicos.
Actualmente, en esas escuelas está el museo del pueblo. Museo que un grupo de amigos con ayuda del ayuntamiento, sacamos a luz hace pocos años . 
Restauramos las escuelas, dejando a la vista parte de la pared de pizarra original.
Merece la pena visitar la sala de etnografía y las salas de exposiciones de pintura y esculturas que se hacen periódicamente.

       En los años 60 edificaron el cine Nuevo, en realidad se llamaba el Cine Iberia. Todo un lujo de cine.
Insonorizado con paneles de “birutex”(me ha salido la palabreja).
Con butacas de cuero y  lavabos para señoras y caballeros.
Tenía un bar, donde... la mayoría de las veces mi padre "veía" la película.
Quiero decir, que no la veía..., como no le interesara mucho la película..., se salía al bar y allí con otros coleguis..., se quedaban tomando copas, cantando y bailando, hasta que se acababan las dos películas.
Una vez metido en juerga..., la película... como que no le interesaba demasiado.
Animados por el cante de Farina: Vino amargo es el que beboooooo...
Podían acabar cantando Saetas, aunque fuera Navidad.


Mi padre cantando con tío Rogelio




    
                                           Dedicada a sus amigos: Gervasio y Juanita
Cuartillo y la Paquera


Yo no he conocido a nadie que le gustara tanto el “cante jondo” como a mi padre.
En este cine vimos, muchas veces, actuar a Farina y a la Paquera de jerez, de los que mi padre era un fan incondicional.

Había otro cine, el cine español, al que llamábamos el cine viejo. También muy entrañable. En éste, en el descanso se escuchaba cantar a Antonio Molina.




                                         Farina, Valderrama y Molina, dedicada a los dos cines.


Hubo una época en que estaban los dos cines picados, y si uno traía a Farina el otro traía a Molina.

Me he detenido en los cines, porque no se pueden pasar por alto, los buenos momentos que nos han hecho pasar en sus salas, y a mi padre además de en la sala..., en el bar.
Esperando, el pobre... a que acabara la película...


       Siguiendo, un poco la trayectoria de las infraestructuras del pueblo: me comenta mi hermana que, las primeras calles las adoquinaron en los años cincuenta con rollos del río; y que cada vecino tenía que contribuir con una peonada, cuando llegaban a su puerta, para que le saliese más económica al ayuntamiento, el arreglo de la calle.

También tengo que decir que la primera calle que se asfaltó con cemento fue la calle que bajaba del llano hasta el cruce. La llamábamos la calle “nueva”.
La hizo mi padre,( siempre que digo mi padre incluyo a él ya su cuadrilla), digo, que la hicieron,  tan bien hecha, en los años 60, que hasta hace tres años no se ha vuelto a arreglar.
Más tardes fueron arreglando otras calles del pueblo.

También a finales de los años 60, construyeron el depósito del agua y la canalización del agua.
Al principio sólo pusieron dos fuentes, una en la plaza y otra en el cruce del pueblo. Hasta entonces, los vecinos iban a buscar el agua a los pozos.

Antes de que se hiciera cargo el ayuntamiento de dar servicio de aguas y desagües a los vecinos. Mi padre animó a varios vecinos de la carretera para que aportando cada uno una cantidad “X” de dinero, pudieran tener agua corriente y desagües.
Y así pudimos tener por fin un cuarto de baño.


Mi hermana yendo a por agua al pozo



      

                                Dedicada a todas las mujeres de su época


                              Guapísimas, seguramente les hizo los vestidos mi tía Vale

 

 No es posible  seguir hablando de mi padre sin hablar de los bares, donde él se pasaba sus buenas juergas.
Seguidamente voy a hacer una relación de los bares que fue construyendo a lo largo de los años.

Empezando por la parte baja del pueblo tenemos:


      -  La Tres Banderas:  un mesón precioso para aquellos tiempos..., además, en el recinto, construyeron una piscina. 
Eso era un lujo para el pueblo, pues antes, como no existía el pantano de Hervás, el río se secaba en verano, cuando los agricultores sacaban el agua con los motores para regar los pimientos y el tabaco.

   -  Vamos subiendo, carretera arriba y nos encontramos con el bar restaurante Orozco.
Por cierto el dueño y su hermana eran nuestros mejores amigos cuando éramos muy pequeños. Y tengo que deciros que actualmente tienen servicio de restaurante y se come muy bien y es económico.

   - Seguimos subiendo carretera arriba y nos encontramos con el bar restaurante de Jacinto.
 Aquí también se come de calidad, pues es hermano del carnicero .
Además Jacinto es un buen contador de relatos, te cuenta unas historias, que te partes de risa.


Mi tío Pichi y su novia Vale en el cruce del pueblo


      - Pasado el cruce, hicieron el bar el canalón. Su dueño era una persona buenísima, era muy amigo de mi padre.
Aquí..., mi padre, se pasaba las horas muertas. 
Aquí se tomaban la espuela...
Cuando mi padre tardaba en venir a comer, mi madre nos iba enviando, uno por uno, al bar a buscarle, primero iba yo..., y como tardábamos... , mandaba a mi hermano, luego al otro hermano y así sucesivamente...
Según íbamos llegando, mi padre que a esas horas ya estaba con el “cante jondo”, nos ponía un plato de cacahuetes y un plato de chochos,  y allí nos íbamos quedando todos, nosotros, y los hijos de los acompañantes, que también iban a buscarles.
Pero al final, estábamos tantos que nos decía: Todos para casa..., y nos mandaba para casa y él se quedaba hasta la hora que le daba la gana.
No soportaba que le fuéramos a buscar y mucho menos, todos los “gurriatos”.
Este bar, lo traspasó mi primo y lo llevan, actualmente, unos señores de fuera, que dan muy buenos pinchos.
Al lado está la carnicería donde compro la carne, ya sabéis,  todo de calidad.




