martes, 8 de marzo de 2011

Día Internacional de la Mujer Trabajadora

                                     Mi hermana Chelo de "oficinista"


Hoy ocho de marzo es el día mundial de la mujer trabajadora. Entendiéndose por trabajadora, aquella mujer que realiza un trabajo remunerado.
Pero, Yo pienso que trabajadoras somos todas las mujeres, tengamos trabajo remunerado o no.
Trabajadora es el ama de casa que lleva la economía y la contabilidad de su casa y no recibe a cambio ningún salario.
Ella Trabaja desde que se levanta hasta que se acuesta. Porque, al  no trabajar fuera de casa, no tiene horario.
No tiene una jornada laboral de 40 horas semanales. Tiene una jornada laboral de 142 horas.
Eso..., si no tiene  niños pequeños.

   Yo quiero dedicarle este día de la mujer trabajadora a Chelo,  mi hermana mayor:

Mi hermana en su juventud, además de ayudar en casa en las labores del hogar, trabajaba llevando la contabilidad de la empresa de mi padre.
Ella era la "oficinista"del almacén de materiales de construcción y de una carpintería de un socio de mi padre.

Yo recuerdo que mi padre le dictaba cartas, que ella escribía, primero a pluma estilográfica, y más tarde a máquina.
 Le compró una máquina de escribir olivetti, aprendió ella sola a escribir, y  por las tardes, cuando salíamos de la escuela, nos daba clases de mecanografía a los pequeños.

También la recuerdo, en medio de la algarabía de las teclas; coger el teléfono negro, marcar y pedir una conferencia...

Al rato sonaba el ring... del teléfono, y la operadora le decía, que estaba al habla el número solicitado...

Y, entonces mi hermana decía:

 -¿El señor Aguilera?

-Sí, sí... , se oía por el auricular.

-Sr. Aguilera: le llamo para que nos envíe un vagón de cemento.

Mantenían una conversación cordial relacionada con el trabajo y ella siempre, sonreía cuando hablaba con el Sr. Aguilera.

Yo me imaginaba, detrás del teléfono, a un señor  interesante con el pelo canoso y nariz aguileña, por lo de "aguilera".

Se despedía con un cordial saludo y seguía sonriendo.

También hablaba largo y tendido con el Sr.Beite el director del banco. Aquí ya no la veía sonreír tanto...

En cualquier momento podía entrar en la oficina la tía Aniana,  que siempre venía,  la pobre mujer, a comprar medio kilo de cal  para "enjalbegar".
Venía con una lata redonda del escabeche y le decía:
-Anda, guapa llénamela.
Y, mi hermana le decía: tía Aniana, que esa cantidad tan pequeña, no me la pesa la bascula...
-Pues, regálamela, hija.  Si es tan poca cal... para qué la quieres  pesar...
-Te doy una peseta y ya está todo arreglao.
-Bueno..., tía Aniana,  déjelo estar, que siempre me viene usted con estos enredos...

Sobre las doce llegaba Vicente, el cartero. Era muy amigo de mi hermana y se estaba allí las horas muertas, esperaba hasta que ella se leía el periódico, que él le llevaba a nuestro vecino. (En aquella época, compraban el periódico en el pueblo cuatro personas)
Tenía una cartera enorme de cuero y de allí sacaba un montón de cartas: de la cementera Asland y de yesos la Marusiña.
Pero la carta que ella esperaba con mayor ilusión era la de su novio que vivía en Madrid.

Al rato venía tío Ferino, con una carretilla a por materiales para una obra.
Tío Ferino, no era tío nuestro, pero nos quería y le queríamos, como si lo fuera.
Siempre llevaba una colilla, de tabaco sin filtro, pegada en el labio inferior..., hablaba y no se le caía.
En la cabeza llevaba una boina negra salpicada de cemento. Vestía con pantalón de pana color caqui y chaleco negro.
Era pequeñito, pero tenía unas  manos  enormes, fuertes, ásperas y muy agrietadas del duro trabajo.

           Y, En cualquier momento, podía entrar, en la oficina, dando voces la "escarampiala", una amiga y vecina de mi hermana, la Antonia.
Ella era imprevisible, unas veces le decía a mi hermana que le hiciera un dibujo de flores para bordar a máquina , o que le pusiera una dirección en un sobre y otras veces, hasta  que le pusiera los rulos o que le depiláramos las cejas. 
Era muy divertida y nos reíamos un rato con ella.
Cuando se iba, nos daba un pescozón y nos decía vosotros, a  escribir con esa" bicha" que es lo que tenéis que hacer...

La oficina tenía una ventana que daba a la carretera, y veíamos pasar a la gente carretera arriba y carretera a bajo.
Mi hermana, se reía cuando yo le decía por ahí vienen tus amigos: Urelio, Rogino y Toriano...

A la hora del cierre, pasaban por allí todos los albañiles y los peones, y mi hermana les apuntaba la jornada de trabajo.
Cuando acababa la semana les daba un sobre con el jornal que habían ganado.

También preparaba las facturas e iba por las casas a cobrarlas.

Y, también viajaba a Madrid, acompañando a mis hermanos, a los médicos. 

En sus ratos libres, bordaba  a  "filtiré" divinamente .

 Leía todo tipo de libro que caía en sus manos, además de las novelas de Corín Tellado y escuchaba mucha música.

Los domingos por la mañana iba a misa rezada a las cinco de la mañana, para a continuación irse a lavar la ropa al río.
Mi padre le compró una bicicleta para que portara la banasta de ropa y  más tarde le compró una movilette.

Los domingos por la tarde iba al baile con su hermana y sus amigas.
No se de donde sacaba las fuerzas.

           Cuando se casó, mi hermana, dejó de trabajar fuera de casa y se fue a vivir a Madrid .
Una vez allí, tuvo que soportar nuestra adolescencia y juventud  pues cuando nos fuimos a estudiar a Madrid, vivíamos en su casa .

Ella eligió hacerse su casa en el pueblo, en el local donde estaba el almacén de materiales de construcción, y ubicó su habitación en el lugar donde estaba su oficina.
En vacaciones, cuando entras en su casa, siempre está en la cocina, con la radio puesta y haciendo grandes perolas de comida y siempre te invita a tomar o a llevarte  algo de lo que ha preparado.

En sus ratos libres  sigue leyendo libros, es una ávida lectora de novelas de narrativa.

             Actualmente sigue viviendo en Madrid  disfrutando de sus  tres maravillosas hijas y seis nietos.








                                                  Chelo con tío Pichi

Chelo con tío Vicente


Chelo con su amiga Dori


                                Tía Aniana comprando cal





4 comentarios:

Nines dijo...

¡Qué bonito! luego se lo leeré a mi madre y que me aclare quien es "la escarampiala".

Anónimo dijo...

me encanta tía, siempre he pensado que mi madre es una trabajadora inagotable y que nos da mil vueltas a todos, no sé de dónde saca la fuerza...... muchas gracias

Anónimo dijo...

INCREÍBLE, ERES UNA ESCRITORA FANTÁSTICA , SIGUE ASÍ ,PUES TODOS LOS DÍAS NOS EMOCIONAMOS CON TUS MARAVILLOSAS NARRACIONES ...BESOS.

Anónimo dijo...

Me gustan las historias más que las recetas (no soy muy de comer). Podías contar más historias y relacionarlas con alguna comida que se hacía entonces. He disfrutado leyendo esta (conocer protagonistas ayuda...) y espero leer más. Te animo a seguir porque nos entretienes mucho (después de leer comentamos...)Un beso de tu sobrino pegao.