Eufrasio: el carnicero




  Dedicada a tío Feliciano gran amigo de mi padre


                                                      Boda de tío Feliciano


-Cincuenta metros más arriba, siguiendo carretera arriba nos encontramos con el salón de baile del pueblo, que tenía, en la planta baja:  Un bar, la sala de baile de invierno y la sala de baile de verano.
En el piso de arriba había otro bar y una balconada que daba a la pista de verano.
Este, era el baile de "tío Gonzalo y tía Catalina".
Un salón de baile donde se hacían también los banquetes de las bodas.
Allí se celebraban, los machos, la boda y la tornaboda.
En aquellos tiempos, había que llevar a la comida, tus propios cubiertos, envueltos en una servilleta.
A la salida de la comida te echaban en la servilleta un puñado de chochos.
No había camareros, servían las mesas las amigas de la novia.
En este salón de baile, siempre tocaban grandes orquestas en las bodas y en las fiestas.
Creo, que nadie que haya vivido en esa época, se puede olvidar de este salón de baile tan especial.
Las chicas bailábamos  juntas y los chicos iban a sacarnos a bailar, la mayoría de las veces, les dábamos calabazas a no ser que fueran amigos nuestros.
Cuando acabábamos de bailar, teníamos agujetas en los brazos de las fuerzas que teníamos que hacer para que no se te arrimara mucho el chico.
En la sala de baile de invierno había fútbolines, y jugábamos en los descansos del baile.
Allí se jugaban grandes partidas. A veces la bola, entre risas y gritos, salía despedida de manera estrepitosa.


Tía Margarita, Joaquín, Vale y Vale (Las tenemos repetidas)

Alrededor del baile estaba la zona de diversión de los habitantes de Zarza. Siempre paseando carretera arriba y carretera abajo...
Y grandes círculos de amigos, reunidos a la puerta del baile, charlaban alegremente...
Los niños nos arremolinábamos alrededor del puesto de golosinas de tío Bernardo, un buen hombre, minusválido que se movía con  un carrito, que tenía unos manillares con una cadena como los  pedales de las bicicletas.
El puesto consistía, en una tabla de madera encima de dos burrillas, y allí vendía: pipas saladas, sin salar, chupachups, pirulís, lágrimas de colores: amarillas, rosas, limón y las más ricas las violetas, bolas de anís y chicles bazoka.
Un poco más arriba tenía otro puesto de golosinas una mujer que la llamaban la "Parra", vendía chochos, pipas y caramelos.

También, cerca del baile, estaba la caseta de Mundo, era una caseta de ferias de tiro, con escopetas balineras.
Normalmente los chicos y algunas chicas tiraban con la balinera para conseguir algún cigarrillo, bolas de anís gordas y chicles bazokas.
También hacía rifas, a mi padre le tocó una vez un cuadro, bueno yo creo que se lo regaló Mundo, yo creo que ellos sabían donde estaba el premio, de una virgen de escayola pintada en tonos azules.
Que mi madre colgó en la pared de su dormitorio.




                   Boda:Filin y tía Vale




Las mozas repartiendo el pan de la comida

Mis abuelos d San Miguel y Chelo


  Amigos, tíos, padrinos y mi hermana Tere



 Canciones inolvidables que se bailaban en un baldosín sin salirse de el.

       

- A la mitad de la carretera está, el bar Bravo.
También mi padre era muy amigo del dueño y de la familia.
Esta familia además llevaban el servicio de correos del pueblo.
Aquí, durante una época, también había baile los domingos y hacían banquetes de boda.
Y, recuerdo, que en una ocasión hicieron un desfile de moda de una casa de ropa de vestir y una de mis hermanas se compró un traje de chaqueta negro muy elegante. 
Hoy día también continúa el bar y encima del bar tienen una floristería.


Boda de un primo de mi padre en el saló de Bravo


Muy cerca de allí...estaba el kiosco de tía Eufemia, que en el descanso del cine se llenaba de niños para comprar: en invierno churros y en verano, polos y helados.
Los polos los hacían con agua y unos polvos de colorines, fresa, limón, naranja y menta.
Chupabas el polo y la  lengua se teñía del color del polo y al rato lo que chupabas era un trozo de hielo.
Más tarde, pusieron otro el kiosco en frente, el de tío Lirio, no le gustaba que le llamaran así, se llama Miguel.





                                       Dedicada a mis amigas y amigos de Zarza y a Enrique



-Enfrente del kiosco estaba el comercio de los" muchachos", un ultramarino donde vendía de todo: Alimentos, cacharros de cocina, telas, lanas, etc.
Al que me mandaba mi madre a comprar el chocolate con almendras, para la merienda.
La cajera estaba sentada en una mesa camilla cuadrada con faldillas, fuera del mostrador, y en invierno tenía puesto en las piernas unos cartones para que no le salieran cabrillas del brasero.
El dependiente se llamaba Victoriano, persona muy agradable y muy amigo de mi padre.
Más tarde fue propietrio de este comercio y ahora lo llevan sus hijos.
Y, actualmente, una de sus hijas tiene un bar-restaurante que se llama el "Cordel", este bar es de nueva creación, por eso no me he detenido en él.  Es muy acogedor y los dueños son muy agradables y se come muy bien.

         -Un poco más arriba está el bar de Santiago: Muy buena gente y muy limpios.
 En este bar mi tío Vicente siempre iba a comer el pincho de morcilla turra, es su especialidad y  la hacen buenísima.

      -  A la izquierda, estaba el cine Nuevo y su bar del que ya he hablado anteriormente.
 El dueño y su familia eran muy amigos de mi padre.
 A principio de los años 70 con el boom de la televisión, la gente dejó de ir al cine.  Tuvieron que cerrar y se marcharon fuera. (Una gran pérdida)

-Actualmente, hay un buen supermercado, que también lo hizo él.

-Por encima del cine hay, una tienda de muebles, el dueño se llama Quico y también era muy buen amigo de mi padre y se corrieron buenas juergas juntos.

       - Nos metemos por la calleja de la derecha hacia el llano y,  aquí, hacía a la mitad de la calle construyó una carnicería a unos señores que procedían de Castilla.
 Antes aquí había un entrañable comercio de ultramarinos de los padres de una de mis mejores amigas.
En este comercio, de mi amiga Pilarin, hemos pasados muy buenos momentos en la adolescencia.
Nos pasábamos allí todas las tardes, escuchando música y fumando. Y cuando llegaba alguien le dábamos el cigarro a Enrique (hoy mi marido).
A veces tenía en la mano cinco cigarrilos...
En aquellos tiempos estaba muy mal visto que fumaran las mujeres.
Actualmente está el “Brujas” un bar de copas, que según mis hijos está bastante bien.


  
                                                              

 Boda de Vale y Pichi






       - Al final de la calle, en el llano, a la derecha, haciendo esquina, estaba el bar del “Garzo”, que también reformaron ellos.
 Aquí, había muy buen ambiente. Fue el primer bar que puso una televisión en el pueblo. 
Las hijas e hijo eran muy buenos amigos de mis hermanas.
Este bar está cerrado, actualmente.
En, aquellos tiempos, en  Semana Santa, la mayoría de los hombres, desde este bar y detrás de las persianas, escondidos, veían pasar las procesiones.


Mi padre, mi hermano y yo en una procesión


Dedicada a mi padre y a Flores "giñeco"



                   Cerca de aquí, había otro bar, el bar de Panete. Donde iban los viejos a tomarse el aguardiente por la maña temprano.
Actualmente está cerrado.

       Ahora,  bajamos por la calle paralela a la carretera, (donde está actualmente el ambiente por las noches)

        - A la izquierda está el estanco del pueblo, el estanco de Rosario y de José. 
Mi padre fue muy amigo de los dueños y más tarde se hicieron consuegros.
El estanco era el centro neurálgico del pueblo, en cuanto a información, todo el que llegaba allí a buscar tabaco y a buscar la prensa se quedaba un rato contando algún chascarrillo.
 El dueño tenía un gran sentido del humor y yo le apreciaba mucho. Ahora, sigue su hijo de estanquero y sigue siendo el centro neurálgico de información del pueblo.

         - Debajo del estanco, el bar del Emigrante, yo creo, que aquí mi padre disfrutó mucho en su construcción. Detrás del bar hicieron un mesón con  chimenea.
Eran famosas las albóndigas que cocinada la dueña, Dori.
También era muy amigo del dueño, de Isidoro, y se pasaban buenas juergas juntos.
Hoy día  llevan el bar los hijos y hacen muy buenas raciones y comidas de todo tipo.



Dedicada a Dori y a Isidoro


    - Seguimos para abajo y está el bar de Pin, donde también se pasaban las horas muertas.

    -A pocos pasos el bar del “Rapi”. Este señor era muy amable, se vino a vivir al pueblo cuando tuvieron que abandonar Granadilla.

       -En frente del Rapi estaba el cine “Viejo", El Español, allí, se tomaba sus buenos chatitos de vino acompañados de chochos y cacahuetes.
Este cine merece un capítulo a parte.



Dedicada a tío Felix y a tía Flora

      

-Debajo, siguiendo la calle está el bar el Portal. Este bar se lo hicieron a  mis tíos; era un bar muy acogedor.
En invierno las mesas  tenían  braseros de cisco.
Mi tía era la cocinera y hacía unas raciones de albóndigas, callos , orejas y patatas bravas, buenísimas.
En el descanso del cine siempre estaba lleno.
Aquí, si que nos hemos pasado las horas muertas...
Actualmente lo han modernizado los hijos y es una cafetería, muy agradable, donde fundamentalmente van jóvenes.




Dedicada a mi tía Vale y mi tío Filín

     -En la calleja del cine hicieron otro bar, el bar de Tomás, otro amigo de mi padre.
De este recuerdo poco, porque yo creo que duró pocos años abiertos.

-Seguimos calle abajo  y a la izquierda, otro bar de un hermano de mi madre.
También tuvo su buen ambiente en su primera fase. Mi tía era muy graciosa y dicharachera.
Actualmente está cerrado.



Tío Amadeo, tío Maxi, mi padre y D. Emiliano.
(mi padre odiaba las cobartas)


-Debajo, también estaba la pescadería de mis tíos: Maxi y Angeles. 
Donde teníamos pescadito fresco siempre.

-Bajamos..., y en el cruce nos encontramos con el comercio de tío Domingo y tía Aurora, era muy pequeñito pero tenía de todo y los dueños eran primos de mi madre.
Tía Aurora era un encanto de mujer, siempre con la sonrisa en la boca..

-Al lado, el bar de tío Clemente, un buen lugar también para tomar el aguardiente por las mañanas antes de irse atrabajar.
Aquí ya, se bailaba la "Tani"
Actualmente está cerrado.

-Cerca de aquí, un poco a la derecha, la carnicería de Ismael, otra buena carnicería del pueblo.

-Detrás estaba el comercio de mi tía Martina, la madre de mi prima. 
Donde leíamos los tebeos detrás del mostrador. Para conseguir leer los tebeos, tenía que acompañar todos los días a mi prima, a buscar el pan con un carretillo a la tahona, para luego venderlo en la tienda. 



                                   Para mi tía Martina que adoraba a Antonio Molina


    -Casi al final de la calle nueva, el bar de los “Espadas”. También buena gente.

No os preocupéis que ya casi estoy terminandoooo..., Estoy pillando una borrachera de tanto bar...

      - Llegando al cruce, en la carretera de la estación, en los años 70 construyeron, el “Cisne Negro”: Una cafetería moderna.
Dónde mis amigas y yo pasábamos las tardes en vacaciones,  jugando al pimpón, morreándonos con los novios y fumando detrás de un biombo. ( Esto no lo sabía mi padre, por supuesto).
Pasamos allí muy buenos momentos en nuestra adolescencia.

-No puedo dejar de mencionar el comercio de Rosi, está muy cerca del Cisne Negro.
La propietaria, Rosi, y antes su madre  Carmen, son encantadoras y tienen productos caseros muy buenos.



                                                                    Mis amigas
                                




 


       - Y creo que, por último, está el bar restaurante y  hostal  el “junco fresco”, está en la misma carretera, casi en el cruce. 
La dueña era Matilde, una hija de una hermana de mi padre. Mi tía Antonia, era muy cariñosa y muy guasona como toda la familia de mi padre.
        
  ¡Por fin he acabado con los bares¡

¿ Cómo no se iba a enredar en los bares... si casi todos los había construido él y además era muy amigo de los dueños?
Tenía que cumplir..., y además, le decía a mi madre que casi todas las obras las ajustaba y las cerraba en el bar.
Estas eran sus excusas, que vistas en la lejanía se pueden comprender y aceptar.

-Se me olvidaba, en los años 70 realizó el cerramiento del parque que hoy sigue intacto.

Lo que Él no hizo fue el antiestético edificio del bar del pensionista, a Dios gracias.

-Y, en los años 80, realizó unas viviendas sociales por las que le felicitó el ministerio por su buena construcción y la buena calidad de los materiales.
También, fue lo comido por lo bebido, en cuanto a ganancias.
El siempre edificaba como si la vivienda fuera para él y las ganancias finales eran pocas.
Y tenía a todos sus trabajadores dados de alta en la seguridad social, cosa rara en aquella época.



Mi padre, tío Carlos, Julian y Joaquín


        El siempre se ponía de parte del más débil. Nunca olvidó sus orígenes.
Mi padre procedía de una familia humilde, como casi toda la gente del pueblo en su época.
Se quedó sin padre a muy temprana edad , a los 14 años. Su padre era albañil y él siguió sus pasos.
Nos contaba él, que con, tan solo  siete años ayudaba a su padre a hacer paredes de piedra y barro.
 Se escapaba de la escuela por la ventana, cuando el maestro estaba distraído, y se iba en busca de su padre para ayudarle.
Ya, de mayor, nos decía, que se escapaba de la escuela porque se aburría. Solamente le gustaban las clases de matemáticas donde se planteaban problemas.
 El maestro le felicitaba porque sabía resolverlos con inmediatez. 
Cosa, que después, en su profesión, demostró con creces, resolviendo problemas a los aparejadores, a los que él tenía que pagar por firmar un proyecto, que él mismo había hecho.
Decía, que casi todo lo que sabía se lo había enseñado  un maestro, que se alojaba en una posada que tenía su abuela.
Yo estaba orgullosa de su letra y de su firma, cuando entregaba la cartilla de notas firmada, a los maestros. Era  una firma con personalidad.
No era la típica firma con el nombre y el apellido y con una raya con dos palotes.


Agapito, Aurelio, mi padre, Pedro y Fontanez

       Cuando murió su padre pasaron muchas calamidades, eran cinco hermanos tres muchachas y dos muchachos.
Sus hermanas, eran mayores que él, y le adoraban y le protegían. De su madre  era el favorito. Siempre nos contaba mi tío Vicente, su hermano pequeño, riéndose, porque la familia de mi padre era pobre, pero tenían mucha guasa, tenían un sentido del humor que poca gente de su condición social tenían.
 Bueno, pues, nos contaba mi tío, repito, riéndose, que un día mi padre: venía del río, montado en la burra,  por un camino paralelo a la carretera, y en ese instante pasaron unos falangistas del pueblo montados en un coche y mi  padre, al verlos, agachó la cabeza para no hacerles el saludo del brazo en alto.
 Al día siguiente llamaron a mi abuela para que mi padre fuera al cuartelillo.
Se presentó allí con mi abuela y le dijeron que tenía que ir al calabozo por desacato a la autoridad.
 Mi abuela les suplicó que le dejaran libre, pues era el único que aportaba un jornal a la familia. Que, si podía cumplir la condena mi tío, dos años más pequeño que él.
 Aceptaron, pero como era menor, la condena que le impusieron fue barrer todas las calles del pueblo .
Por aquellos tiempos Zarza era un pueblo eminentemente agrícola y  ganadero.
En una palabra, que tuvo que recoger todos los cagajones (excrementos de los animales) del pueblo.
 Esto fue traumático para mi tío, que era muy fino y  elegante; y en aquella época representaba obras de teatro.
 Mi tío, más tarde fue pintor de una empresa en Madrid, que tenía una contrata para pintar en  el hotel Ritz .
Iba tan elegantemente vestido, que cuando salía, sin el mono, del Ritz,  se podía confundir perfectamente con todo un   personaje  alojado allí.
Se compraba las camisas, en Zarauz en la gran Vía y las gabardinas de Bullberry y los zapatos Lottus.
 Se quedó soltero y todo lo que ganaba se lo gastaba en el buen comer, en  ropa elegante, viendo obras de teatro y en copas con amigos.
Alguna vez, yo coincidí con él, cuando venía de trabajar y le observaba, sentado en el metro completamente dormido, con su gabardina elegantemente doblada encima de sus rodillas.
 Yo tengo esa gabardina guardada.
 No puedo pasar por alto a mi tío, por lo peculiar que era. Además de ser pintor de brocha gorda en los salones del Ritz, pintaba muy bien a carboncillo y al óleo.
En casa de la abuela , una casa, de lo más sencilla del mundo; cuando entrabas en ella, entrabas directamente en la sala (comedor), mi tío la tenía pintada como si fuera un salón del Ritz y además tenía dos cuadros pintados al óleo.
 Un cuadro con un marco de  escayola y grandes flores.
También, el  retablo del altar mayor de la iglesia del pueblo, lo pintó él imitando al mármol, esa técnica la dominaba muy bien. (Se puede ver)



Tío Vicente y tía Sofía





Después de este inciso, vuelvo con mi padre:

      A los 17 años se llevaron a mi padre a la guerra, le cogió en el bando nacional, como se decía entonces. Era de la quinta del chupete.


Mi padre y tío Jesús


Creo que le enseñaron a poner inyecciones y se paso parte de la guerra en Valladolid haciendo de practicante. Además de miles de calamidades por las que  pasaría.
No sé mucho de esta época, porque a mi padre no le gustaba contar batallitas de la guerra.




Dedicada a las hermanas de mi padre que se fueron a Barcelona después de la guerra.
Después de la guerra, en los años 40,  dos de sus hermanas y su hermano, que habían tenido problemas porque eran de ideología socialista, emigraron a Barcelona.
 Mi padre nunca quiso dejar el pueblo. Aunque no comulgara con la ideología del momento.



Mi tía Consuelo


Mi tía Consuelo con los "señores" en el Aeródromo del Prat

Mi tía antonia

Tía Beatriz

A mi padre el servicio militar le duró creo que cinco años, tres de ellos en Melilla y otros dos en Plasencia. Fue donde le examinaron para sacarse el carnet de contratista de obras. 
Una vez, ya asentado en el pueblo, volvió a emprender su profesión.



                                                 Boda de mis padres


Se casó con Brígida y tuvo ocho hijos, dos murieron de meningitis a corta edad. Los demás aquí estamos todavía, por suerte, vivitos y coleando.
Al principio de casados vivían en una de las casas que mi abuelo, el de San Miguel, tenía en el pueblo, hasta que se construyó su propia casa.
Nos contaba él, que en los días de fiestas y durante la hora de la siesta construyó nuestra bonita casa.
¿Cómo pudo tener, en aquellos tiempos tan buen gusto.?
  Os pongo una foto de nuestra casa.




 


                                         

                                        
 Quiero describir nuestra casa para no olvidarla nunca:
 La fachada  imitaba al ladrillo visto, de  forma suave...
 La puerta de la entrada, era de madera de doble hoja.( guardo la llave de aquella puerta)
 En la entrada:
 El patio, con un zócalo pintado, al  picoteado, con óleo  hasta media pared (más tarde pondría azulejos).
  A la izquierda, en un rincón, estaba el palanganero con la palangana para asearnos, un espejo en la pared y un recipiente con agua.
El patio era el lugar de la casa donde más jugábamos y también donde más nos peleábamos.
El recuerdo más bello que tengo del patio fue, una noche que mi padre se presentó con la orquesta del baile a casa y entraron en el patio y  los músicos se pusieron a tocar :
Estas son las mañanitas que tocaba el Rey David...


                                        


Nosotros, en pijama y descalzos, los mirábamos como embobados y mi padre se reía.
Y, a mi madre, se la llevaban los demonios (como decía ella).

        A la derecha, se entraba a la sala principal, había una mesa de madera, cuadrada, con un cristal encima y en el centro un botijo en forma de melón, de cerámica de Manises y ocho sillas de madera.
En el rincón, estaba la nevera, tipo americana de color gris metalizado.  Una nevera de hielo, que nos la habían enviado de Barcelona.
Todos los días en verano íbamos a comprar el hielo y lo metíamos en la nevera para tener el agua y la fruta fresca.
 Tenía un grifito, que si lo movías salía el agua, y nosotros, aunque estaba prohibido, poníamos la boca debajo y dejábamos que cayera en ella el agua del hielo derretido.
En la pared, como único cuadro colgado, el retrato enmarcado de  una hermana de mi madre, que murió joven.
También en la pared del fondo había un armario empotrado. Donde metían mis padres los abrigos.
Esta sala casi siempre estaba en semipenumbra.
En verano poníamos una manta de tiras en el suelo y los tres más pequeños nos echábamos a dormir  la siesta.
Empezaban las risitas y las “cosquilillas”, y a continuación venía el zapatillazo, de la zapatilla de esparto de mi padre, que venía volando directamente a nuestro trasero.
Las estoy viendo, las zapatillas...: blancas con una goma amarilla en el centro y la suela de esparto.
¡Como escocía, el zapatillazo¡. Se nos iban las risas de inmediato.






      De la sala, se pasaba al dormitorio de mis padres, por un arco, y, a los lados de este había otros dos arcos, que hacían de ventanas.
 Estos arcos no tenían puertas, tenían unas cortinas de cretona color rosa clarito con grandes flores blancas. Mi tío, los había pintado imitando a un marmoleado.
En el dormitorio había: una cama de matrimonio niquelada, una mesilla de noche (del lado de mi padre), una cuna de madera,  del lado de mi madre). En la cuna dormíamos mi hermano y yo, yo soy año y medio mayor que él.
Recuerdo, que a veces, él lloraba por las noches, soñaba que venía los pavos de San Miguel a picarle...,ja,ja...
Debajo del arco de la izquierda había un baúl donde mi madre guardaba, el ajuar, sábanas, toallas, etc... y la caja de los caudales, una caja metálica con llave donde guardaban el dinero.







A continuación había, un armario de madera, con ropa de vestir y encima del armario un bolso marrón lleno de paquetes de tabaco: de celtas cortos.
Íbamos a comprarle el tabaco  a mi padre al estanco para toda  la semana.

Los domingos por la mañana, mientras se fumaba un cigarrillo en la cama, mi padre nos contaba un cuento, que él se inventaba, trataba de una "varita mágica", la cual nos proporcionaba todo lo que se le pedía:
Vestidos  bordados de estrellas con hilos de plata y oro. Y estancias en grandes palacios donde nos servían grandes manjares.
Él, que era tremendamente autoritario, en esos momentos de magia, se convertía en un padre tremendamente adorable y entrañable.

         En el rincón, había en una percha donde tenía colgada la escopeta de caza, la cartuchera y la ropa de caza, que olía a jaras.
Le gustaba mucho la caza, pero la caza menor: conejos, liebres, tórtolas y perdices.
La caza se comía, a mí no me gustaba mucho el sabor, pero había que comerla.


Su petaca y su novela
                                         
        
 De nuevo salimos al patio, y de frente, estaba el comedor.
Tenía una ventana que daba a la carretera.  Con una mesa camilla con faldillas, brasero y un hule de flores.
 La mesa camilla tenía un cajón muy grande, donde mis hermanas guardaban revistas de bordados,  papel de seda,  papel de calco, lápices de madera, goma de borrar, jaboncillo de rayar las telas y una cinta métrica de color amarillo y las novelas de Corín Tellado.
Las sillas eran de madera barata, con relieves de caras en el respaldo; también había una trona de madera, por la que nos peleábamos siempre por sentarnos.



Y, como único mueble un “armarito” pequeño, donde mi padre metía sus papeles, presupuestos de obras, el metro de madera, la cinta métrica, el nivel, la plomada, la regla, la escuadra, el cartabón y el transportador de ángulos.
 Con los que él hacía los planos, casi siempre, en la parte trasera de la hoja de un calendario.
También guardaba, aquí, su petaca, libritos, picadura de tabaco, algún puro y sus inseparables novelas del oeste.

No sé como podían caber tantas cosas en ese armarito, en la parte de abajo guardaba una jofaina pequeñita de metal que tenía una goma marrón alrededor, dentro de ésta, la brocha y el jabón de afeitar, la navaja y el afilador de la navaja, que era un artilugio alargado de material.

Todos los domingos por la mañana iba Antonio el barbero a afeitarle y a arreglarle el pelo.
Antonio siempre le afeitaba y hablaban y reían sin parar.
Y cuando acababan se tomaban las "once" con un vino de pitarra.

Decía, que le gustaban las novelas del Oeste porque le distraían, y no tenía que pensar para leerlas, se leían solas, y ya se sabía el final de todas.
También decía, que si en lugar de novelas de Marcial la Fuente Estefanía hubiese leído libros de provecho podría haber sido, por lo menos, decía él, ingeniero...

Intercambiaba las novelas con Trino, un buen hombre que nunca trabajó en nada, yo no sé de que vivía, comía de lo que cazaba y mi padre muchas veces le daba, patatas y algún tomate del huerto, y alguna morcilla envuelta en papel de periódico, sin que se enterara mi madre.
La señal que ponía Trino en las novelas era: C R.
 Y, yo le decía,Trino: C R  ¿Quiere decir Calitrio Redondo? (una bobada mía)
-Contestaba:
-¡Qué no.... boba! , quiere decir,  Celestino Rubio.





      Encima del armarito, estaba la radio donde todas las tardes se oían canciones dedicadas al oyente.
 Alguna vez escuchamos, alguna canción, que alguna amiga de mis hermanas, le dedicaba  por su cumpleaños.
Más tarde mi padre cambio la radio por un tocadisco radio y allí la música siempre estaba puesta.
Mi padre tenía discos de flamenco: Er Culata ( me acuerdo que en la portada del disco había un hombre muy feo, que le faltaba un diente), la Paquera de Jerez, Dolores Vargas la Terremoto, Farina, el Principe gitano, Concha Piquer, Manolo caracol, Antonio Mairena,  La Perlita de Huelva, Carlos Gardel, Antonio Machín, Pepe pinto, Peret etc..

Y mis hermanas tenían discos de Miguel Rios (estaba guapísimo en la portada con un lunar en la mejilla), Luis Aguilez, la Gelu, Jose  Guardiola, El Duo Dinámico, Lucho Gatica, Rita pavone, Concha Velasco y los Beatles y un disco de villancicos.

 Cerca de mi casa, vivían en un secadero de pimientos unos gitanos y en Nochebuena mi padre les invitaba a tomar una copita de anís y turrón. Y allí se armaba la marimorena. Yo veía nerviosa a mi madre,  pero mi padre y nosotros estábamos en nuestra salsa.
Los gitanos cantaban y bailaban y nosotros tocábamos las palmas.
Una gitana que la llamaban la “Quica” y un gitanillo que se llamaba “Zamarrina” bailaban hasta desmayarse y “er” Sr. Fernando, Sra María, er  Moto, la “Pelona” y la Juana, cantaban hasta el amanecer.
Recuerdo que una de las gitanas disimuladamente cogía dulces y se los guardaba en la faldriquera, y mi padre, disimuladamente, le decía, mujer, come lo que quieras.



                                         





 En el comedor también están: el cesto de la costura de mi madre, los costureros y los bordadores de mis hermanas.

 Salimos otra vez al patio y a  la izquierda, entramos por la puerta, que da a la cocina.
Detrás de la puerta de la cocina está la cantarera, con la tinaja y los cántaros de barro, con el agua potable.

También había una chimenea con un hogar alto donde se hacía la lumbre para cocinar.
Siempre había un puchero puesto en la lumbre con el cocido y otro puchero con el café negro.
 También recuerdo que hervían la leche en una sartén grande con patas.
Había que tener cuidado, para que la leche no se fuera, había que darle vueltas con una cuchara, cuando empezaba a hervir.




A continuación la leche se mezclaba en una perola con el café negro colado con una manga. ( Ya te explicaré lo que es la manga del café).

Aquí, en la cocina, todos los sábados, mi madre calentaba abundante agua y nos bañaba en un barreño de zinc muy grande. Nos daba buenos restregones con un estropajo de cuerdas y jabón de Heno de Pravia.
 Cerca de la chimenea, al lado de la lumbre, siempre estaba  la plancha de hierro.
 Se abría la plancha y se le metían las brasas de la lumbre y con el calor que desprendía se planchaba. Debía de ser muy difícil. Nunca nos dejaban tocar la plancha, era muy peligrosa.





A continuación de la chimenea estaba  el fregadero y encima un escurreplatos de madera.
 Seguidamente había un pozo, de donde se sacaba el agua con una bomba.
Sacar el agua con la bomba era muy divertido. Este fue otro invento de mi padre para no andar sacando el agua con cubos.
La bomba era verde oscura y parecía la cabeza de un perro con la boca abierta. El agua del pozo era sosa y sólo servía para fregar.

Creo que allí, en la cocina, había otra  mesa camilla, pero sin faldillas y unas sillas de palo y asientos de nea.
 No recuerdo bien, pues siempre comíamos en el comedor. Pero el desayuno lo hacíamos en la cocina, esto no lo puedo olvidar ya que tengo grabado el hecho de que mi hermano todos, todos  los días tiraba el desayuno, el café " migao"  con una cucharada de nata encima.
Siempre nos peleábamos por la nata. Bueno mi hermano y yo siempre nos peleábamos por todo.
Y, como único mueble, en la cocina, un aparador, de madera barata de chopo. Donde se guardan los platos, vasos, los tazones del desayuno,  los cubiertos, el bote del azúcar y unas jícaras de porcelana china y un juego de café y el molinillo del café.




Este aparador acabó pintado y repintado de verde y blanco por mi tío.
Al final, lo recuperé yo de la bodega del vino y lo tengo en mi casa restaurado.





    Desde la cocina se pasaba desde una puerta, a la bodega y a la escalera, que subía a las habitaciones de arriba y al sobrao.

La bodega, tenía un ventanuco pequeño con una tela metálica, estaba siempre a oscuras, había que encender luz para entrar.
Allí había una mesa tocinera. El recuerdo más nítido que tengo es ver la mesa llena de tabletas de chocolate de hacer, bolsas de azúcar, tarros de melocotón en almíbar.
En aquellos tiempos cuando se daba a luz, cuando venía la "cigüeña", se le regalaba a la parturienta todo este tipo de viandas, sobretodo chocolate de hacer.






Cuando nació mi hermano pequeño yo acababa de cumplir siete años, por eso lo recuerdo bien.
En unas estanterías de madera recuerdo que estaba el tarro de miel y una jarra con limonada.
Un día te explicaré como se hacía en invierno, para tomarla, fresquita, en verano.
Lo que más me fastidiaba de la bodega, era en tiempos de matanza, que colgaban allí los chorizos y recuerdo, que me molestaba que me  goteara el  agua en la cara o en la cabeza, al entrar allí.

En la bodega, se guardaban los alimentos para casi todo el año: la perola de la manteca, cantaras de aceite, barricas con aceitunas, puchero de barro con huevos, barricas con garbanzos habichuelos y carillas, barricas con todo el embutido; los dulces que se hacían en las fiestas, y debajo del hueco de la escalera estaba lleno de botellas con tomates en conserva.
Los jamones estaban colgados en la pared, los quesos unos curándose en  aceite y otros, los frescos, en una tabla, encima de un trapo blanco.
En aquellos años se compraba poco en las tiendas.
         
         Salimos de la bodega y subimos al piso de arriba por una escalera hecha de cemento finamente pulido.
 Siempre las bajábamos resbalándonos, eran muy suaves y fresquitas en verano.
Nada más subir las escaleras, encima de una tabla, estaban lo enormes tocinos, llenos de sal gorda por encima. Era el que se utilizaba para hacer el cocido y le daba muy buen sabor.

            A la derecha, en el centro había una doble puerta y allí se entraba a una sala donde estaba el mirador, con  ventanas de hierro y cristaleras.
 Era muy bonito, pero en invierno no nos dejaban abrir las ventanas porque entraba frío y en verano porque entraban moscas.

El suelo del piso de arriba eran baldosines color granate con ramos verdes y blancos, eran preciosos y tenían mucho brillo.
Mis hermanas tenían allí macetas con begonias y alegrías que llegaban hasta el techo.
A la derecha de la sala estaba la máquina de coser y bordar y más de una vez estropeábamos la canilla o le partíamos la aguja enredando con ella.






A su lado está la habitación de mis hermanos con una cama grande matrimonio.
En esta habitación jugábamos mucho debajo de la cama; sobretodo con un reproductor de películas, que le trajo mi tía de Barcelona a mi hermano mayor.
 Digo yo, que sería de los hijos, de donde ella trabajaba como ama de llaves, (nos decía ella).
En otra ocasión,  le trajo a mi otro hermano un tren fantástico de hierro con muchos vagones y muchas vías. 
También jugábamos en esta habitación con el tren debajo de la cama.
Era una cama muy alta y se podían hacer allí muchas cosas.
Además mi hermano tenía en la mesilla de noche muchos tebeos del capitán trueno y del jabato, también tenía un cepo de cazar pájaros, un tirachinas y una peonza.







        A la derecha estaba el  “cuarto” de mis hermanas y mío, con dos camas grandes cubiertas con colchas,  hechas de una tela floreada  muy suave. En el medio había una mesilla de noche.
Tenía un armario donde guardaban la ropa, grandes faldas con cancanes, que mi tía, o mi abuela les hacía.
En el cajón del armario guardaban: dos abanicos,  un pintauñas, una lima, una barra de labios, una caja de crema de marca Bella Aurora y una caja de  polvos sueltos de maquillaje.
No sé para que querían esas pinturas de maquillaje, pues mi padre nunca nos dejó pintarnos, ni labios, ni uñas, ni nada de nada.
 Solamente nos dejaba pintarnos en carnaval. Era quizás, esto y el que no me dejara comer chicle lo que más me molestaba de adolescente.
En las ventanas de las habitaciones, mis hermanas tenían bonitos geranios y claveles que colgaban por la pared.
Mi padre nunca se molestó cuando venían los mozos a rondarlas y ellas abrían la ventana para escuchar las canciones.




                                        


      Ya sólo nos falta el desván y el sobrao, en el desván, se guardaba el lavadero, la tajuela y la banasta de la ropa para ir a lavar al río.




 Había una troje, un habitáculo de paredes pequeñas donde se guardaba la cebada y el maíz para el mulo.
Teníamos un mulo que era el que arrastraba el volquete, era una especie de carro de madera, pero bastante grande y tenía ruedas de goma.
Se utilizaba el volquete para llevar los materiales de construcción a las obras, también llevaban allí las cubas grandes de agua.
El volquete, lo conducía, el mulo y al mulo un primo de mi padre. Al conductor del volquete se le llamaba “carrero”.
Montar en el volquete era divertido, nosotros montábamos cuando iban a cortar las calabazas para la matanza.

Hablando de calabazas, por aquella época se usaba mucho el término “calabazuno”.

Cuando acababas el curso la gente te preguntaba:

¿Cuántas calabazas te han quedao...? 

Cuando una chica no quería bailar con un chico, también decían que le había dado calabazas.

Si eras un poco zoquete, también te decían que eras un calabazo...

Si eras un muy testarudo te decían que eras un calabazón...

Bueno  y lo peor de todo, de las calabazas, era pelarlas en el mes de diciembre.
La piel estaba muy dura y las manos se quedaban heladas. Se pelaban y se picaban y después se cocían para hacer el mondongo de las morcillas de calabaza.
Si te cortabas con la navaja, al pelarlas, te decían : ya te dije que te ibas a cortar..., calabazo... que eres, como un calabaaaazo.

Y por último, todos los niños, que estábamos jugando en el llano, cuando por la tarde tocaban las campanas de la iglesia para el rosario nos teníamos que marchar a casa y cantaban una canción:

¿Qué hay en el llano?

-Gitanos.

¿Qué hay en la plaza?

-Calabazas.

Cada uno que se vaya pa su casa.





(En el llano estaba la academia, estaba en casa de mi tía Antonia. En el piso de arriba.
Don Clodo y Doña Manoli eran los profesores.
Allí preparaban a los alumnos, para el ingreso y el bachiller.
A doña Manolita , la llamaban la "popotitos.

Al lado de la academia estaba la churrería de la "paneta", que hacía unos churros buenísimos.
Mis hermanas compraban los churros los domingos, cuando salian de misa rezada)


                                          



Continúo con la casa : Al sobrao se pasaba por una puerta de tablas y allí además de trastos, estaba la maleta de madera de mi padre de la mili, llena de novelas del oeste y de Corin Tellado.




 Había una chimenea, que sólo se encendía en época de matanza para secar y ahumar los embutidos.
También había cajones de madera llenos de jabón casero, que se solía hacer después de la matanza con las grasas sobrantes de hacer la manteca y una caja de madera con hojas secas de tabaco, que nosotros, en época de matanza, liábamos en papel de periódico, y fumábamos y tosíamos como locos.

Allí, estaba también el palomar de madera, en el palomar había un agujero que daba a  la calle y por ahí entraban y salían las palomas.

          Al lado de nuestra bonita casa, que mi padre nos construyó, había una casilla  donde dormían las gallinas y los cerdos.
No olía muy bien y más tarde mi padre los trasladó a otro corral.
Y, al lado del corral, el "tarmero", donde todos, todos..., tenemos alguna foto, con el tarmero de fondo.


Brigi ,Marite y Chelito

         

 Esta casa..., mi padre, la fue reformando, según iban viniendo las cosas y modernizándose los materiales de construcción.
Hasta que en 1980, el verano que murió mi abuelo Maximiano, el de San Miguel, tiró toda la casa y la rehizo de nuevo.
Nunca se cansaba, ni le daba pereza hacer nada.
Decía que para desenredarse había que enredarse primero...



            Mi padre con su primera nieta: Mariche y nuestra perrita Blanqui.


          Espero no haberte aburrido, espero que entiendas, que para nosotros, aunque fue un padre  autoritario y nos tenía más rectos que una vela, fue el  mejor padre del mundo, que se preocupó, muy mucho, de nuestra formación y quiso darnos siempre lo mejor:
"Lo que no podía y pudo".

Trabajó mucho para sacar a su familia adelante.  Piensa que a los 42 años ya había tenido ocho hijos, de los que le vivían seis y la mayor de sus hijas tenía 22 años y el pequeño acababa de nacer. Pasó muchas calamidades, pero también se divirtió mucho.

Hoy, cuando estoy escribiendo estas líneas, cumpliría 92 año.

 ¡Felicidades, Papi¡



            

                          
                           Dedicada a todos los amigos de mi padre
      









6 comentarios:

Nines dijo...

Ya me has hecho llorar...
Y el mejor abuelo del mundo, cuanto le quiero, cuanto me acuerdo de el y cuanto le echo de menos.

Gracias por estos recuerdos.

luz rodriguez garmon dijo...

No es mi familia, ni mi casa, pero me siento identificada con todos los recuerdos: los bares (de entonces), las casas baratas, la calle nueva, el cine viejo y el nuevo.... Qué infancia tan distinta a la de ahora... ni mejor ni peor, .... la que fue,... la nuestra...
Me encanta!!!!.

Mariche dijo...

IMPRESIONANTE ¡¡¡
Un abuelo irrepetible , que siempre está rondando entre nosotros y perfectamente puede ser esa "estrella "de ese cielo único que hay en la Zarza.
Todos los hermanos teneís un poquito de vuestro Padre , por eso la gente os adora y quiere.
Continuará... espero

Anónimo dijo...

Pedazo de entrada, tía Brígi.

Besso

Anónimo dijo...

Siempre que veo a mi abuela recuerdo a mi abuelo. Me viene a la cabeza una imagen: abuelo y abuela sentados en el sofá viendo la tele y abuelo agarrándole la mano a abuela.
Cuando pienso en abuelo me huele “al huerto”, me ha pasado alguna vez…
Para la mayoría de los/as primos/as, ha sido una persona muy importante en nuestras vidas, cualquier decisión importante no sólo requería la opinión de nuestros padres sino también la de abuelo ¿o no? A mí siempre me importó mucho tener su aceptación.
Me encantaba cuando nos pedía que le cambiáramos los zapatos por las zapatillas de estar en casa, después cogía su peine que siempre estaba en la chimenea y le peinaba sus ondas grises y blancas hasta que se quedaba dormido. También me decía: apriétame los dedos de las manos, pero la que mejor lo hacía era mi prima Carmen, menudos masajes le daba!
Cuando me quedaba en Zarza de vacaciones, por la noche como yo “no salía” (qué cruz me cayó con eso), me quedaba dormida en el sofá mientras mis abuelos veían la tele, y cuando abuelo se iba a dormir me sacaba la cama que había en el mueble de la televisión y me acostaba en ella. Me encantaba esa cama.
Siempre nos traía cacahuetes de los bares, nos daba la paga los domingos (a mí me daba veinte duros más que a Jorge y Carlos porque era más mayor e iba a las pachangas), hasta me hice novia de Roberto (le llamaba “Capitán”) y como trabajaba se acabó la paga (jaja).
No sé si alguien se acordará que un “domingo del bollo” cuando yo tenía unos 14 años fui con mis primas a membrillares y se me perdió una lentilla, a mí se me estropeó el día, pero no sé que amigo de mis primas me llevó en moto a casa de mis abuelos, y allí me puse las gafas y me llevaron a ver la inauguración del pantano de Hervás y a comer un helado, me alegraron el accidentado día.
Gracias mami por escribir sobre abuelo, por cierto la calle de la carretera para mí siempre será su calle.

Brigida dijo...

Gracias, hija,ya me has hecho emocionarme.
Veo que también tienes buena memoria.
Ya pondrè una foto en la que tú y Eva le estáis, peinando.